Miradas de reojo, dudas y recriminaciones sobrevuelan la cumbre del bloque en Córdoba

Recriminaciones, dudas, miradas de reojo, desconfianza e incertidumbre sobrevuelan las mesas de negociaciones de Córdoba debido a varios diferendos bilaterales, y ese clima también se palpa en el trato entre los mandatarios, aun en los agasajos protocolares.

Las cosas no están bien en la interna del bloque y varias de las autoridades no lo disimulan y han dejado de lado, al menos momentáneamente, los abrazos efusivos y las sonrisas cómplices, sustituidas por saludos formales cuando no caras de pocos amigos.

Para completar un panorama enrarecido se confirmó la presencia en Argentina del líder cubano Fidel Castro, con todas las posturas a favor y en contra que genera a su paso.

Por su importancia y posibilidades para el resto de los socios, el bloque recibe con los brazos abiertos a Venezuela, pero también con cautela ante las polémicas posiciones políticas del presidente Hugo Chávez y su firme oposición al gobierno de Estados Unidos. «Quizás su presencia en el Mercosur pueda ayudar a moderar un poco el discurso de Chávez, señaló recientemente el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, en clara referencia a los temores ya expresados por empresarios en Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, socios fundadores del bloque. Venezuela llega al Mercosur con su enorme potencial en el área de energía y con algunos guiños previos hacia los cuatro países pioneros, con los que ha estrechado relaciones a paso veloz, sobre todo en los últimos tres años. Chávez tuvo importantes gestos hacia los países del Mercosur, en especial después de que el año pasado en Mar del Plata el bloque se plantara contra el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) iniciativa promovida por Estados Unidos, su más enconado enemigo en el plano ideológico.
Venezuela auxilió a Argentina mediante la compra de títulos de su deuda externa por un valor que se calcula en unos 3.500 millones de dólares, y estudia fuertes inversiones en Uruguay y en Paraguay, donde Chávez también propuso la construcción de gasoductos. Con Brasil, el gobierno de Caracas desarrolla importantes proyectos energéticos, como una refinería que construirán en conjunto las estatales Petrobras y Petróleos de Venezuela SA (Pdvsa) en el empobrecido estado de Pernambuco, donde nació el jefe de Estado brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.

El proyecto más ambicioso que impulsa Chávez para la región es el llamado «Gasoducto del Sur», que supondrá inversiones cercanas a los 20.000 millones de dólares y que llevará gas desde el sur de Venezuela hasta Argentina a través de Brasil, con posibles conexiones hacia otros países sudamericanos. Pero además de sus enormes reservas de hidrocarburos, Venezuela llega al Mercosur agitando las banderas de una «nueva integración», que según Chávez debe guiarse por cuatro consignas: «lo político como locomotora, lo social como prioridad, lo económico como carril y la cultura como combustible». Esa idea de la integración fue planteada por Chávez al Mercosur en la ciudad brasileña de Ouro Preto en diciembre de 2004, cuando Venezuela participó por vez primera en una cumbre del bloque en calidad de miembro asociado. Desde entonces, el presidente venezolano ha criticado en duros términos los procesos de integración en América Latina, que en su opinión están basados en un «modelo neoliberal fracasado» que debe ser sustituido por un proyecto volcado hacia los más pobres. Esa orientación la ha planteado incluso respecto al Mercosur, al que dijo recientemente que Venezuela se incorpora con «la esperanza de ‘reformatearlo’ y cambiarlo». En ese sentido, Amorim señaló que en las negociaciones para su ingreso quedó bien claro que «es Venezuela la que entra en el Mercosur y no el Mercosur el que entra en Venezuela», simbolizando así que el gobierno de Chávez deberá adaptarse al bloque.

Entre advertencias y entusiasmo

El presidente paraguayo, Nicanor Duarte, pese a su entusiasmo con el ingreso de Venezuela, también alertó sobre el riesgo de que el Mercosur se convierta en «un foro de maniqueísmo político en el que se exacerben los enfrentamientos ideológicos o dogmáticos». Por encima de esos temores, hasta ahora pesa más la esperanza que despierta la ampliación del bloque, que quince años después de su fundación incorpora a un nuevo miembro pleno y tiene ya como socios a Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.

El ex vicepresidente argentino Carlos «Chacho» Alvarez, quien desde diciembre pasado preside el Comité de Representantes Permanentes del Mercosur, valoró el ingreso de Venezuela y subrayó que ahora el bloque representa el 75 por ciento del Producto Bruto Interno (PIB) de toda Sudamérica.

Según Alvarez, «por primera vez un país que tuvo su área de influencia sobre todo en el Caribe y América Central, se entrelaza con el Sur, creando un espacio geoeconómico que va desde el Caribe hasta Tierra del Fuego».

Argentina y sus conflictos

Argentina entiende que sus actuales conflictos con Uruguay y Chile son meras cuestiones bilaterales y acoge la Cumbre del Mercosur con el objetivo de perfeccionar el bloque y superar las asimetrías económicas entre sus socios. Durante la cumbre de Córdoba, el gobierno argentino traspasará la Presidencia del Mercosur a Brasil.

Los dos socios grandes aseguran que comparten la preocupación por atender las reclamaciones de Paraguay y Uruguay, las economías más pequeñas del bloque.

n sus seis meses de Presidencia, Argentina concentró el esfuerzo en cerrar el pacto para la incorporación de Venezuela como quinto socio del Mercosur y acordar el plazo definitivo para la entrada en vigor del Código Aduanero Común, un asunto pendiente desde hace una década.

El pacto para el ingreso de Venezuela, firmado por los presidentes de los cinco países involucrados el 4 de julio pasado en Caracas, es el primero que reconoce las asimetrías económicas en el bloque, porque da mayores ventajas a Paraguay y Uruguay, estimaron funcionarios de la Administración del presidente Néstor Kirchner.

Explicaron además que el programa de reducción gradual de barreras aduaneras establece que Paraguay y Uruguay sean los que más rápido accedan al mercado venezolano y los últimos en abrir sus puertas a los productos del país caribeño.
Hay coincidencias dentro del bloque según las cuales el desarrollo dé las economías más pequeñas del Mercosur depende en buena medida del crecimiento de los socios mayores y de la expansión del comercio del bloque hacia terceros mercados.
En los últimos diez años, Paraguay y Uruguay han padecido los coletazos de las crisis que sufrieron Argentina y Brasil, y por otro lado no ha habido avances en acuerdos con otros grandes mercados, como por ejemplo la Unión Europea (UE), a raíz del estancamiento de las negociaciones multilaterales en materia de comercio agrícola.

Portavoces argentinos admitieron que el fondo creado para ayudar a las economías más pequeñas del bloque es sólo un paliativo, por lo que hacen falta otras iniciativas en las que se prevé avanzar durante la Presidencia de Brasil. También reconocieron que la expansión hacia otros mercados depende de que se destrabe la negociación del capítulo agrícola de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC), uno de los asuntos que frena el acuerdo del Mercosur con la UE.
De todos modos, a juicio de Argentina, los beneficios de ser parte del Mercosur siguen siendo mayores que los costos y queda mucho terreno por avanzar para reducir las asimetrías , económicas entre sus socios.

Además de la controversia con Uruguay por la construcción de las plantas de celulosa, el gobierno argentino enfrenta las críticas del gobierno de Chile por la decisión de aumentar los impuestos a las exportaciones de gas e incrementar en la frontera el precio de la gasolina para los automóviles con matrícula extranjera.

«Estas son dos cuestiones puntuales encapsuladas que de ninguna manera condicionan, alteran o impactan en la Cumbre» del Mercosur de Córdoba, subrayó el secretario argentino de Comercio Internacional, Alfredo Chiaradía.

Para la trigésima cumbre del bloque está confirmada la asistencia de los presidentes de las cuatro naciones fundadoras -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay-, de Venezuela, Chile y Bolivia, estos dos últimos países asociados comerciales.
También se espera la presencia de los mandatarios del resto de los asociados comerciales -Colombia, Perú y Ecuador- y del ministro de Comercio de Pakistán, Humayun Khan, que firmará un acuerdo marco para iniciar las negociaciones de un tratado de libre comercio con el bloque sudamericano.

Otro invitado cuya presencia o ausencia se mantiene en reserva hasta el último momento es el presidente de Cuba, Fidel Castro, ya que en Córdoba se firmará un acuerdo de Complementación Económica entre la isla y el Mercosur.

Argentina presentará un balance de su gestión en la Presidencia semestral del bloque, en el que destacará la adhesión de Venezuela en tiempo récord y los avances en las negociaciones para alcanzar un acuerdo de libre comercio con Israel, sobre el que todavía faltan algunos consensos en materia agrícola.

En la cita presidencial también se sellarán compromisos para iniciar la redacción del Código Aduanero Común, para su entrada en vigor a partir de 2008, y avances en la apertura del comercio de servicios al interior del bloque.

Y por Brasilia ¿como andamos?

Brasil asume la Presidencia rotativa del Mercosur, con la firme intención de promover un «New Deal» que favorezca a Uruguay y Paraguay y salve al bloque de una desintegración que nadie quiere pero muchos temen.

Uruguay y Paraguay, los socios «menores» del bloque reclaman desde hace años por las «asimetrías económicas» que les impiden aprovechar a pleno los beneficios de una integración que consideran volcada hacia los más grandes. En los últimos meses, las quejas se han vuelto virtuales amenazas que van desde la posibilidad de entablar negociaciones bilaterales para acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, hasta el extremo de que Uruguay y Paraguay abandonen directamente el bloque. Los presidentes Tabaré Vázquez y Nicanor Duarte, han insistido en que el Mercosur como está «no sirve» y en que sus gobiernos deberán buscar alternativas si no se escuchan sus reclamos.

Ante eso, Brasil propone entonces un «New Deal» (nuevo convenio), inspirado en las políticas sociales y de «buena vecindad» adoptadas por el presidente estadounidense Franklin Roosevelt en 1933.

Lo planteó el canciller Celso Amorim, en una reciente visita a Montevideo, donde explicó que ese «nuevo convenio» debe permitir «buscar, transmitir y absorber ideas para lograr un nuevo entendimiento que beneficie a las economías más pequeñas». Lo que no está muy claro es el formato de ese «New Deal», que por el momento no parece ir mucho más allá de la intención de promover la inversión, fundamentalmente brasileña, en Uruguay y Paraguay.

Aunque no tiene forma definida, la propuesta brasileña ya se ha encontrado con alguna resistencia en Uruguay y Paraguay.

Según declaró Nicanor Duarte durante la firma del protocolo de adhesión de Venezuela, en Caracas, Paraguay no quiere «dádivas», sino «coherencia» y que Argentina y Brasil reduzcan los aranceles con que se protegen de los países más pequeños del bloque. «Desde Sudamérica pedimos a las naciones desarrolladas que bajen sus barreras proteccionistas, pero esa misma práctica se repite en el Mercosur con los países de menor desarrollo, como Paraguay», dijo el presidente paraguayo.

Mientras, el ex canciller de nuestro país, Sergio Abreu, calificó ese «New Deal» como «un espejito» que Brasil intenta vender en el Mercosur con la intención de apaciguar ánimos, pero sin soluciones reales.

Según Abreu, la salida concreta no es «paternalismo», sino la creación de mecanismos para desarrollar industrias y la capacidad exportadora en las economías menores, así como facilitar su acceso a los mercados argentino y brasileño. En Córdoba, Brasil asume la Presidencia del Mercosur por un período de seis meses y en ese tiempo deberá dar una forma más palpable al «New Deal», así como tendrá que lidiar con la incorporación de Venezuela. En el frente interno, agitado este año por las elecciones del 1 de octubre, en las que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva es claro favorito, el gobierno brasileño deberá contener al sector privado, que ha expresado temores por la entrada de Venezuela y la polémica política externa de ese país.

Un reciente informe de la poderosa Confederación Nacional de la Industria (CNI) sostiene que «Venezuela puede influir en decisiones como, por ejemplo, la de construir agendas de negociaciones del bloque con Estados Unidos y la Unión Europea (UE)», que son los principales destinos de las exportaciones brasileñas.

Paraguay: avanzamos o retrocedemos

El gobierno paraguayo reclamará en la Cumbre una integración regional efectiva o en caso contrario regresar a una Zona de Libre Comercio que permita a los miembros del bloque firmar acuerdos comerciales con terceros países. La ministra paraguaya de Relaciones Exteriores, Leila Rachid, adelantó esa posición de su país días antes de la cita de los mandatarios.
La canciller dijo que en la XXX Cumbre del Mercosur se tiene que comprobar «la voluntad política de los Estados para que este proceso de integración funcione, con el levantamiento de todo tipo de barreras».

Enfatizó que es necesario que se aplique ya un instrumento que «impida levantar barreras comerciales o medidas especiales de salvaguarda» en el comercio interregional. «No hablamos de un relanzamiento o reformulación, porque el Mercosur desde su fundación ya ha tenido todos los relanzamientos posibles», agregó Rachid.

De acuerdo con la ministra, o en Córdoba se logra ese compromiso de los presidentes «o nos involucionamos hacia una Zona de Libre Comercio, para permitir la independencia y soberanía de sus miembros a firmar acuerdos comerciales con terceros países». Esa es precisamente la reivindicación del empresariado paraguayo, que insistentemente rechaza las trabas impuestas por los dos socios «mayores» (Argentina y Brasil) al ingreso de sus productos a esos dos mercados. En la reciente inauguración en Asunción de la Expo 2006, la mayor feria agroindustrial del país, el presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), Gustavo Volpe, reiteró que los empresarios reclaman «la libertad de Paraguay y Uruguay de negociar otros acuerdos con países o bloques ‘extrazona'». Ante el presidente paraguayo, Nicanor Duarte, Volpe atacó las trabas para exportar al mercado brasileño, al señalar que «podemos vender a Brasil materias primas o chatarra pero cuando son bienes terminados o medianamente industrializados aparecen los tentáculos del proteccionismo que hacen letra muerta el Tratado de Asunción».

La canciller insistió en que el gobierno paraguayo quiere «el compromiso político para lograr que la supranacionalidad, el principio básico que debe gobernar cualquier proceso de integración, sea efectiva».

A pesar de las peticiones empresariales de abandonar el bloque, Paraguay lleva a la reunión de Córdoba varios proyectos de infraestructura valorados en unos 27 millones de dólares para su financiación con los Fondos de Convergencia Estructurales del Mercosur.

Paraguay tiene ya listos los proyectos para cuando los parlamentos de los cuatro socios fundadores del Mercosur ratifiquen los fondos estructurales, que fueron aprobados hace un año en la Cumbre de Asunción, y de los que a Paraguay le corresponde este año 24 millones de dólares.

La delegación paraguaya pretende que en la reunión se avance en la definición del Código Aduanero Común, porque se considera fundamental para el país las negociaciones sobre integración energética, en especial para la concreción del gasoducto Bolivia-Paraguay-Uruguay, que puede integrarse en el más ambicioso que llevaría gas venezolano a Argentina a través de Brasil.

Para Paraguay el ingreso de Venezuela será una importante contribución a la política energética y a las capacidades de la región, además del acceso preferencial concedido a productos paraguayos al mercado venezolano.

Y por casa cómo andamos

El gobierno uruguayo enfrenta un fuerte debate interno entre su marcada conciencia integracionista y la realidad de un Mercosur que no satisface sus aspiraciones.

La opinión de que el país no puede estar fuera del Mercosur porque es su contexto natural es mayoritaria a nivel del gobierno y la oposición , pero vistas las limitaciones y dificultades que el bloque tiene actualmente, Uruguay quiere y casi está obligado a buscar más y mejores relaciones comerciales extra región.

A nivel político, económico y empresarial se ha señalado en diversas ocasiones que los quince años transcurridos desde la fundación del bloque no han servido para equilibrar las enormes asimetrías existentes entre los miembros, y el sentimiento de frustración ha ido en aumento.

El gobierno ha acusado en reiteradas veces a los dos socios mayores del bloque, de hacer una política bilateral sin tener en cuenta sus intereses ni los de Paraguay, e incluso ha coqueteado con la idea de pedir dispensas para poder negociar con terceros países. Estos intentos no hicieron más que encrespar los ánimos, dado que los grandes se opusieron radicalmente.
Consciente de que las instituciones y la supranacionalidad le beneficiarían, Uruguay fue siempre un gran impulsor de crear órganos regionales ejecutivos y representativos, y ha intentado, sin éxito, que se dé más poder a la Secretaría Técnica.
Pero el sentimiento de frustración se agudizó este año cuando Uruguay vio cómo el hecho de ser miembro del Mercado Común del Sur no sirvió para dirimir el conflicto con Argentina por el rechazo de Buenos Aires a la instalación de las plantas de celulosa de Botnia y Ence.

Tras los cortes de los puentes durante ochenta días realizados por organizaciones de ved-nos de Entre Ríos, Uruguay pidió incesantemente la convocatoria extraordinaria del Consejo Mercado Común (formado por los ministros de Relaciones Exteriores y Economía del bloque) para analizar el tema, pero la solicitud fue ignorada tanto por la Presidencia pro témpore argentina del bloque y también por los otros dos socios.

El gobierno uruguayo decidió entonces denunciar a su vecino ante el Tribunal Permanente de Revisión del bloque por presunta violación del Tratado de Asundón, que establece la libre circulación de bienes y personas en el territorio regional.

El desconcierto aumentó cuando Argentina denunció a Uruguay frente «a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya por presunta violación del Tratado del Río Uruguay, que establece la custodia compartida del recurso natural, por haber supuestamente autorizado unilateralmente las plantas. El fallo favorable de La Haya reafirmó la postura uruguaya, pero las posteriores declaraciones del presidente Kirchner y funcionarios de su gobierno sobre la intención de bloquear los posibles créditos internacionales para las empresas que construyen las plantas dejaron al gobierno uruguayo con la mano extendida tras el anuncio de intentar retomar las negociaciones y rascándose la cabeza.

No obstante ello, el gobierno ve una «luz en el camino» a corto plazo con la Presidencia pro témpore brasileña, que empezará tras la Cumbre de Córdoba.

Uruguay espera que Brasil cumpla lo dicho por su canciller, Celso Amorim, en Montevideo cuando manifestó que «hay que buscar ideas para lograr un nuevo acuerdo, un ‘New Deal’ en el Mercosur que beneficie a las economías pequeñas».
«Yo confío en que Amorim cumpla y hay que tratar de hacer todo lo posible para que Brasil lo logre y corregir las asimetrías», señaló recientemente el canciller Reinaldo Gargano. Para recordarlo, está previsto que Vázquez haga un llamamiento en Córdoba a la rápida implementación de los fondos de cohesión de los que se ha dotado el bloque: 50 millones de dólares para 2006 y 100 millones para 2007. Asimismo, el presidente solicitará que se ratifiquen las normas acordadas en el bloque como un método para reforzar la unión y pedirá de nuevo la incorporación de Bolivia como miembro pleno, para diluir el peso de los grandes. El gobierno apoya, además, el ingreso de Venezuela al bloque y Gargano lo consideró «excelente vía para equilibrar las asimetrías».