Lula da Silva y Kirchner cortaron por lo sano

En los últimos días, los presidentes de Brasil y Argentina debieron actuar con celeridad para aplacar las consecuencias y los posibles costos políticos de los casos de corrupción que han salpicados a sus administraciones. Cortaron por lo sano y barrieron a quienes tenían que barrer o –al menos– aceptaron que se fueran rápido, como sucedió con el ministro brasileño de Energía o el subsecretario argentino de Planificación, éste último señalado en el caso de las coimas pagadas por la constructora sueca Skanska.
El martes el presidente Luiz Inácio Lula da Silva le aceptó la renuncia a Silas Rondeau, titular de Energía –ministerio clave en el actual gobierno brasileño–, acusado de haber recibido una coima. Según la prensa de Brasil, la Policía lo investiga por supuestamente obtener en marzo 100.000 reales (unos US$ 51.000) gracias a un soborno de una empresa privada de construcción que quería ganar una licitación para un tendido eléctrico en el estado de Piauí, en el noreste del país.

Cuando los medios de comunicación esparcieron la noticia por el vasto país, Lula –ni lerdo ni perezoso– movió los hilos para apartar de la crisis a su gobierno. Además de aceptar la renuncia de Rondeau, se desenvolvió de tal manera que se colocó por encima de la situación.

“El presidente Lula lo ha manejado muy bien (…). A diferencia de lo que pasó en el primer mandato, ahora actuó más rápido. Se dio cuenta que no valía la pena defender a un ministro que no era cercano a él”, aseguró a El Observador Denis Rosenfield, profesor de ética política de la Universidad Federal de Río Grande del Sur.

“Lula mostró agilidad y con eso consiguió apartar la crisis de él”, dijo a Associated Press Cristiano Noronha, analista de la firma consultora Arko Advice.

En su primer mandato (2004-2006), Lula demoró meses en aceptar la renuncia de viejos amigos y colaboradores como su ministro de Hacienda, Antonio Palocci, y su jefe de gabinete, José Dirceu, que finalmente debieron salir del gobierno en medio de escándalos de corruptelas y ante la presión de un Congreso literalmente paralizado investigando las denuncias.

Rondeau clamó por su inocencia, pero para facilitar las cosas decidió dejar la cartera de Energía. En este sentido también resultó ser beneficioso para el mandatario brasileño, sobre todo, ante el público. “En la opinión pública queda que el presidente Lula hace algo (al no oponerse a la renuncia del ministro) y que nada tuvo que ver con la corrupción”, agregó Rosenfield. El profesor universitario aseveró que Lula, gracias a que es “un líder carismático”, ha logrado sortear cada caso de corrupción cercano a su gobierno y añadió que en dos meses nadie se acordará sobre el suceso que implicó al ahora ex ministro de Energía. Aunque hizo una salvedad: “Las instituciones brasileñas no quedan fortalecidas con esto; es mucha la corrupción que aparece”.


Caso Skanska. El presidente Néstor Kirchner fue otro que tuvo que actuar para apaciguar las consecuencias políticas que pudieran tener el caso Skanska, aunque demoró un poco más que su colega brasileño. Incluso, en abril había dicho que el tema era cosa de privados. La semana pasada Kirchner despidió a Fulvio Madaro, titular del Ente Nacional de Regulación del Gas (Enargas), y a Néstor Ulloa, gerente general de Fideicomisos del estatal Banco de la Nación Argentina, después que un fiscal federal informara que ambos serían citados por la Justicia. En tanto, el martes el subsecretario de Obras Públicas de Argentina, Raúl Rodríguez, renunció luego de ser implicado en la investigación por supuestos pagos de sobornos de la empresa constructora sueca Skanska a funcionarios para la adjudicación de proyectos de construcción.

A tiempo o destiempo, la cuestión es que el mandatario argentino quiso rebajar cualquier costo político justo en un año electoral. “Probablemente el tema de los fondos de Santa Cruz en Suiza (que Kirchner retiró de Argentina antes del corralito) sea más relevante, pero Skanska ha tenido más cobertura en los medios, una acción de la Justicia más independiente y mayor predisposición de la opinión pública a seguirlo”, aseguró a El Observador, Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Nueva Mayoría de Buenos Aires.

Para el analista político, la credibilidad de Kirchner se vio afectada tras dos meses de crisis por el Skanska-gate, y no tuvo más remedio que desprenderse de estos funcionarios para aplacar los ánimos. De todas maneras, no habrá oposición que pueda sacar partido de este escándalo y logre quitarle la victoria al oficialismo en los próximos comicios.

“Probablemente, el caso Skanska no impedirá que el oficialismo venza en las elecciones presidenciales del 28 de octubre. Ello sucedió en Brasil, cuando un caso de corrupción que afectó a Lula no le impidió su reelección el año pasado, cuando obtuvo el 60% de los votos”, concluyó Fraga.

El último coletazo de este caso resultó ser la imputación de un juez argentino a una decena de ex directivos de la constructora. Este suceso, que promete con seguir por un buen tiempo, tiene varios implicados. (En base a información de agencias)