Memoria Anual: Prefacio 1992

Sin embargo, se puede afirmar que, al igual que el año anterior, en la base del crecimiento económico detectado en 1992 se encuentra la continuación de la política de apertura comercial regional y mundial y especialmente la coyuntura cambiaria argentina y las bajas tasas de interés internacionales. El primero es un factor que depende de la política económica, en cambio los dos últimos no. En ausencia de estos dos últimos factores exógenos y de no mediar nuevas medidas de política económica que contemplen aspectos estructurales tales como la reducción del peso del Estado, la reforma del sistema previsional, la flexibilización de los mercados de factores y el cabal respeto de los derechos de propiedad y de los contratos, la apertura por sí sola no bastará para consolidar en el largo plazo los favorables resultados obtenidos en el corto plazo.

 

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La composición del crecimiento de actividad a nivel sectorial luce alentadora, por cuanto el comercio y los servicios, el agro, la construcción y aun la industria –pese a toda la transformación interna que esta experimentando- presentaron tasas de variación positivas en su Producto Bruto Interno.

A su vez, desde el punto de vista de la oferta y demanda globales, se destaca el importante crecimiento de la inversión y consumo privados a tasas más importantes aún que la del propio crecimiento de actividad global, así como la variación positiva de las exportaciones de bienes y servicios expresadas en valores constantes y no en dólares corrientes.

Sin embargo, pese a los anuncios oficiales de reducción del gasto, el consumo público continuó creciendo, a una tasa de más de 5% real, por lo que el ajuste fiscal que llevó a un virtual equilibrio del sector se basó en un importante aumento de la presión fiscal, acompañado de reducción de inversiones públicas. En otras palabras, no se aprovechó la coyuntura productiva favorable para al menos mantener el gasto público constante en términos reales y así reducir su peso en la economía, sino que nuevamente se recurrió a aumentar la presión fiscal.

En efecto, el aumento en la base y en la tasa de muchos impuestos, así como la creación de otros tributos temporales para financiar gastos públicos permanentes –especialmente jubilaciones y salarios- han repercutido negativamente en la competitividad internacional del país.

 

Pero además, este sacrificio impuesto a la población es términos de crecimiento de la presión fiscal de aproximadamente 12 puntos en el trienio 1990-1992, no condice con el porcentaje inflacionario que si bien es inferior en años anteriores, continúa siendo elevado en términos internacionales y aún en términos estrictamente latinoamericanos. La inflación promedio del año superó el 68%, y entre las pautas, alcanzó a casi 59%.

Tal como se comentó en el Prefacio correspondiente al año 1991, muy probablemente la inflexibilidad a la baja de la inflación se encuentra en la base de las expectativas desfavorables del público respecto a la situación actual del país y a su futura performance económica.

 

A su vez, la brecha entre el dólar y los precios internos continuó ubicándose en torno al 12-13% puesto que la devaluación promedio fue de casi 50%, mientras que entre puntas, resultó de poco más de 41%. En otras palabras, pese a que la Autoridad Monetaria intervino en el mercado comprando divisas para evitar su caída, en el ingreso de éstas al país resultó nuevamente tan importante que determinó que su precio creciera menos que el de los precios de consumo.

 

Debido a ello, aquellas empresas que tienen una importante de costos en pesos –en general, indexados con el Índice de Precios al Consumo pasado- y una estructura de ingresos en dólares, están presentando problemas en su gestión. En la Encuesta del Comercio de la Cámara Nacional de Comercio ya se ha destacado en reiteradas oportunidades que en muchas empresas se está produciendo una gradual descapitalización debido a esta diferente evolución entre costos e ingresos.

 

De hecho, la situación del tipo de cambio real se ha deteriorado nuevamente. Desde el punto de vista técnico, considerando que el saldo de la cuenta corriente del Balance de Pagos resultó negativo, durante 1992 habría existido atraso cambiario. Si se tiene en cuenta que dicho saldo ascendió a -206.9 millones de dólares, aún contando buena parte del saldo positivo del rubro “Errores y Omisiones” (+206.9 millones de dólares) como exportaciones no registradas formalmente –contrabando hacia los vecinos países, especialmente hacia Argentina- igualmente se mantendría el atraso mencionado. Sin embargo, no puede dejar de señalarse que el aumento de la productividad detectado en el año mitiga en buena medida el impacto de ese atraso sobre la economía al reducir el tipo de cambio real de equilibrio.

 

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este panorama, analizado en su conjunto indica que la expansión de consumo e inversión más allá del crecimiento del Producto se corregirá en los próximos años a través de un enlentecimiento de las cuentas de demanda interna y de una recomposición del equilibrio del sector externo.

 

Este proceso podría verse forzado si el plan de estabilización argentino continúa y se consolida una coyuntura recesiva, con descenso de sus precios en dólares y por lo tanto, con menor presión sobre la demanda de bienes uruguayos.

 

Sin embargo, el impacto de este ajuste puede ser más leve que el registrado en 1983-1984 y en 1988 si se tiene en cuenta que el país ha avanzado sustancialmente en el campo de la apertura comercial regional  y mundial y ello ha dotado a muchas estructuras de una mayor flexibilidad.

EL IMPACTO DE LA APERTURA: EL URUGUAY DE LAS DOS VELOCIDADES

Desde el punto de vista regional, Uruguay ha continuado rebajando la lista de excepciones dentro del MERCOSUR, las que actualmente alcanzan a 768 productos. A su vez, las tasas arancelarias vigentes para el MERCOSUR son al 31 de diciembre de 1992, de 3,90%, 6,63% y 9,36%. A partir del primero de enero de 1993 estas tasas pasarán a ser: 3,2%, 4,8% y 6,4% y a partir del primero de abril cambiará la tasa mínima a 1,92% manteniéndose las restantes.

Por su parte, también se ha continuado con el proceso de desgravación arancelaria unilateral, registrándose una rebaja desde el primero de abril de 1992 y otra desde el 31 de diciembre de 1992. Los niveles alcanzados a esta última fecha son: 10%, 17% y 24%. A partir del primero de enero de 1993 los niveles serán de 10%, 15% y 20%. Asimismo, se espera una nueva rebaja para los productos de la menor escala arancelaria a partir del primero de abril de 1993.

A su vez, en el terreno comercial se han introducido importantes reformas con la Ley de Puertos que permitió la privatización de muchos de los servicios portuarios. Del mismo modo, PLADES continuó avanzando en el terreno de la desregulación del comercio exterior y estableció que la introducción de mercaderías se tramitaría mediante un documento único a presentarse exclusivamente en las oficinas de la Dirección Nacional de Aduanas. Se dejó sin efecto, asimismo, la intervención del BROU en la materia con un plazo de seis meses para su implementación y coordinación con la Dirección Nacional de Aduanas. Desafortunadamente, las presiones para volver al anterior sistema han sido muchas y es probable que el plazo mencionado sea modificado.

Con respecto al MERCOSUR, muchas son las dudas que continúan suscitándose acerca de la viabilidad del proceso completo de integración puesto que tanto Argentina como Brasil continúan enturbiando sus relaciones comerciales con la región con medidas de protección encubierta. Al mismo tiempo, la grave crisis política y económica de Brasil arroja una nueva cuota de incertidumbre.

Uruguay realiza el 40% de su comercio exterior con Argentina y Brasil y buena parte de dicho intercambio se basa en convenios comerciales especiales (CAUCE y PEC). Posiblemente el MERCOSUR acentúe esa dependencia del país respecto a los dos grandes vecinos.

Pero más allá de cualquier acuerdo comercial existente, no puede olvidarse que la proximidad física, la tradición en el intercambio y otros factores extra arancelarios también inciden en el destino de las corrientes de comercio y que con el arancel externo común alto o bajo y aún con o sin acuerdos comerciales, la inestabilidad económica de Argentina y Brasil muchas veces los ha llevado a tener brechas cambiarias tan importantes que el tema arancelario resulta minimizado.

Es decir, que más allá de que es por demás importante lograr que el camino de la integración sea recorrido en forma transparente y eficiente por los cuatro países y que el arancel externo común resulte reducido, lo que realmente debe preocupar a Uruguay es llegar a la flexibilidad tal de su economía que le permita vivir lo más alejado posible de los vaivenes de inestabilidad cambiaria de los vecinos países.