Muchos cabos sueltos en el acuerdo con Chávez

En las interpretaciones gravitan no solo la desconfianza en el líder bolivariano y el ambiente de negocios en Venezuela, con fuertes componentes de corrupción, sino aspectos prácticos y económicos. Y se agrega la certeza de que todo está más ligado a la puja de hegemonías entre Venezuela y Brasil que a la generosidad bolivariana.

Por otra parte, el acuerdo con Venezuela sigue asociando a Uruguay con Argentina, sea con Enarsa en la prospección en el Orinoco, sea en la planta de regasificación de Bahía Blanca, sea en la que se estudiará instalar en Uruguay y que para existir necesita de compradores externos (otra vez Argentina) porque el consumo local no lo justifica. Y Argentina no es confiable en temas energéticos.

Ayer el propio ministro de Industria, Jorge Lepra, señaló en radio Sarandí que ambas plantas pueden ser factibles y, en la misma jornada, una delegación encabezada por el presidente de UTE, Beno Ruchansky, el de Ancap, Daniel Martínez, y el de la ANP, Fernando Puntigliano, estuvieron en Buenos Aires en contactos por el tema (ver recuadro en esta página)

Contra Brasil. Para el ex gerente general y ex presidente de Ancap, Andrés Tierno Abreu, la participación de la plantas de regasifición que impulsa Venezuela en Argentina y Uruguay son parte de la «lucha por el liderazgo en América del Sur, Central y el Caribe» entre el gobierno de Chávez y Brasil.

Tierno estima que «la solución inteligente de los países que son compradores de hidrocarburos es poner una planta de regasificación» y apelar a las distintas ofertas del mercado, sean de Venezuela, Nigeria, Qatar o Trinidad-Tobago para «tener competencia».

Asimismo, Tierno, quien también presidió Arpel, la entidad que nuclea a las principales petroleras de América Latina, asume que las soluciones energéticas de Uruguay pasan por la integración regional, pero observa que «es muy difícil que Uruguay sea racional con un mercado totalmente irracional como el argentino». Estima que el acuerdo entre Uruguay y Venezuela es «muy genérico». A su juicio, la eventual participación de Uruguay en la explotación petrolera en el Orinoco «por ahora es solo una evaluación de reservas» y no «una inversión para explotar». «Los costos de los proyectos de los que se está hablando suman miles y miles de millones de dólares», remató.

Comprar al mundo. Para el ex ministro de Industria y Energía Julio Herrera (1996-2000, que fuera secretario general de Olade (2000-2003), el tratado con Venezuela no es claro cuando habla de «suministro firme» de crudo a Uruguay pero no se conoce la ecuación económica.

Señaló asimismo que las inversiones en plantas en Argentina son inciertas porque allí la política de tarifas liquidó la inversión y prospección en ese país. «Cuando se apostó al gas argentino eran momentos mucho mejores para la región, en lo económico y en el Mercosur, pero en el estado actual de las relaciones con el vecino país, depender de Argentina o de Venezuela es riesgoso».

Herrera también se inclina por una planta propia de regasificación en Uruguay pero con posibilidad de comprar el gas líquido «al mundo». Según Herrera, además, para la reforma de la refinería en asociación con Pdvsa «se necesita de una ley autorizante».

Bloquear a Petrobras. Por su parte, el secretario ejecutivo de la Asociación de Grandes Consumidores de Energía y principal de la consultora XDT Ingeniería, José Luis Pou, estima que el acuerdo con Venezuela linda con la «locura». Señala que no tiene sentido participar en una planta con Argentina porque «no cumple con ningún tratado». A su juicio «no hay condiciones de reglas de juego ni certeza jurídica». Y respecto a Venezuela es aún más crítico. Estima que la propuesta de Chávez solo apunta a «bloquear la planta proyectada por Petrobras en Uruguay», que tiene la distribución del gas a través de Montevideo Gas y Conecta. Agrega que Venezuela no tiene planta de licuefacción para su gas. «Chávez solo quiere cerrarle la puerta a Brasil» con estas propuestas, afirmó.