López Murphy: Uruguay debe ‘aprovechar’ contexto favorable para reducir su deuda; reclamó ‘prudencia

Pocos días después de que el gobierno argentino lograra un acuerdo que evitó una cesación de pagos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), López Murphy opinó que ese episodio se convirtió en un “melodrama” por la “retórica” de la administración del presidente Néstor Kirchner para “disfrazar” lo que a su juicio es un programa económico “extremadamente enérgico y exigente” acordado con ese organismo. “No veo que situaciones como la de la semana pasada ayuden a Argentina”, sostuvo el líder de Recrear-una de los principales fuerzas de oposición en Argentina-y ex asesor del gobierno uruguayo.

Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Búsqueda.

-Argentina estuvo la semana pasada al borde de la cesación de pagos con el FMI pero un acuerdo evitó un posible default. ¿Eso despeja la incertidumbre sobre Argentina y la región?

-En realidad lo que hizo Argentina fue cumplir con lo que estaba establecido y lo que venía haciendo, y eso es positivo. No había excusas (para el default) como hubo en el pasado y si no se cumplía el retorno a la normalidad era muy complejo.

Desgraciadamente la retórica, el melodrama que se armó, convirtió todo esto en una gran preocupación.

-¿Dice que hubo una inquietud desmedida sobre el posible incumplimiento con el FMI?

-La retórica fue muy subida de tono. Finalmente eso no ocurrió, y eso es mejor que si hubiera sucedido. Pero mejor habría sido aún que Argentina hubiera cumplido normalmente como hacen otros países; no veo un melodrama trimestral ni en Uruguay, ni en Brasil, ni en México ni en Perú. No veo que situaciones como la de la semana pasada ayuden a Argentina.

-Hay analistas que consideran que el presidente Kirchner se fortalece políticamente con esos tironeos con el FMI. ¿Comparte esa visión?

-Olvídese del doble lenguaje al que es tan afecto el gobierno argentino. Cuál es la verdad: se firmó el acuerdo más severo de la existencia de relaciones-de Argentina con el Fondo, se firmó el superávit primario más alto y se comprometió a subirlo. Es un programa extremadamente enérgico y exigente, que implica un grado de disciplina estructural como no hubo nunca. La retórica para disfrazar eso es muy fuerte. Se puede engañar a algunos un tiempo y a pocos mucho tiempo, pero engañar a todos todo el tiempo no se puede.

-¿Cree que la estrategia argentina puede beneficiar de algún modo a Uruguay, que concretó en 2003 un canje de deuda “amigable” y se presenta frente al mundo como un país con voluntad de pago?

-Hay una ventaja objetiva, no sólo de Uruguay, sino de Brasil y otros países: tiene un horizonte y tiene razonablemente determinadas las políticas. En cambio, Argentina lleva 27 meses en cesación de pagos y no se firmó un decreto para nominar un comité de bancos para que haga la logística de la reestructuración de esa deuda. ¿Se da cuenta de la magnitud del problema? En ninguno de los otros países que han tenido dificultades – como Rusia, Ecuador o Pakistán-ha ocurrido esto. La nuestra es la demora más grande, lo que tiene un costo, que es que haya una dosis enorme de incertidumbre hacia el futuro que se amplía con el melodrama trimestral (por la amortización de créditos con los organismos multilaterales).

En una situación que era más compleja que la argentina, Uruguay hizo una transformación de su deuda en términos muy favorables y en tiempo récord, y no afectó institucionalmente todos sus mercados, como lo hizo Argentina. ¿Cuánto tiempo vamos a estar obsesionados en discutir en Argentina un punto que debía ser marginal de la agenda? Los otros países, como Uruguay, enfrentaron los temas principales en forma más clara y con más futuro.

-Sin embargo, algunos expertos independientes y de la izquierda opinan que el problema de la deuda para Uruguay no está resuelto.

-Si me dice que en Brasil hay un problema fiscal y de deuda delicado, digo que no me cabe duda. Está gastando más de 10 puntos del Producto Bruto Interno (PBI) en intereses, lo que refleja un problema muy serio. En Uruguay el gasto en intereses es menor, de 6% del PBI. Hay un problema, no menor, que depende de las circunstancias que enfrentemos. Todos estos países que han tenido políticas fiscales con desequilibrios sistemáticos y acumularon deuda tienen un problema muy difícil de manejar que es esa deuda y no es un escenario sencillo. Pero con las circunstancias internacionales – con debilitamiento del dólar, tasas de intereses muy bajas en esa moneda, alza del precio de los commodities y expansión económica mundial bajo el influjo central de dos países con enorme población como la India y China- esperaría que produzca un crecimiento favorable a nuestra región. Con políticas adecuadas, deberíamos aprovechar esa circunstancia para reducir el endeudamiento en forma tendencial y clara. Eso se logra con crecimiento económico y equilibrio presupuestal.

-La historia indica que en Uruguay los desequilibrios fiscales aumentan en los años electorales. ¿Cree que eso cambiará ahora?

-Espero que la misma prudencia que le ha permitido a Uruguay cabalgar crisis muy difíciles permita nuevamente actuar con mesura.

No veo que Argentina se vaya a meter en una orgía de gasto, porque pensar eso sería subestimar a Kirchner. El problema es que no resuelve los problemas para volver a cierta normalidad jurídica, y no que este gobierno vaya a crear nuevas dificultades con políticas demagógicas. Si Argentina hiciera una fiesta monetaria y fiscal, esto duraría muy poco.

Los problemas que hay en la zona son más complejos que lo electoral. Salvo que se crea que haya propuestas muy contradictorias con las reglas de equilibrio.

-¿Piensa que no es así? En Uruguay la izquierda ha hecho propuestas que generan dudas sobre el manejo fiscal y no hay una definición contundente sobre la deuda con los organismos internacionales.

-No voy a referirme a problemas de Uruguay. En general parto de la base de que la situación que tenemos es lo suficientemente delicada como para que seamos prudentes. En Brasil, el presidente Lula hizo un enorme esfuerzo el año pasado y aún tiene dificultades. Quiero decir: con políticas prudentes hay enormes dificultades, y no quiero ni pensar qué ocurriría si se aplican políticas imprudentes.