Obama pisa en falso y McCain no se endereza.

Todo parecía marcar que ese constante 15 a 18% de ventaja del senador negro por Illinois lo trasladaría sin mayores tropiezos hasta el final de la carrera presidencial de Estados Unidos el próximo 4 de noviembre.

Pero sorpresivamente los consejos de los «cerebros» que comandan el equipo electoral de Obama erraron el camino y equivocaron las predicciones. El viraje acentuado que dio en su discurso y en las opiniones sobre los problemas que más inquietan a los estadounidenses -economía, Irak, Afganistán e inmigrantes- provocó una «estampida» de muchos de sus seguidores. El carismático y joven candidato pasó de pronto de ser el «líder del cambio» al político tradicional de Washington; de exhibir una tendencia de izquierda, obviamente de acuerdo a los criterios de Estados Unidos, a conformar una definida posición de centro.

El nuevo camino en el discurso de Obama es notorio. En los momentos de euforia en la lucha de las Primarias contra la senadora Hillary Clinton había lanzado en las tribunas definiciones muy concretas, tales como abrir el diálogo directo con el líder cubano Fidel Castro, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad o su colega venezolano Hugo Chávez. Sin embargo, ahora en plena campaña contra los conservadores republicanos tomó la senda del medio.

Ahmadinejad ingresó en la «lista negra». Sabe perfectamente que el pueblo estadounidense lo observa con temor y ejemplifica como «enemigo» y peligroso para la integridad física del país. Reitera que está dispuesto a levantar el embargo a Cuba y a dialogar pero sólo si da señales concretas de que inicia seriamente el proceso de la democratización del país.

Un paso similar, con marchas y contramarchas, ha dado Obama con respecto a Irak y Afganistán. Basó gran parte de su oratoria en el inmediato retiro de las tropas estadounidenses, luego marcó la conveniencia de un compás de espera de 16 meses antes de iniciar cualquier movimiento de retorno. Ahora deja una posible salida al problema a su futura visita a Bagdad para observar «in situ» el conflicto y hablar directamente con los mandos del Ejército en Medio Oriente, poniendo énfasis en dirigir las baterías contra los talibanes en Afganistán.

Tampoco el candidato republicano, John McCain, ha tomado ante la opinión pública el liderazgo de los problemas que acosan a Estados Unidos. La prensa y la opinión pública le reconocen mayor experiencia por sus antecedentes como prisionero en Vietnam en temas bélicos, pero no se entusiasman con sus soluciones, las que califican de «continuistas de la política exterior de la Administración de George W. Bush» y tampoco confían en la repetición de las frases del actual inquilino de la Casa Blanca: «Volveremos victoriosos de Irak y Afganistán».

En cuanto a la crisis económica ninguno de los dos candidatos se introduce en honduras. Prometen soluciones rápidas sin manejar planes concretos. Ven que el gobierno, el departamento del Tesoro, Henry Paulson y de la Federal Reserve, Ben Bernanke, tropiezan constantemente y cambian semana a semana los augurios sobre la crisis inmobiliaria, la situación inflacionaria, el precio del petróleo, sin dar una sola vez en el blanco; y entonces ellos, por ahora menos comprometidos, bajo el argumento que carecen de toda la documentación, evitan ingresar en temas escabrosos y sumamente urticantes para la ciudadanía estadounidense.

La inmigración es otro de los terrenos más resbaladizos para ambos candidatos y los dos han cambiado sus públicos puntos de vista. McCain, redactor de un proyecto junto al senador demócrata Edward Kennedy, que contemplaba en mucho las aspiraciones de los 12 millones de inmigrantes ilegales, que fue rechazado durante la legislatura pasada, hoy exhibe un criterio más conservador para conceder visas de residentes, en un intento de asegurar el voto de los sectores más ultras de los republicanos que le resisten y lo tildan de «liberal».

Obama, que no tuvo un papel protagónico durante su permanencia en el Congreso en materia de indocumentados, durante las Primarias habló de ampliar los criterios de admisión. Hoy se muestra más centrado en sus proyectos, es partidario de legalizar a la mayoría de los millones de ilegales (los que carezcan de antecedentes penales), aunque pone especial énfasis en los controles fronterizos severos con México, en el idioma inglés y el pago de una importante multa previa por haber permanecido en violación de las leyes americanas.

Las dos soluciones son resistidas por las múltiples asociaciones de inmigrantes a lo largo y ancho de Estados Unidos, se consideran restrictivas.

Un asunto de enorme importancia para los dos candidatos radica en la designación del candidato a vicepresidente. En los últimos días Hillary Clinton ha recobrado posibilidades entre los demócratas. Existe un fuerte grupo, se estima unos 7 millones de votantes que la acompañó en las Primarias, que no daría su apoyo a Obama si no es incluida en la fórmula.

En tanto se insiste como firme para ir junto a McCain en el ex candidato a presidente y ex gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, un hombre catalogado como excelente administrador, aunque cuestionado por su religión mormona.