Mercosur: tamaño y origen de las empresas

 También es relevante verificar si esas subsidiarias de casas matrices ubicadas en países desarrollados tienen suficiente tamaño como para ser cabecera en la región o, por el contrario, dependen ya no de la matriz sino de otra filial de mayor tamaño ubicada en otro país de la región.

Estas reflexiones resultan pertinentes para el caso argentino, en primer lugar, por el profundo proceso de trasnacionalización de empresas públicas y privadas que comenzó a principios de la década del 90 y que implicó que las ET pasaran en una década de generar el 61% del valor agregado nacional al 84% (cifra seguramente superada a la fecha por las recientes adquisiciones brasileñas de grupos argentinos en energía, bebidas, acero y cemento) y, en segundo lugar, porque los tamaños de las filiales del lado argentino son de menor porte de las existentes en Brasil, por lo que no es de extrañar que muchas dependan de las direcciones regionales instaladas en el país socio.

No nos debe llamar la atención entonces la reducida presencia y el escaso seguimiento por parte de las subsidiarias del avance de las negociaciones comerciales que mantiene nuestro país como integrante del Mercosur y aun del propio proceso intrabloque. Tampoco que una porción significativa de los conflictos comerciales se genere en sectores de escaso comercio intraindustrial con trasnacionales en un solo país -línea blanca- o con sectores de presencia de grupos nacionales en ambos lados, pero sin complementación industrial ni comercial -calzado, indumentaria-.

Tampoco es anormal que dada la incertidumbre sobre el futuro del proceso de integración y los problemas vividos en la Argentina, las inversiones extranjeras en bienes transables se volcaran hacia Brasil y, en una proporción interesante, a Chile a partir de 1999.

Entorno favorable

Muchos países utilizaron la capacidad de las ET para salir del atraso y avanzar en la senda del desarrollo sostenible, pero para ello necesitaron un entorno favorable para la atracción de inversiones, el diseño de incentivos para la instalación de filiales con capacidad de investigación y desarrollo, así como la transformación de sus proveedores en empresas competitivas internacionalmente y, tan importante como lo anterior, la creación de organismos estatales (agencias) profesionales, autónomos y con gran capacidad de control de gestión.

Si el proceso de integración en el Mercosur es posible lo será sobre la base de la estructura empresarial existente en los países de la región, con sus diferencias de tamaño y de origen, dependiendo en el caso argentino de la inteligencia y capacidad institucional de transformar lo que aparenta ser una debilidad en una fortaleza.

El autor es profesor del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación BankBoston. E-mail:
raulochoa@speedy.com.ar.