Luego de festejar, Evo Morales enfrenta retos internos y externos.

El haber ganado en primera vuelta, hecho aún no confirmado por cifras oficiales y sí por proyecciones de empresas privadas, adelantó más de lo previsto los ecos del día después. Muchos de ellos provenientes del propio empresariado boliviano, de las centrales sindicales y del extranjero, sobre todo de los países con empresas instaladas en Bolivia.

A priori, el país andino viró hacia la izquierda con el triunfo de Morales, líder cocalero, indígena y candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS). De firmes postulados antineoliberales y antiestadounidenses, el futuro inmediato del país presagia el fin del modelo económico existente desde 1985.

«Empieza la nueva historia de Bolivia», proclamó el líder cocalero en un discurso desde Cochabamba poco después de los comicios presidenciales en que todas las proyecciones lo dan como ganador con un porcentaje aproximado de votos del 51%. De esta manera, obtiene la mayoría absoluta y le ahorra al Congreso elegir al mandatario entre los dos candidatos más votados.

Incluso si se diera esta instancia, las proyecciones le dan a Morales 78 de los 157 legisladores en el Parlamento. Esta base prácticamente impide otra posibilidad distinta a la asunción del líder cocalero.

Si Morales cumple sus promesas electorales de cambio cuando asuma el 22 de enero, representaría el fin del modelo neoliberal boliviano. Sin embargo, los sectores empresariales y conservadores no presentaban ayer una desmedida alarma.

«Aguardamos, veremos cómo se desenvuelve la situación. No hay que apresurarse sino esperar las primeras decisiones del nuevo presidente, hay muchas cosas que todavía debemos esperar», reaccionó con cautela el dirigente empresarial Lorgio Balcázar, representante de la élite de Santa Cruz, la región oriental y motor del desarrollo económico boliviano.

Implantado en 1985, el modelo de libre mercado generó, según opiniones coincidentes de analistas, enormes bolsones de pobreza y condiciones de injusticia social que podrían explicar eventualmente la amplia victoria electoral alcanzada por Evo Morales, perteneciente a una depauperada etnia quechua-aymara.

RECURSOS. La nacionalización de la producción de hidrocarburos y la explotación por parte del Estado de sus recursos naturales había sido uno de los principales caballos de batalla de Morales durante su campaña electoral. Durante su primera rueda de prensa como virtual presidente de Bolivia, el líder cocalero ratificó ayer que «no confiscará ni expropiará» los bienes de las petroleras y que recuperará la propiedad de los hidrocarburos para los habitantes de su país.

Sin embargo, no especificó en que variará su política respecto de la nueva ley de hidrocarburos, de mayo, que reconoce claramente que esos recursos son de propiedad del Estado tanto en el subsuelo como en boca de pozo. Tampoco hizo mayores precisiones respecto de las relaciones que establecerá su eventual gobierno con las petroleras.

Al respecto, Morales recibió ayer un ulimátum hasta abril para cumplir sus promesas electorales por parte de la radical y poderosa Central Obrera Boliviana (COB).

«La primera acción de Morales debe ser nacionalización sin indemnización y para eso no se necesita ir a consultar a Washington o con el presidente de Brasil, sino simplemente aplicar el mandato de la Constitución», advirtió Jaime Solares, líder de la COB. «Que no me vengan a decir que necesitan estar un año, dos años ni siquiera seis meses para abordar el tema», amenazó el gremialista, otrora compañero de Morales en las luchas sociales que tumbaron a los presidentes Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003, y precipitaron la renuncia de Carlos Mesa en junio pasado.

Las 26 firmas extranjeras presentes en Bolivia también están alertas. Los medios españoles reflejaron la preocupación de la empresa Repsol—YPF (que ayer experimentó una baja en sus acciones), que controla el 25,7% de la producción de gas en el país andino. Por su parte, el grupo Total de Francia, cuya parcela de explotación alcanza el 15%, reconoció «seguir de cerca» el proceso electoral pero se abstuvo de emitir comentarios. En Brasil, un editorial de O Globo calificó el triunfo de Morales como una «amenaza gravísima» a los intereses de la estatal Petrobras.

RETOS. La cuestión de los hidrocarburos distan de ser el único problema para el futuro presidente. Responder a las expectativas de los sectores más pobres del país y manejar su difícil relación con Estados Unidos son otros dos grandes desafíos para Evo Morales.

La falta de credibilidad de las instituciones —que ayudó a fomentar Morales durante su rol como opositor— es uno de los primeros retos y puntos de acción que debería encarar el nuevo gobernante, según dijo a El País el gerente general de Equipos Mori. Bolivia, José Luis Gálvez (ver nota aparte).

«Va a estar en el centro de una gran contradicción entre las exigencias de una sociedad globalizada con reglas de juego, y la presión de su propia gente por las expectativas que ha generado durante todos estos años y que le puede cobrar la factura», afirmó el analista Cayetano Llobet.

A las expectativas internas se les suma la presión externa. Estados Unidos ya dejó claro que el problema con Morales no es ni su discurso antiimperialista ni su relación con Chávez, sino la forma de encarar la lucha antidrogas.

Morales habla de «cero narcotráfico y cero cocaína». Pero también sostiene un postulado contrario a los intereses estadounidenses: «la hoja de coca debe ser legal».