Los primeros pasos del nuevo Papa BENEDICTO XVI

El pontificado de Benedicto XVI comenzó oficialmente ayer, con una multitudinaria y festiva misa al aire libre en la que el Papa pidió la ayuda de los católicos y fue objeto del cariño de los 350.000 fieles reunidos para la ocasión.

La plaza de San Pedro del Vaticano se colmó de visitantes muchas horas antes del inicio de la solemne ceremonia, a las 10 horas locales.

En el lugar se habían colocado 40.000 sillas y acotado un espacio para alojar a las 140 delegaciones oficiales, entre las que figuraban las encabezadas por unos 40 Jefes de Estado y de gobierno.

HOMILIA. La Misa solemne de inicio de papado sustituye a la de coronación e imposición de la tiara, abolida en el Pontificado de Pablo VI (1963-1978). Benedicto XVI quiso darle un fuerte valor simbólico para resaltar la dimensión «petrina» (de Pedro) de su ministerio; la homilía fue larga —duró tres horas— y densa de significados.

El rito estuvo basado en lo previsto en la reforma del Concilio Vaticano II y en modos milenarios. Comenzó con la bajada de Benedicto XVI a la Tumba de San Pedro, en las Grutas Vaticanas, para orar ante el Apóstol junto a los patriarcas de las iglesias orientales.

Después, en procesión, todos se dirigieron hacia el atrio de la basílica de San Pedro, en cuyo balcón central colgaba un gran tapiz, que representaba la pesca milagrosa y a Jesús hablando con Pedro.

Allí, Benedicto XVI, que portaba una casulla de color dorado que usó Juan Pablo II, dio la misa que inaugura su pontificado.

Desde el comienzo señaló que su objetivo no era «presentar un programa», apuntando que algunos rasgos de lo que será su tarea ya los expuso el 20 de abril. Ese día, pocas horas después de ser elegido Papa, Joseph Ratzinger ofició su primera misa en la Capilla Sixtina, en la que pronunció un brillante discurso, toda una declaración de principios, donde se comprometió a proseguir el trabajo trazado en el Concilio Vaticano II, a promover la unidad de los cristianos y el vínculo con otras religiones, y a trabajar por la paz en el mundo.

En esta ocasión su alocución tuvo en cuenta algunos de esos elementos; por ejemplo, evocando el trabajo de acercamiento interreligioso de Juan Pablo II, dirigió al comienzo de la homilía un «cariñoso saludo» a «todos los hombres, creyentes y no creyentes», haciendo referencia a los judíos como «hermanos y hermanas» con los que los cristianos «comparten una gran herencia espiritual común»

Sin embargo, su discurso se centró más bien en un tono cercano, humilde y afectuoso, en elementos pastorales.

CARIÑO. Las exclamaciones de alegría fueron un acompañámiento presente durante todo el evento. Las primeras se produjeron cuando en las pantallas pudo verse la imagen del nuevo Papa, pero la multitud irrumpió verdaderamente en vítores y aplausos cuando el Papa, acompañado en procesión por el colegio cardenalicio, apareció en el sagrario de la Basílica de San Pedro: los aplausos interrumpieron la homilía en más de 30 ocasiones.

Los vítores arreciaron en diversos momentos clave de la ceremonia, como cuando el Papa recibió el palio del cardenal protodiácono, el chileno Jorge Arturo Medina Estévez, quien también fue el encargado de presentarle al mundo el 19 de abril pasado, luego del cónclave que lo eligió.

La misma escena se repitió cuando el secretario del Vaticano, el cardenal Angelo Sodano, impuso a Benedicto XVI el «anillo del pescador», con la imagen de San Pedro tirando las redes, símbolo del poder para el rito católico.

La ovación más larga, de varios minutos, tuvo lugar al final de la homilía; el Papa, visiblemente emocionado, alzaba las manos al cielo como señal de saludo a los presentes.

Tras la misa se produjo el momento más esperado, cuando el Santo Padre subió a un vehículo descubierto que lentamente le transportó a través de la plaza, en un recorrido que previamente había sido marcado con barreras protectoras.

Tras la ceremonia el Papa regresó a la Basílica, en donde saludó personalmente a los integrantes de las delegaciones oficiales presentes en la ceremonia. Reyes y reinas, príncipes, jefes de Estado, presidentes y ministros del mundo entero saludaron personalmente a Benedicto XVI en el comienzo oficial de su reinado sobre la grey católica.