Memoria Anual: Prefacio 1982

Sin embargo, este indicador no es lo suficientemente expresivo de la crisis por la que atraviesa el país. Pueden señalarse dos aspectos adicionales que permiten complementar la evaluación de la situación económica. Por una parte, el fuerte incremento de la desocupación, que no sólo comporta una aguda crisis social, sino que – en el terreno estrictamente económico – implica una grave inutilización de recursos humanos. Por otra parte, incide otro factor al cual no siempre se le da suficiente relevancia, el deterioro de numerosas empresas del país.

El período transcurrió en el marco de una notoria recesión mundial que en cierta medida influyó en la recesión interna, afectando la demanda de nuestros productos y enrareciendo el mercado de capitales. Pero, es necesario precisar que la situación por la que atraviesa la economía nacional es en buena parte consecuencia de diversos factores de carácter interno.

Política cambiaria 

Durante los once primeros meses del año se mantuvo vigente el régimen cambiario implantado en 1978, esto es, la fijación preanticipada de un cronograma de minidevaluaciones.

La adopción y mantenimiento de este sistema cambiario tuvo una vinculación estrecha con el período de auge y posterior depresión que vivió el país, tal como se señaló en el Prefacio de la Memoria de la Cámara Nacional de Comercio correspondiente a 1981.

El mantenimiento del sistema tabular contribuyó a acentuar la etapa recesiva del ciclo económico y profundizó más aún la distorsión de precios relativos, de modo especial desestimulando la actividad exportadora y la inversión.

Este hecho, unido a las políticas cambiarias de los países vecinos, contribuyó a una importante entrada de mercaderías al país por vías ilegales o a través de viajes turísticos, lo que contribuyó a mermar las ventas y, por lo tanto, el nivel de actividad.

Hubo sin embargo un factor que actuó como detonante de la ruptura del régimen cambiario: el déficit fiscal. Su elevado monto hizo financieramente insostenible el mantenimiento del régimen de cambio fijo con paridad deslizante vigente durante cuatro años, y el 26 de noviembre el Banco Central decidió no ajustarse al compromiso de mantener una cierta evolución de la cotización del dólar hasta febrero de 1983 y anunció su retiro del mercado de divisas, iniciando un período de flotación cambiaria que ya desde sus comienzos se anunció que no sería limpia. 

En muy poco tiempo, la cotización del dólar subió más de un 100%, lo que provocó fuertes transferencias de riquezas. Poco a poco, en el país, la proporción de las transacciones de bienes y servicios que se llevaban a cabo en dólares había ido creciendo, razón por la que los compromisos contraídos en esa moneda afectaron la situación patrimonial de muchos deudores y acreedores.

En particular, la industria y el comercio tenían contraídas deudas tanto en moneda nacional como en moneda extranjera, en tanto sus créditos eran concedidos, prácticamente en su totalidad, en moneda nacional. Este hecho provocó que la alteración cambiaria implicara un duro e inmediato revés patrimonial a las empresas.

A la vez, sin embargo, la modificación cambiaria afectó los precios relativos de los bienes comerciables y no comerciables, estableciendo una nueva relación de precios luego de una distorsión que se prolongó más de dos años.

En el último mes del ejercicio de crecimiento del índice de precios al consumidor sufrió poca variación, si se lo compara con el alza del valor del dólar, lo que prueba la magnitud del receso que sufrió el país. 

Deterioro de la empresa nacional

El año 1982 ha sido un año difícil para muchos sectores empresariales. Cabe señalar los siguientes factores:

  • Caída de ventas que varían notablemente según los ramos de que se trate.
  • Disminución de los márgenes de utilidad bruta, como consecuencia de la competencia y hasta de un desesperado intento por mantener el nivel de ventas.
  • La evolución sufrida por los pasivos de las empresas denota un cambio de la estructura tradicional de los mismos, observándose un paulatino incremento relativo de los pasivos financieros en desmedro de los pasivos comerciales. Las dificultades por las que fueron atravesando las empresas condujeron como era prever a que los acreedores financieros con más capacidad de negociación obtuvieran garantías reales y personales que les colocaron en mejor posición frente a los acreedores comerciales. Esto trajo como consecuencia un visible deterioro de la cartera de créditos comerciales, que vieron seriamente disminuidas sus posibilidades de recuperación de los créditos otorgados.
  • A la vez, los elevados intereses reales han tenido no sólo un efecto depresivo sobre el consumo y la inversión, sino también en los costos financieros de las empresas. Su alta significación en el total de los gustos hace que muchos balances arrojen pérdidas o que las utilidades sean aleatorias, lo que indica una estructura de capital riesgosa.

Es posible que el deterioro sufrido por las empresas, más que en los balances de pérdidas y ganancias al 31/12/82, se manifieste en realidad en los estados de situación, esto es, en la estructura financiera de las empresas, donde la descapitalización de las mismas se traduce en una relación capital propio a capital ajeno que restringe las posibilidades de acción incluso hace inviables e importantes núcleos de empresas.

Si bien el endeudamiento empresarial ya era elevado en años anteriores, la brusca alteración de la política cambiaria en noviembre del último año significó un duro golpe para todos los sectores que habían contraído deudas en una unidad dineraria diferente al signo monetario nacional.

Lo que más agrava tal fenómeno es que la generalización del empleo de más de una moneda para las transacciones económicas, a partir de 1978, fue en buena medida aconsejada tanto por los responsables de la conducción económica, como por los asesores económicos y muchas publicaciones especializadas. Fue un fenómeno masivo que tuvo como base la existencia del preanuncio cambiario reiteradamente afirmado y sostenido por Autoridades Nacionales.

Más aún, durante 1982 se fue haciendo cada vez más difícil contraer y renovar créditos en moneda nacional por lo que las empresas se endeudaron en moneda extranjera.

Por estas razones, la utilización en las transacciones en moneda extranjera, con una fijación oficial preanunciada de la relación entre esa moneda y el nuevo peso, y la brusca ruptura posterior de la mencionada relación monetaria, produjo en muchas empresas muchos prejuicios que no pueden ser considerados como el precio del riesgo del tomador del crédito. 

En agosto de 1982, el Banco Central dictó una fórmula de refinanciación para los pasivos de las empresas con el sistema bancario. Desde su implantación la Cámara Nacional de Comercio tuvo oportunidad de manifestar que tales medidas resultarían, en muchos casos, ineficaces para solucionar los graves problemas financieros de las empresas. Finalizado el año 1982 los hechos confirman las previsiones al respecto. 

La descapitalización de numerosas empresas del país arroja incertidumbre sobre el ritmo de la recuperación económica. No puede pensarse en el aumento de la producción y la inversión globales pasar por alto que esos agregados económicos son la consecuencia de la actividad y de los riesgos que asuma cada una de las empresas. Si la situación financiera de éstas es difícil y se han debido soportar duros reveses, es ilícito dudar de una pronta recuperación económica.

Naturaleza del ciclo económico 

El período de auge vivido por el país durante los años 1979 y 1980 y el comienzo de la crisis iniciada al promediar el año 1981 conforman un ciclo económico que presenta características similares a las de otros períodos vividos por el país años atrás.  

Es así que el reciente auge presenta similitudes por el período de prosperidad previo a la crisis de 1868 así como la de 1980. En las tres oportunidades, estuvo caracterizado por el fuerte ingreso de capitales, el mantenimiento de un sistema de cambio fijo, alto endeudamiento, un incremento importante de los precios de los bienes no comercializados –concretamente bienes inmuebles urbanos y rurales-, aumento de los consumos público y privado, auge de la construcción y fuerte déficit de la balanza comercial. Es interesante hacer notar que la entrada de capitales estuvo asociada, en el primer caso, a la guerra de la Triple Alianza: en el segundo (1886-1889) a un período de fuerte prosperidad en Buenos Aires; finalmente, en el más reciente, al ingreso de capitales desde Argentina y al incremento de la liquidez internacional como respuesta al fenómeno del aumento del precio del petróleo.  

Resulta muy útil en el momento actual recordar la evolución de la economía durante los periodos de depresión de la actividad económica. En los dos primeros casos (1868-1890) se observa un cambio de signo en la tasa real de interés –que se hace positiva-, la dificultad de los acreedores para el cobro de sus créditos, la reversión del signo de la balanza comercial –que se vuelve positiva- y una importante ola de quiebra de empresas y bancos. En algunas ocasiones se retrasó la quiebra de algunos bancos decretando períodos de inconversión forzosa, lo que significaba, de acuerdo con el régimen monetario de la época, que éstos se veían eximidos de entregar oro contra los billetes emitidos por ellos mismos.  

Si se estudia la recesión actual a la luz de los acontecimientos de las épocas mencionadas, pueden sacarse importantes conclusiones. Sin duda, la tasa de interés se ha hecho, también en la crisis actual, altamente positiva; las dificultades de los acreedores para el cobro de sus créditos son notorias; es clara la tendencia a la reversión del saldo de la balanza comercial; se han incrementado los concordatos y los “acuerdos” con el sistema bancario; muchos negocios y empresas pequeñas han cerrado aunque las quiebras judiciales han sido pocas. 

Sin embargo, el comportamiento actual del sistema financiero presenta algunas peculiaridades respecto a los períodos anteriormente aludidos. Por una parte, la existencia de una autoridad monetaria con monopolio de emisión de moneda nacional y con directa regulación de la actividad bancaria privada. Por otra –y esto presenta similitudes con lo que ocurría en el siglo pasado-, el sistema bancario privado contribuyó a incrementar la liquidez de los dólares de la economía.

Ambas características tienen consecuencias importantes a la hora de efectuar un diagnóstico que permita buscar soluciones posibles a la crisis actual.

En cuanto a la primera, siendo el Banco Central único emisor, la asistencia que puede brindar al sistema bancario ante dificultades que éste experimente en moneda nacional, es ilimitada y puede impedir una quiebra del sistema con cargo a una mayor inflación y a una licuación de los activos bancarios financieros, con perjuicio de los depositantes en moneda nacional.

Por otra parte, dado que el país presenta un doble sistema monetario, la situación se vuelve muy crítica y similar al sistema de patrón oro vigente durante las crisis mencionadas del siglo pasado. Nos estamos refiriendo a la segunda peculiaridad, esto es, a la creación de lo que se ha denominado los “urudólares”, durante el período de liberalización financiera.

En otras palabras, el sistema bancario privado tiene serias dificultades para el cobro de los créditos otorgados en dólares. Cuando una situación de este tipo ocurría en el siglo pasado se decretaba la reconversión, esto es, el tenedor no podía exigir el canje de los billetes emitidos por los bancos por oro, o los bancos quebraban arrastrando tras sí a los ahorristas. 

En alguna oportunidad, concomitantemente a la inconversión, se autorizó el canje de los billetes privados por billetes emitidos por una Junta oficial con ese cometido específico, los que tenían curso forzoso y la promesa de conversión escalonada en oro en un cierto lapso, la que se cumplió con cargo a un incremento de la deuda externa y las rentas recaudadas en metálico. 

Por encima de estas similitudes –sobre todo a la hora de efectuar un relevamiento de lo ocurrido en 1982- importa analizar la conducta del Banco Central frente a las dificultades que experimentó el sistema bancario, ante la progresiva insolvencia de sus deudores. Quizá sean las dos acciones más relevantes.

Por una parte, la venta de “carteras”. Mediante esta operación los bancos privados traspasan al Banco Central sus derechos crediticios contra empresas, a cambio de la recepción de ese mismo volumen de dólares, siempre que, simultáneamente, los bancos privados concedan a la Autoridad Monetaria un monto de créditos en dólares, determinado en su volumen por una cierta relación con la cuantía y riesgo de la “cartera” vendida. De esta forma la Banca Privada sanea su cartera y el Banco Central aumenta sus reservas internacionales a corto plazo, a la vez que incluye en sus activos significativas partidas de difícil realización. Este régimen es fundamentalmente utilizado por algunas entidades bancarias que cuentan con el respaldo de sus casas matrices en el exterior.

Por otra parte, se favoreció la venta de algunas entidades bancarias como forma de fortalecer su situación financiera y su imagen, aunque sea a costa de la adquisición –por parte del Banco Central- de la “cartera” de incobrables. Este proceso permitió que, al finalizar el año 1982, pueda decirse que los 22 bancos existentes en el país, solamente dos son nacionales.

En síntesis, la naturaleza del ciclo es fundamentalmente financiera y el año 1982 se cierra con un equilibrio altamente inestable en lo que se refiere a la situación del sistema bancario y al comportamiento del Banco Central, y con un claro desequilibrio en lo relativo a la situación económica y financiera de muchas empresas del país.

Inflación reprimida 

El déficit fiscal a lo largo de todo el año 1982 se financió con una importantísima emisión de moneda. Debido a la existencia de un sistema de cambio fijo con paridad deslizante, gran parte de la emisión provocada por el déficit fiscal volvió al Banco Central, por la venta de divisas extranjeras, ya que la Autoridad Monetaria fijaba el valor del dólar y compraba y vendía a ese precio toda la cantidad que le ofreciese o demandase de esa moneda. De esa forma, la Autoridad Monetaria perdió más de U$S 800.-millones a lo largo del año, para lo cual debió proceder a la venta de parte de sus reservas de oro. Es interesante señalar que habitualmente se considera que el déficit fiscal se financia muchas veces a través del llamado “impuesto inflacionario”. Esto es, la inflación tiene como consecuencia una pérdida, por parte de todos los tenedores de dinero, en el valor de su posición monetaria. Es decir, el déficit fiscal se financia con un impuesto oculto que no ha sido expresamente autorizado y aprobado por la autoridad competente. 

En el caso concreto de 1982 el déficit fiscal ha sido pagado con reservas internacionales, esto es, con un mayor endeudamiento externo. Sin duda el exceso del gasto público en el año 1982 será pagado por la población en los años siguientes. No es una presunción atrevida pensar que, el pago del mencionado costo se haga a través de mayor inflación, máxime cuando la liberación cambiaria implica un reajuste de los precios de los bienes comerciados y no comerciados, que imponen de por sí un impulso hacia arriba del nivel general de precios. Sin embargo, el agudo receso que vive la economía puede dilatar el brusco aumento de precios. 

En cuanto al régimen de la flotación cambiaria iniciado, en tanto subsista el déficit fiscal, implicará una progresiva pérdida del valor del signo monetario nacional a menos que se lleve a cabo una política monetaria restrictiva que provoca elevadas tasas de interés y que tiene una eficacia meramente temporal. 

Durante 1982 se atendió más al intento de estabilización de precios que a las crecientes dificultades de los sectores productivos y el progresivo aumento de la desocupación.

Perspectivas

A lo largo de los años 1981 y 1982 el Producto Bruto Interno ha caído. Simultáneamente el consumo privado ha descendido, en tanto el Consumo Público ha aumentado en ambos años. 

Dada la cuantía y estructura del gasto público y es período de receso que vive el país –lo que afectará las recaudaciones- puede pronosticarse la existencia de un importante déficit fiscal para 1983. 

Atendiendo a la vigencia de un sistema cambiario flotante, este déficit contribuirá a un recrudecimiento del proceso inflacionario, a menos que se intente un control de la cantidad nominal de dinero, con la consiguiente elevación de las tasas de interés y la acentuación del receso. De todas formas, ese intento de control de la cantidad de dinero no podría tener un efecto permanente.

Por otra parte, parece difícil que en 1983 pueda pagarse el déficit fiscal con un mayor endeudamiento externo del país, dada la situación financiera internacional y la de la Autoridad Monetaria Nacional. 

En cuanto al nivel de actividad económica, es previsible la inexistencia de un crecimiento del Producto Bruto Interno, siendo posible que vuelva a decrecer en su conjunto, si bien el sector exportador tenderá a expandirse.

Asimismo no debe esperarse una disminución de la desocupación, ni una mejoría en el salario real, ya que la demanda de mano de obra suele crecer con retraso respecto al nivel de actividad.

Podría incluso darse una disminución de la ocupación en caso de que se generalizara una ola de cierres y quiebras de empresas a las que están expuestas muchas compañías por su situación financiera. Que este proceso se inicie o no está en buena medida en el comportamiento de la Banca, el que a su vez depende de las normas y conductas del Banco Central.

El mencionado comportamiento del Banco Central depende, a su vez, de la óptica con que se enfrenten los problemas del país. Durante 1982 ha primado la firme decisión de mantener en pie todo el sistema financiero privado, a cualquier costo, de modo de consolidar la imagen de la plaza financiera de Montevideo. Esto implicó que durante la vigencia de ese enfoque económico no se prestó la atención necesaria a muchos sectores productivos. El análisis de ese proceso ya fue objeto de estudio por parte de la Cámara Nacional de Comercio en el Prefacio que precedía a la Memoria de la institución correspondiente a 1981, pero basta analizar el comportamiento sectorial del PBI en 1982: el agro decayó un 6,4%, las industrias manufactureras disminuyeron un 17,0% y el comercio decreció un 18%.

Quizás sea el desenlace del proceso de deterioro de la situación financiera de las empresas el que mantiene el más fuerte interrogante para 1983 y quizá 1984, ya que, según sea la respuesta del sector privado y del sector público, se puede adelantar o retrasar el advenimiento de un período de recuperación. 

La mejoría de la situación económica nacional exige la recuperación de las empresas, de manera tal que no se produzcan pérdidas de los recursos humanos y la desaparición de organizaciones empresarias.

En este sentido, es con preocupación que se observa que, pese a las reiteradas afirmaciones acerca de la impostergable necesidad de racionalizar y disminuir el volumen del sector público, así como de privatizar algunas empresas estatales, el consumo público, en cambio, vuelve a crecer en 1982, mientras que el consumo privado y la producción total del país disminuyen. 

Si ese problema no se enfrenta con energía en el momento oportuno, las posibilidades de un desarrollo autosostenido de la economía, en el mediano y largo plazo, se vuelven improbables. No puede dejar de mencionarse asimismo el incremento de la presión fiscal provocada por el aumento de numerosos impuestos durante 1982. 

La Cámara Nacional de Comercio reitera que por encima de las alternativas financieras que el país haya de vivir, es necesario reafirmar el principio de libertad económica en un merco estable de normas y sin incurrir en los errores de las soluciones dirigistas practicadas en décadas pasadas que tanto daño causaron a las estructuras económicas. Ello implica la vigencia de la libertad en el campo económico, así como la integración de la economía uruguaya en el ámbito internacional mediante una saludable y ponderada apertura comercial y financiera y la disminución del peso del sector público sobre la población.