Lula le gana el pulso a la izquierda e impone reforma

La reforma, la más polémica de las que presentó a las cámaras el líder socialista y similar a las que causan protestas en distintos países de Europa y América Latina, fue aprobada el jueves por el Senado con 51 votos a favor y 24 en contra, y quedó lista para su promulgación.

Según el gobierno, es el primer gran paso en su intención de poner orden en un sistema de seguridad social que puede terminar este año con un déficit cercano a los 10.000 millones de dólares.

El texto sufrió diversas modificaciones durante los 255 días que duraron las discusiones en la Cámara de Diputados y el Senado, y hasta provocó rupturas en el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) y un principio de huelga de empleados públicos, que se desinfló en cuestión de días.

La reforma fue rechazada sobre todo por los grupos y partidos de la izquierda marxista, que le plantearon a Lula el primer gran reto «ideológico» desde que está en el gobierno.

El mandatario, que igual que su partido se había opuesto a unas reformas similares propuestas por su antecesor, Fernando Henrique Cardoso, fue acusado abiertamente de «traidor» y de claudicar una vez que llegó al poder.

Esos grupos contrarios a la reforma le abuchearon donde pudieron, pero distintas encuestas coincidieron en que esas protestas no eran más que la expresión de una minoría.

De acuerdo a los sondeos de opinión, la reforma contaba con el apoyo de entre el 75 y 80% de los brasileños.

Lula respondió siempre con el déficit del sistema de seguridad social por delante y con su intención de poner orden en un régimen de pensiones que, hasta ahora, permitía a los hombres jubilarse con 53 años y a las mujeres con 48, límites que ahora han sido elevados en siete años.

También fueron modificados los techos para las pensiones de los funcionarios, que en algunos casos podían llegar a jubilarse con sus salarios íntegros y hasta equivalentes a unos US$ 9.000, como ciertos magistrados del poder judicial.

La aprobación de esta reforma, además de llevarse por delante a los grupos y partidos marxistas, también parece estar conduciendo a una inmediata y pequeña ruptura en las filas del PT.

El próximo sábado, en una reunión de su dirección nacional, el partido discutirá la situación de tres diputados y una senadora que votaron contra la reforma.
La pena para esa ruptura con la disciplina partidista parece estar tomada y no es que otra que la expulsión.

Al menos así lo han planteado ya importantes miembros de la dirección nacional del PT, como el propio presidente del partido, José Genoino, y la influyente alcaldesa de Sao Paulo, Marta Suplicy.

De llegar a ese extremo, quedarían fuera del partido de gobierno los diputados Luciana Genro, Joao Fontes y Joao Batista de Araújo «Babá», así como la senadora Heloísa Helena.

Anticipándose a la casi segura expulsión que se decidirá el fin de semana, los cuatro parlamentarios han adelantado su intención de afiliarse al Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU).

Esta fuerza marxista sin representación parlamentaria nació en 1990, producto de una de las tantas purgas que ha tenido el PT desde su fundación, hace dos décadas, y en las elecciones que ganó Lula el año pasado postuló a la presidencia a José María de Almeida, que obtuvo el 0,47% de los votos.

(EFE)