‘Ningún país crece si se cierra al mundo’

– ¿Recuerda cuando bajó el martillo por primera vez?

En 1961… el remate es mi vocación…

– ¿Heredada de la familia?

Mi abuelo era rematador, mi padre, que tiene 85 años, sigue rematando, dos de mis hijos son rematadores, y tengo un sobrino que trabaja conmigo. Si hay algo que hemos defendido como criterio en la actividad del remate es hacerlo por vocación.

– ¿Qué le atrajo y le atrae después de tantos años?

El remate tiene un desafío cotidiano porque uno maneja cosas de otros. Entonces la equidad es vuelve muy importante. Eso es lo que atrapa, amén del acto del remate en sí que esto que más me apasiona.

– ¿Hay algo que le guste rematar especialmente?

Hay cosas que particularmente he desarrollado.

– ¿Por ejemplo?

Los remates de pintura en Uruguay eran organizados por las galerías. En la década del 60 decidí que teníamos que organizarlo nosotros.

Uno de los primeros remates fue de las obras de un coleccionista que se mudaba y le sobraban unos 70 cuadros. Después se siguieron los remates de pintura con gran éxito.

– ¿Se sigue invirtiendo en pintura?

La inversión de los uruguayos en pintura ha cambiado. En los años 50, compraban pintura extranjera y los remates casi no incluían pintura nacional. Hoy, los remates importantes son de pintura uruguaya. En parte se debe a lo que han hecho galeristas uruguayos en el extranjero. Eso posibilita que la pintura uruguaya crezca y tenga enormes posibilidades de seguir creciendo.

– ¿Qué otro rubro es fuerte para los remates?

El otro remate que cambió, y que ha tenido una caída en vez de seguir creciendo, es el de las alhajas. Cuando empecé en el remate, los remitentes eran las casas de empeño. Yo había trabajado un verano en la joyería Bisignano, porque había repetido un año de liceo debido a que me pasaba haciendo deporte, y mi padre me dijo: ‘Vacaciones tuviste todo el año… así que anda a trabajar’. Y trabajé aquel verano en esa joyería. Cuando al remate venían las alhajas, ya que nadie sabía ni reconocer un brillante, se las llevaba a Bisignano para que las clasificara. Cuando uno está rematando tiene que saber lo que valen las cosas. El me hacía una tasación técnica pero yo iba haciendo la mía en base a lo que veía que se buscaba. Eso hizo que me fuera involucrando con las alhajas. No es que le tenga cariño a esos rubros, pero los inicié como estudio propio.

– ¿Qué fue lo que más le costó rematar?

He tenido remates exitosos y otros que han sido un fracaso.

Quizás uno de los fracasos más grandes, pero a su vez el que mejor hice fue hace unos diez años. Me llamaron porque se hacía una exhibición de anticuarios argentinos en Punta del Este. Como era mercadería que venía sin impuestos había que rematarla para que el beneficio pudiera ser para cualquiera. Yo les dije que esos remates no daban resultados, y que además Punta del Este no era un mercado muy firme para los remates. Me preguntaron si era que yo no quería hacer el remate. No, mi función como rematador es decirle a los comitentes cuáles son las posibilidades o no de éxito. Decidieron hacerlo. Eran 2.000 lotes. El lanzamiento de la exhibición fue espectacular, con un cóctel al máximo y fuegos artificiales. Llega el día del remate, había bastante gente y 2.000 lotes para rematar. Pasaba un lote, lo sacaba a remate y no lo vendía, sacaba otro y tampoco, y así pasaba con casi todo. En un momento dado cambié el sistema y ‘exhibía’ los lotes y después preguntaba si alguien estaba interesado. Vendí 40 lotes de 2.000.

– ‘El que avisa no es traidor’.

Claro. Como remate fue un fracaso, que era lo que yo pensaba, pero como acto de remate fue un éxito. La gente estaba alrededor de la piscina, tomando champagne.

– Hablando de éxitos, ¿cómo considera el remate del Fondo de Recuperación?

En alguna discusión se me planteó que yo quería que el cuadro ‘Entre dos luces’ de Blanes saliera porque lo iba a vender mejor. Pero si hay algo que nunca he hecho en toda mi actividad profesional es aconsejar en base al resultado económico que pudiera tener. Yo entendía que el cuadro debía salir porque a Uruguay le servía, y porque al patrimonio de Uruguay muy por encima de que quedara acá le servía que el cuadro estuviera en el extranjero. Hoy día, el cuadro está en el país pero no sabemos quién lo compró ni dónde va a estar. ¿No sería mejor para nuestro patrimonio que estuviera en un gran coleccionista de pintura internacional? Ningún país crece si se cierra al mundo.

– ¿En cuánto remató el Blanes?

En 310.000 dólares.

– ¿Esa filosofía aperturista la defiende en la Cámara de Comercio?

Sin duda, la Cámara ha defendido la apertura comercial. No hay ningún país que crezca cerrándose. Sin querer tomar posiciones políticas porque no las tengo ni me interesan, insisto en que los países que se cierran no crecen.

– Usted ha dicho varias veces que el sector comercio está ‘a la cola’ de la reactivación ¿cómo lo ve hoy?

Creo que los uruguayos nos cerramos a ver muchas realidades. En el mundo hay dos Ítems que son fundamentales para el crecimiento de las empresas: el crédito y los tributos. Para que haya crédito tiene que haber confianza, y además, el país no tiene una política tributaria. Crea tributos para solucionar problemas. Mientras no se haga eso no va a haber crecimiento. ¿Qué sector crece y captan inversión? El agropecuario, que no tiene tributos. El sector comercio y servicios aporta el 76% de lo que se recauda en el BPS y DGI; el 15% la industria y el resto el agro.

– Pero el comercio y los servicios generan la mayor cantidad de puestos de trabajo…

Esa es una de las cosas que nos cuesta hacerles entender a los sectores políticos. El primer día que asumí en la CNCS invité al Dr. Tabaré Vázquez, porque era la persona más votada del país: nunca logré que fuera. El presidente Lagos, en Chile, se reúne todos los meses con los empresarios, y eso que es socialista.

¿Cómo es posible que no se escuche a este sector tan importante? El comercio da el 46% de la mano de obra, contra el 5% del agro y el 15% de la industria, y el resto son empleados públicos.

– ¿Será un problema de lobby entonces?

También. No somos partidarios de los ministerios sectoriales, porque no nos parece bueno que haya alguien que pelee en beneficio de un sector que puede perjudicar a otro. Como no tenemos un ministerio de Comercio, es el sector que está más gravado, más sumergido y más perjudicado en muchas cosas. Y que además, tiene la contra de que cuando es presionado pasa al informalismo.

El crecimiento de los sectores de servicios es ilimitado. Para que el campo crezca el doble tendría que haber un acontecimiento mundial. Para que el software o la logística crezcan no hay ninguna limitación. Pero en este país no le damos importancia a los servicios.

– Usted hablaba de la necesidad de crédito, ¿qué opina del fideicomiso?

Es una forma de crédito que a Uruguay le va a venir muy bien.

– Perdió un año de liceo a causa del deporte…

Siempre me gustó el deporte en competencia. Hasta los 18 años jugué al tenis. Cuando empecé a trabajar jugué al fútbol en la ‘extra’, en el Cruz del Sur, que era un club nacido a instancias de un cura del Seminario.

– ¿Era bueno?

Me defendía. Después jugué al squash, y ahí podía decir que era bueno. Llegué a ser campeón sudamericano de veteranos y jugué competitivamente hasta los cuarenta y pico.
También jugué en forma competitiva al polo cross, con un equipo formado por mis hijos. Últimamente juego al golf. Antes creía que el golf era un ‘jueguito’, pero luego me di cuenta por qué la gente se prende. Es un deporte que requiere mucha concentración, la competitividad es enorme, y me alegro de haber empezado. Además, es un deporte que uno puede hacer después de cierta edad.

– ¿El deporte y la empresa se parecen?

El deporte ayuda en la formación del individuo: se aprende a perder, a recuperarse, a luchar, a ganar. La formación que da el deporte es esencial para la vida.