Los jóvenes al firme en el país de la Revolución

El problema es el Contrato Primer Empleo (CPE) ratificado por el Parlamento francés que pretende reducir el desempleo rampante entre los recién graduados, pero que es percibido por los estudiantes como una medida que aumentará la precaria situación laboral y la arbitrariedad en los despidos.
Las manifestaciones y los paros en universidades y liceos se suceden a lo largo y ancho del país desde hace 15 días, y en las protestas por la próxima implementación del CPE se infiltran otros reclamos que van desde derechos para los inmigrantes hasta una oportunidad para realizar actos de vandalismo.

Miles de alumnos de centros de secundaria franceses volvieron a manifestarse ayer en varias ciudades y bloquearon cientos de establecimientos para denunciar el nuevo contrato laboral aprobado por el gobierno. La principal federación de estudiantes de secundaria, la FIDL, afirmó que la cuarta parte de los 4.370 centros de este tipo estaban bloqueados por opositores al CPE. En París, 28 de los 110 centros de secundaria –el doble que la víspera– estaban afectados por la movilización juvenil y la mitad de las universidades no funcionaban con normalidad.

En Savigny-sur-Orge, ciudad próxima a la capital, hubo enfrentamientos entre cientos de estudiantes y agentes de las fuerzas del orden.


Mirada uruguaya. El embajador uruguayo en París, Héctor Gros Espiell, dijo a El Observador que cree que el primer ministro francés Dominique de Villepin puede llegar a modificar el proyecto de ley como “fruto del diálogo” con los estudiantes. “Pero no retirarlo”, aclaró.

El diplomático indicó que se llegó a la hora de los contactos, que se arribó al momento de poner los puntos de vista sobre la mesa. “Después de las manifestaciones del sábado, donde se congregaron más de un millón de personas en toda Francia, se está en una etapa de contactos y diálogos. El gobierno manifestó que está dispuesto a dialogar sobre las propuestas de los estudiantes y estaría dispuesto a modificar el proyecto de ley. Pero hasta ahora no ha mencionado retirarlo”, afirmó.


Opinan desde las aulas. Michel Pesok, un uruguayo licenciado en Comunicación que vive en Orleáns –a una hora de tren de París–, afirmó a El Observador que: “La cosa está complicada y bastante salada”. Trabaja en dos colegios del barrio más problemático de la ciudad, el Argone, donde han ocurrido las manifestaciones de violencia más importantes de los últimos meses.

“Los más descontentos son los jóvenes que no trabajan aún. Mis alumnos están enojados; es que se trata de un contrato desfavorable para ellos, se parece más una pasantía. No da estabilidad laboral”, aseguró acerca del CPE.

El docente uruguayo sabe que la ley terminará por aplicarse, con o sin modificaciones.

“Los jóvenes están reenojados, pero no son conscientes de que protestando así no van a cambiar las cosas, por más presión que hagan. Ya hay ejemplos del pasado. Se debe pedir una modificación, porque a la ley no la retirarán”.

María Muniz, una uruguaya de 24 años que vive en la ciudad de Burdeos y también es docente, comentó que en estos días ha percibido “mucho movimiento” a raíz del descontento por la reforma laboral. Los paros “se sienten bastante, está todo el mundo muy movilizado”, dijo, hasta el punto de que en su ciudad no hay clases ni martes ni jueves ni sábados.

Muniz explicó que vivir de cerca estas movilizaciones –el sábado pasado fue a mirar las marchas en el centro de la ciudad, y vio desde abuelos hasta niños de siete años, banderas de asociaciones de padres, grupos de profesores– la hizo reflexionar. “Uno cree que en Europa es todo fantástico, y al fin y al cabo las cosas están bastante parecidas” a Uruguay, comentó. “Un país que tiene todo, no funciona tan bien como parece”, apostilló.

Coincidió con otros uruguayos consultados en que la mayoría de la gente está en contra del CPE. Sin embargo, Muniz percibió que algunos universitarios ya quieren volver a las aulas: “Está complicado; los que quieren estudiar igual están en contra”.

En cuanto a la figura de De Villepin, Muniz percibe “mucho rechazo, y a Nicolas Sarkozy (ministro del Interior) en especial”. Por último, la uruguaya comentó que cree que esta crisis hace que los franceses se preocupen por el futuro político del país. “Se tiene mucho miedo que estos disturbios acaben dándole el poder a la extrema derecha en las elecciones de 2007”, opinó.

Mercedes Storm, una joven uruguaya que trabaja en un liceo de Verneuil, a unos 100 kilómetros de París, relató a El Observador que en ese pequeño pueblo de Normandía no hay grandes manifestaciones ni autos que se queman, pero: “La mitad o más de la mitad de los alumnos no viene a clases, y los que vienen no quieren trabajar”. “Les pedí a los alumnos que me explicaran qué era el CPE, y resultó que ninguno estaba de acuerdo con la ley”, comentó. Storm agregó muy segura que en sus aulas, al premier De Villepin “lo odian todos los alumnos; a (Nicolás) Sarkozy lo detestan, definitivamente”. De todas formas, percibe que los paros se prestan para que muchos, que tienen entre 15 y 17 años, “aprovechen para faltar y pasarse la tarde entera sin hacer nada”. Los mayores, precisó, “sí están más comprometidos con el paro”.

En la sala de profesores se comenta día a día cuántos alumnos faltaron a clases, y Storm –que estudió Medicina en Uruguay– opina que los docentes “son iguales que en Montevideo: todos a favor de la huelga. Incluso les dicen a los alumnos que van a clases que se solidaricen con los que paran, porque si falta sólo la mitad no sirve”.


Huelga en serio. La tentación a comparar la situación con el Mayo francés de 1968 está en el aire, pero Pesok no llega a tanto. “No me animaría a comparar esta manifestación con el ‘mayo francés´ de 1968”, aseguró. Pero “los franceses, que no son mucho de manifestar, cuando lo hacen lo hacen en serio”.

Las protestas cobraron fuerza cuando los estudiantes tomaron la emblemática Universidad de la Sorbona, que permanece cerrada en estos días. Los estudiantes “ocuparon la Sorbona, la universidad por excelencia de Francia, un símbolo, un emblema. Esta ocupación quiere decir mucho dentro del problema que se ha generado por el CPE” remató Pesok.

Gros Espiell no dejó de reconocer que la situación en la sociedad francesa dista del ideal. “La reflexión es que la situación social es tensa”. Pero diferenció entre los pacíficos y los que no lo son tanto. “Hay que distinguir entre la oposición al proyecto de ley, algo que es lícito, y la violencia que ha surgido, especialmente al término de las manifestaciones. Lo que demuestra que hay grupos interesados en el ejercicio de la violencia. Se encuentran grupos de extrema derecha y extrema izquierda que aprovechan la situación para realizar actos de vandalismo”, dijo el embajador uruguayo. (Redacción, con AFP y EFE)