Lo que falta para un Tratado de Libre Comercio con EEUU

Para iniciar negociaciones para estos acuerdos y según el ejemplo de países que ya lo tienen, primero se necesita una gesto de voluntad política en los países. Lo siguiente es la discusión técnica de aspectos legislativos y comerciales, para luego pasar al contenido del tratado. La Comisión Conjunta de Comercio e Inversiones es un mecanismo en ese sentido y su fin original era propiciar ese debate político entre los países.

Esta comisión se creó luego que el ex presidente Jorge Batlle se reuniera con el mandatario estadounidense George Bush en febrero de 2002 y le planteara directamente buscar un acuerdo de este tipo. Batlle dio a esta gestión una importancia vital para la recuperación económica de Uruguay, que ya se deslizaba inevitablemente hacia la crisis financiera más dura de su historia. Un acuerdo de libre comercio implica la ausencia de gravámenes para el ingreso de bienes de un país al otro y viceversa.


Inicio y fin. La comisión conformó grupos de trabajo en aspectos puntuales que debían ser discutidos entre ambos países para eventualmente empezar a discutir el acuerdo comercial: inversiones, comercio de bienes, servicios y comercio electrónico, sanidad y fito-sanidad, y propiedad intelectual, entre otros. Por Uruguay participaban el entonces embajador Hugo Fernández Faingold, Isidoro Dara y Ricardo Nario.

En 2004, fruto de ese trabajo, nació el Tratado de Inversiones, que el gobierno uruguayo modificó y firmó semanas atrás. Otro elemento que surgió fue la actualización de las leyes uruguayas en materia de propiedad intelectual.

Sin embargo, desde la asunción de Vázquez, la comisión no se ha vuelto a reunir ni tiene un delegado nominado por el Ejecutivo, más allá de la representación diplomática encargada de estos temas, confirmaron las fuentes. Al mismo tiempo, en la USTR (sigla en inglés de la oficina encargada del comercio exterior) hubo varios cambios, como la partida de su director Robert Zoellick hacia el Departamento de Estado. Zoellick había prestado especial atención a las relaciones con América Latina.


Año complicado. Alcanzar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos implica la combinación de múltiples factores políticos, técnicos y económicos, pero también del momento en que se inicien las negociaciones. La administración de Bush firmó acuerdos de este tipo con 13 países (Chile, Singapur, Australia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Marruecos, Bahrein, Omán, y en diciembre de 2005 se unió Perú con un tratado de promoción de comercio), y negocia con otros diez.

La apertura de mercados es la principal política comercial hacia el exterior de Bush, y su traducción más clara fue la aprobación del fast-track o vía rápida. Esta ley, aprobada en 2002, permite al Poder Ejecutivo negociar acuerdos comerciales y que luego el Congreso lo apruebe o rechace, sin modificar su contenido.

Tras diez años de negociaciones, Chile logró su TLC en 2003. Ambos países señalaron en diciembre que el comercio entre ambos se había incrementado 80% en dos años. A Perú le costó menos tiempo alcanzar su propio tratado de promoción de comercio.

Sin embargo, este año ofrece sus complejidades. Por un lado la gestión de Bush está con su popularidad en baja, el país está en guerra en Irak y hay elecciones de congresistas, lo cual hace prever que el gobierno se concentrará en su política interna. En este contexto, puede debilitarse la posibilidad de prorrogar la norma de negociación por vía rápida. La Autorización para la Promoción del Comercio se prorrogó dos veces y vence en junio de 2007. A partir de entonces, cada tratado que el gobierno negocie podrá ser modificado por el Congreso.