Lula sueña reformas y crecimiento económico

Hoy Lula afronta el desafío de poner finalmente a su país en la senda del crecimiento económico estable. Si alguna vez se dudó de su triunfo, un mes después del balotaje el mandatario ostenta una popularidad del 71%, según Ibope.

Otro sondeo, de Datafolha, reflejó el 17 de diciembre que Lula es «el mejor presidente de la historia» para el 35% de los brasileños, superando por mucho a Fernando Henrique Cardoso y Juscelino Kubitschek.

futuro. Al firmar ayer un acuerdo para un nuevo salario mínimo, Lula afirmó que en su próximo gobierno hará «cosas nuevas«, como discutir reformas clave al sistema de previsión social.

Lula postergó hasta enero la presentación de un conjunto de medidas económicas, argumentando que tenía que ser «perfeccionada«, luego de un «amplio debate» entre todos los actores.

Contra la recomendación de sus técnicos del Ministerio de Hacienda, Lula pactó el 21 de diciembre con los sindicatos un ajuste que eleva 8,5% ó de 350 reales a 380 reales (162 dólares a 176 dólares) el salario mínimo mensual a partir del 2007.

Como en Brasil los beneficios que reciben 15,8 millones de jubilados están vinculados al aumento del salario mínimo, el Ministerio de Hacienda había propuesto un ajuste menor, de 367 reales (170 dólares), porque así podía reducir el impacto sobre el ya abultado déficit en el sistema de previsión social, según había dicho el ministro de Hacienda, Guido Mantega.

escenario. La economía brasileña está hoy en mejores condiciones que hace cuatro años cuando Lula llegó al poder, cercado por los recelos de su discurso izquierdista hostil al capital y a los organismos multilaterales de crédito.

Lula canceló anticipadamente las deudas con el FMI, controló la inflación hasta un 4% anual y consiguió reservas por U$S 83.000 millones.

La cantidad de brasileños bajo la línea de pobreza diminuyó un 19,18% entre 2003 y 2005. El ingreso aumentó un promedio de 4,8% por año (8,4% entre los más pobres).

El talón de Aquiles del gobierno de Lula son las débiles tasas de crecimiento, promediando un 2,7% en los cuatro años de gobierno. Economistas advierten que el futuro de Brasil está comprometido a menos que crezca al ritmo de los demás países emergentes.

Tampoco descendió mucho la desigualdad social. El índice Gini, un indicador para ese ítem, ubica esa baja en un 3,6%. Aún así, el diez por ciento de los más ricos concentran el 45,1% del PIB. La mitad más pobre no supera el 14,1%.

El PT le ha exigido a Lula una impronta más «izquierdista» al nuevo gobierno. Esto es, mayor laxitud en el gasto público. Sobre este punto, el presidente sorprendió 15 días atrás al decir que estaba «muy viejo» para seguir siendo de izquierda. Al otro día, aseguró que esa afirmación solo había sido una «broma», que no le causó mucha gracia a varios de sus viejos compañeros de ruta.