Miles de manifestantes sitian centro del poder en Bolivia

Campesinos, mineros, indígenas aymaras, vecinos y estudiantes de la ciudad de El Alto se desplegaron a unos 400 metros alrededor de Plaza de Armas.

Al mismo tiempo, durante un acto militar a pocas cuadras de las protestas, el presidente Carlos Mesa acusaba a los manifestantes de promover la desestabilización de su gobierno.

Tras una tregua no pactada el fin de semana, las manifestaciones volvieron a retumbar ayer en La Paz, a un día de la reanudación as sesiones del Congreso.

A primera hora, unas 10.000 personas de la ciudad de El Alto descendieron por diversas vías hacia La Paz formadas en columnas.

A ellas se sumaron unos cinco mil mineros, campesinos e indígenas que permanecen en La Paz desde la semana pasada y que volvieron a provocar el colapso en la segunda ciudad más poblada del país, sin tráfico vehicular y con el comercio y las actividades financieras a medias.

Los disconformes, que realizaron algunos débiles intentos por romper el cerco policial que a unos 200 y 300 metros defiende la Plaza Murillo, fueron a concentrarse pasado el mediodía en la Plaza San Francisco.

Por primera vez en los últimos días, la Policía no debió recurrir a gases lacrimógenos, balines de goma ni acciones de fuerza para contrarrestar las protestas que hasta media tarde discurrieron en paz.

Ante varios de miles de manifestantes, los líderes de la protesta amenazaron con un bloqueo de rutas nacionales si el Congreso no da prioridad a la instalación de la asamblea constituyente, cuando el martes reanude sus debates.

“Si mañana no comienzan, un bloqueo se va a hacer y eso es medio jodido (molesto) para el pueblo boliviano”, advirtió Román Loayza, presidente de la poderosa Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia.

Por su parte, en un acto público realizado en homenaje a un regimiento del Ejército, Mesa denunció que entre los sectores movilizados existen “grupos minoritarios” y “líderes irresponsables” que buscan “desestabilizar” el Gobierno y la democracia con una táctica que consiste en que el Parlamento no se pueda reunir.

“El cierre del Parlamento nacional es un golpe de Estado, no existe democracia sin Parlamento y cualquier persona, institución grupo o representante del poder que decida la clausura del Congreso y que de hecho haga el cierre del Congreso de hecho está dando un golpe de Estado”, manifestó el presidente.

En las marchas registradas en La Paz se han escuchado desde hace meses gritos en favor de la clausura del Congreso, opción compartida por dos militares rebeldes que la semana pasada pidieron la renuncia de Mesa y la instalación de un gobierno cívico-militar. (En base a AFP y EFE)