Más vientos de destrucción se ciernen sobre Nueva Orleans

El alcalde de esa ciudad, Ray Nagin, ordenó el lunes suspender el recién iniciado retorno de los habitantes por la amenaza que representa Rita, convertido ayer de tarde en huracán categoría 2.

“Aliento a todo el mundo a partir”, insistió ayer Nagin en una conferencia de prensa, agregando que ya hay 200 ómnibus dispuestos y que hoy podría lanzarse una nueva orden de evacuación forzada.

El anuncio del alcalde fue como un balde de agua fría para todos los comerciantes, empresarios y residentes de los barrios no inundados, que habían sido autorizados a volver a sus hogares. También para el millón y medio de desplazados, que siguen imposibilitados de acceder a sus pertenencias y temen las consecuencias que un nuevo huracán pueda dejarles.

“Empezamos de nuevo todo. La única diferencia es que no tengo mucha gente para evacuar”, afirmaba con sorna anoche, Larry Ingergiola, el director de las operaciones de emergencia. Para él, como para muchos de los habitantes, la preocupación principal volvían a ser los diques que aislan la metrópoli de las aguas del Lago Pontchartrain, que hace tres semanas cedieron por la fuerza de Katrina.

Cerca del 20% de la ciudad todavía está bajo agua. Aún en reparación, los diques son todavía demasiado frágiles y no resistirán siquiera un leve ascenso de las aguas.

En este escenario, el noveno huracán de la temporada ciclónica del Atlántico norte, con vientos que ya superan los 180 kilómetros por hora, es una amenaza letal.

ANTICIPO. Mientras tanto, ya ayer en Cuba más de 200.000 personas fueron evacuadas en las provincias centrales, y las costas han sido afectadas por vientos huracanados, lluvias y fuertes marejadas que amenazan con inundar zonas bajas de la isla.

En La Habana, donde las autoridades se habían preparado para la evacuación de 126.000 personas en caso necesario, olas de más de ocho metros golpeaban el Malecón de La Habana. En la capital el cielo estaba totalmente cubierto y gris, mientras vientos fuertes y lluvias azotaban la ciudad, pero los ciudadanos respiraron con alivio cuando los meteorólogos dijeron que el ciclón torció su rumbo levemente hacia el norte y no tocará a Cuba.

Y en Estados Unidos, el huracán dejó a su paso por los cayos de Florida —donde han sido evacuadas más de 60.000 personas desde el domingo— lluvias intensas, levantó olas de tres metros de altura y ocasionó torbellinos de arena en las playas.

Los cayos son una serie de islas al sur de Florida unidas a la península por una serie de puentes y una carretera de dos vías, congestionada durante estos días por las miles de personas que abandonaron las islas por temor a Rita.

El agua cubrió parte de la carretera y cortó el tránsito, por lo que las autoridades, tras haber ordenado la evacuación, terminaron pidieron a los residentes que no abandonaran la zona y permanecieran en sus residencias.

Más de diez mil hogares y comercios estaban sin luz en Miami y Fort Lauderdale, que estos días estarán paralizadas ya que no abren sus puertas escuelas, oficinas públicas, ni la mayor parte de tiendas y negocios.