Mujica consiguió que Brasil le venda energía a precio estable.

Por el contrario, estaba muy tranquilo y haciendo bromas. «Bueno ministro. Sacamos una ´leicita´». Ese fue el saludo del presidente al ministro de Economía, Fernando Lorenzo, que junto con el canciller Luis Almagro fueron a esperarlo a la puerta del hotel. «Sacamos y la aprobamos ya», le respondió el jefe del equipo económico.

Es que el desvelo de Mujica por estas horas es solucionar las operaciones sin coordinar en los hospitales públicos. «Antes de ayer (por el martes) a las 5 de la tarde parecía que no había ley (de emergencia sanitaria). Era un boñatazo. Pero salió nomás y muy buena ley», le dijo el presidente a Lorenzo, cerrando así el diálogo.

En la puerta mismo del hotel Bourbón, ante la presencia de periodistas y guardias de seguridad -que no sabían qué hacer con un presidente tan poco protocolar- Mujica se quedó charlando con su canciller.

Parecía una charla técnica de un equipo antes de entrar a la cancha. Almagro sacó su carpeta azul y ambos se quedaron hablando de las prioridades a conversar con el presidente Lula Da Silva. A esa altura esperaban aún que en la reunión también participara la futura presidenta, Dilma Rousseff, quien por problemas de agenda se quedó en Brasilia y no participará de la cumbre.

A Mujica le desvela tener tan buena relación con Dilma como la tiene con Lula, pero el fortalecimiento del vínculo se retrasa.

De todas formas, el presidente uruguayo tendrá un aliado en el próximo gobierno: el asesor Marco Aurelio García, que es muy amigo de Mujica y también asesorará a la futura presidenta.

Ahora Mujica tendrá una nueva oportunidad para establecer buenos vínculos con Dilma el 1º de enero, cuando por tercera vez en un mes intente un encuentro con ella. Será en su asunción, pero según García procurará establecer reuniones bilaterales.

Dilma, además, prevé realizar una gira por la región en sus primeros meses de gestión, que también incluye a Uruguay.

Reunión. Más allá de la ausencia de Rousseff, del encuentro con Lula, Mujica consiguió muchas cosas. El gobierno de Brasil se comprometió a venderle energía a un precio «estable» durante mucho tiempo, sin el temor de los cambios coyunturales, según dijo Marco Aurelio García a El Observador.

Además, ambos gobiernos llegaron a un acuerdo, en esa reunión bilateral, para hacer una «gran conexión ferrioviaria» que tendrá el nexo en Rivera y Livramento. García dijo que la interconexión será en principio para carga, pero también se puede ampliar para pasajeros.

Según explicó a El Observador el asesor brasileño, también se avanza en la concreción de un puerto de aguas profundas en Rocha. «Se están haciendo estudios técnicos al respecto», dijo García.

El otro tema que Mujica dejó arriba de la mesa al próximo gobierno es la intención de avanzar en la habilitación del puerto seco para Rivera.

Según contaron a El Observador participantes de la reunión, ambos países también lograron un acuerdo final para la construcción de los puentes sobre el Río Yaguarón.

El tema del día. Pero un tema que no estaba en la carpeta azul de Almagro y que Mujica lo trajo de Brasil en el avión que copiloteó es el de los anestesistas.

Mujica le contó a Lula del problema. «Acá nos pasa algo parecido. Tenemos el mismo problema», le contestó el presidente saliente de Brasil.

Según dijeron fuentes que participaron de la reunión, Lula le manifestó que también en su país los anestesistas resultan «muy caros» para el Estado (ver páginas 3, 4 y 5).