Lula quiere ‘osadía y coraje’

Sin embargo, las palabras de Lula llegan en tiempos en que el Mercosur pasa un momento difìcil debido a las asimetrías entre los países grandes y los pequeños, así como por otros conflictos como el que enfrenta a Argentina y Uruguay por la instalación de plantas de celulosa en territorio oriental.

“Brasil asocia su destino económico, político y social al del continente, al Mercosur y a la Comunidad Sudamericana de Naciones”, afirmó.


Destrabar el crecimiento. En su alocución ante el Congreso, Lula, un ex líder sindical de 61 años, dijo sentirse “igual, en el ímpetu y el coraje de actuar”, que al asumir hace cuatro años, aunque “diferente en la experiencia acumulada”.

“Soy diferente, pues sin renegar de la paciencia y la persistencia que preconizo, quiero pedir hoy, con todo énfasis, prisa, osadía, coraje y creatividad para abrir nuevos caminos”, afirmó.

Lula se propone ahora “destrabar” el crecimiento de Brasil. Pero quiere hacer eso manteniendo el rigor monetario y su compromiso con la mejora de los sectores más pobres, que le aseguraron una contundente reelección en octubre pasado.

Lula recordó que durante su primer mandato se logró controlar la inflación, crear millones de empleos e implantar planes sociales que llegan a millones de pobres.

Sin embargo, la tasa de crecimiento de la economía de Brasil, por debajo del 3%, está entre las menores de Latinoamérica por lo que una de las incógnitas ante el nuevo gobierno es cómo logrará hacer despegar ese crecimiento.

Lula ya ha dicho que en enero anunciará ante el país un paquete de medidas económicas y proyectos de desarrollo de infraestructura para ser ejecutados en los próximos años y que para ello pedía la contribución del Poder Legislativo.

“Sé que el crecimiento, para ser rápido, sustentable y duradero, tiene que hacerse con responsabilidad fiscal. En eso no aflojaremos, de manera alguna”, precisó. “Nuestro gobierno nunca fue ni es ´populista´. Este gobierno fue, es y será popular”, proclamó.


Las críticas. Los opositores del derechista Partido del Frente Liberal, con mayoría en el Senado, calificaron el discurso oficial de Lula como “mediocre”.

“Fue un discurso vacío y sin contenido…crecer (económicamente), pero ¿crecer cómo?…inversión pública, pero ¿de dónde viene el dinero?”, dijo el diputado José Carlos Aleluia, del PFL y jefe de la bancadas de los grupos minoritarios en el Congreso.


Una pesadilla. En su discurso, Lula puso enfasis en la seguridad, que se convirtió en una pesadilla tras los sangrientos ataques llevados a cabo en 2006 por grupos mafiosos contra pobladores y organismos públicos de Rio de Janeiro y San Pablo.

“Eso es terrorismo y tiene que ser combatido con una política fuerte y con la mano fuerte del estado brasileño”, proclamó.

Lula debe anunciar en las próximas semanas la composición de un gobierno de coalición, en el se prevé que gane espacio el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), en detrimento de su Partido de los Trabajadores (PT, izquierda).


Ceremonia sencilla. En esta oportunidad, el mandatario optó por una ceremonia sencilla, que contrastó con la de 2003, cuando dignatarios de todo el mundo llegaron a Brasil y cientos de miles de personas celebraron en todo el país la asunción del primer presidente de origen obrero.

El Palacio de Planalto, sede del gobierno, invitó a unas 1.800 personalidades oficiales.

La lluvia que cayó sobre la ciudad durante toda la mañana, cedió en las primeras horas de la tarde permitiendo que Lula hiciera el tradicional recorrido de los presidentes brasileños: un desplazamiento desde la catedral hasta la sede del Congreso a bordo de un Roll-Royce negro descapotable.

Ante el Congreso, Lula recordó su historia de hombre curtido en la pobreza pero reconoció que todo eso no alcanza para salir altivo de su mandato, que no podrá prolongarse, pues la Constitución impide gobernar más de ocho años seguidos.

A la salida del Congreso, Lula escuchó una salva de 21 cañonazos, pasó revista bajo una suave llovizna a una guardia militar de honor de impecable uniforme blanco y se dirigió en auto al palacio presidencial, a una cuadra de distancia.

La lluvia pareció desanimar a muchos para congregarse frente a la sede del Poder Legislativo y el Palacio de gobierno, donde se observaban cientos de personas y no la compacta masa de 200.000 brasileños de la primera ceremonia de toma de juramento, el 1° de enero de 2003.

“Quiero mirar a la cara de cada hombre y de cada mujer y decirles: yo y el compañero José Alencar (vicepresidente) si fuera necesario daremos nuestra vida para que podamos cumplir cada palabra y cada compromiso que asumimos”, dijo Lula. (En base a AFP, AP y EFE)