Obama y Lula se enfrentan en la crisis de Honduras.

Por eso ha decidido aceptar el resultado de las elecciones del próximo domingo 29 de noviembre, aunque Manuel Zelaya no haya vuelto a la presidencia de la que fue depuesto. Lula ha sido igualmente explícito y claro: Brasil no aceptará el resultado de las elecciones e insiste en que Zelaya tiene que volver a la presidencia de su país, por considerar que su expulsión del país, el pasado junio, fue un golpe de Estado.

Según el asesor de Asuntos Internacionales de Lula, Marco Aurelio García, que fue quien informó de la carta de Obama, Estados Unidos presiona a los países latinoamericanos para que reconozcan las elecciones como un acto institucional que serviría para «empezar desde cero» en el país centroamericano.

Para García, la decisión de Estados Unidos es un regalo a los golpistas de Honduras y ha hecho saber que, para Brasil, la presencia de Zelaya en su Embajada de Tegucigalpa no supone ningún engorro diplomático, sino una tentativa de resolver pacíficamente el conflicto.

Honduras no es el único punto de fricción: Irán también suscita diferencias entre Washington y Brasilia. La Casa Blanca envió la carta de Obama el pasado domingo, víspera de la visita del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, a Brasil. Obama le recuerda a Lula la posición estadounidense respecto al programa nuclear de Teherán, y le pide que exprese su apoyo a los esfuerzos internacionales para lograr un compromiso con Teherán. Lula, en respuesta, reitero el lunes su apoyo al derecho iraní a tener su tecnología nuclear.

Es la primera vez que Obama y Lula se enfrentan públicamente. Los dos líderes mundiales con mayor peso popular del planeta (de Lula dijo el mismo Obama que era el político por antonomasia) se encuentran en posiciones opuestas difíciles de conciliar.

No es pensable que la sangre llegue al río, pero según los analistas políticos puede ser esta la primera vez que Lula se vea ante las cuerdas en un conflicto internacional, él que ha sido siempre considerado un gran conciliador con vocación de mediador en las contiendas.

Sin duda, Brasil se encontró con la papeleta de la entrada de Zelaya en su embajada de Tegucigalpa, sin haberla buscado. Quizás nunca se sabrá si fue Lula quien jugó la baza de la embajada para conseguir ser el mediador en el conflicto, desbancando la mediación ya en curso entonces de Óscar Arias, o si cerró los ojos para no contrariar a su amigo el presidente Hugo Chávez que le habría organizado el enredo. Cierto es que Brasil acabó asumiendo todos los riesgos y se ha mantenido hasta hoy firme en su apoyo a la legalidad pisoteada.

Es verdad, como ha confiado a este diario un buen conocedor de Lula, que las cosas se fueron complicando y el presidente brasileño, que tiene un gran olfato político, hubiese preferido no verse de protagonista en la trama del enredo sobre todo cuando la intransigencia y el histrionismo de Zelaya, abusando de su acogida en la embajada brasileña, comenzaron a ponerse feos.

Brasil, sin embargo difícilmente podrá ya echar marcha atrás. Tanto el ministro de Asuntos Exteriores Celso Amorim como el poderoso asesor García son hombres de la izquierda del Partido de los Trabajadores y han sostenido a Lula en todo momento en su postura intransigente. «Un golpe es un golpe y todo lo demás es jugar con la legalidad democrática» habría dicho García y a ese principio se ha acogido siempre Lula.

Los expertos en derecho internacional han derramado estas semanas pasadas ríos de tinta para discutir si en realidad se había tratado de un verdadero golpe, dado que la Constitución de Honduras permite la deposición del Presidente, que intente violarla, algo que habría hecho Zelaya. Puede ser discutida la forma cómo Zelaya fue retirado del cargo, es decir, por la fuerza y sin proceso legal, pero la forma de deponerlo ¿atañe a la substancia de haberse convertido en reo?, se preguntaron varios especialistas de derecho internacional.

Ahora que Obama ha tomado su decisión definitiva y se la comunicado oficialmente a Lula, todos los focos están puestos en cómo Lula, tras su reacción inmediata de afirmar que Obama se equivoca, podrá salir de este atolladero. Va a necesitar, dicen los expertos en política exterior, de toda su fuerte intuición política para hacerlo sin enfrentarse frontalmente con el único líder del planeta más popular y más poderoso que él.

La solución a Lula se la podría brindar sólo Zelaya aceptando salir libremente de escena en un gesto de generosidad para contribuir a devolver la paz al país. Queda poco tiempo para ello. ¿Será Lula capaz de convencerle?