Lula ordenó investigar la pista Congonhas

El presidente de la aerolínea, Marco Antonio Bologna, confirmó ayer que son nulas las posibilidades de que algunas de las 186 personas que viajaban en el avión -entre pasajeros, tripulación y personal de la empresa-, en un vuelo interno entre Porto Alegre y San Pablo, hayan sobrevivido.

Tras intentar aterrizar en una pista considerada húmeda y corta, el avión sobrepasó la verja del aeropuerto paulista de Congonhas, cruzó la avenida Washington Luis, y se incrustó contra un edificio de almacenamiento de la propia Tam y una estación de gasolina.

El infierno de llamas, que superó los 1.000 grados Celsius, causó la muerte a varias personas que estaban en tierra, entre tres y quince, según las distintas fuentes, lo que ya basta para convertir el incidente aéreo de este Airbus JJ 3054 en el peor de América Latina. Hasta el momento, se habían retirado 175 cadáveres, completamente carbonizados, del lugar de la tragedia. Se da por cierto que el balance final será peor y superará largamente las 200 víctimas.

El Consulado de Uruguay en San Pablo, al que llegó un listado de pasajeros de Tam, dijo a El País que no habían uruguayos entre las víctimas. En cambio murieron un argentino, un peruano y un austríaco.

INVESTIGACIÓN. La «caja negra» del avión fue encontrada en la madrugada de ayer y enviada a Estados Unidos. Se calcula que en 30 días se sabrá qué causó el accidente, más allá que ya comenzaron a tejerse algunas hipótesis.

Si bien las autoridades, tanto de la empresa como las aeronáuticas, sostuvieron que la terminal y el avión estaban en condiciones de operar, la pista de Congonhas estaba siendo reformada para tornarla más segura.

La pista estaba mojada y, según Infraero -entidad estatal que controla el tránsito aéreo civil en las principales terminales del país- si bien las obras habían concluido el 29 de junio, recién el 25 de julio se iban a trazar los «grooving», ranuras que permiten que corra el agua y faciliten la adherencia del tren de aterrizaje. Según la normativa, si las lluvias superan los tres milímetros de agua acumulada la actividad es suspendida.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ordenó ayer la apertura de una investigación policial para establecer si el aeropuerto tenía condiciones de seguridad para operar un día como el martes, y si algún organismo público tiene responsabilidad en la tragedia.

El lunes, un día antes de la tragedia, un avión de la compañía local Pantanal había derrapado en la pista principal, sin que el incidente pasara a mayores. El fatídico martes, según expresaron pilotos de línea, la pista estaba «lisa y resbaladiza como un jabón».

Según las primeras investigaciones, el piloto del avión no habría podido frenar durante el aterrizaje e intentó doblar y volver a despegar, sin suerte.

CONTEXTO. La tragedia ocurre en un momento de crisis en la aeronáutica de Brasil, iniciada con otra mortífera catástrofe en la Amazonia, el 29 de septiembre de 2006, cuando un avión de la compañía Gol chocó en vuelo con un jet ejecutivo y se desplomó a tierra, matando a las 154 personas a bordo.

De alguna manera, este hecho destapó la hipercongestión de un sistema que mueve a 118 millones de personas al año, agravada por el cierre de la compañía Varig en julio de 2006, que dejó el 30% del mercado a otras empresas no preparadas para asumirlo.

Desde entonces, los problemas aéreos han estado en primera fila, con paralizaciones y caos en los aeropuertos, cancelaciones y demoras de vuelos, huelgas de los controladores aéreos (en reclamo de mejoras laborales, de seguridad y de dejar de estar sometidos al control militar) e investigaciones en el Congreso.