Obreros ‘desalojan’ a empresario y retoman control de curtiembre

El ambiente estaba caldeado. Afuera de la curtiembre Naussa más de dos centenares de hombres con la sangre hirviendo esperaban para retomar la ocupación. Adentro, separados por un portón, un grupo de no más de 20 personas que la tarde anterior habían ingresado a la fuerza liderados por el propietario de la empresa, se mantenía expectante. Ante la disparidad de fuerzas, la Policía no tuvo mejor idea que aconsejarles a los que estaban adentro que salieran y dejaran entrar a los de afuera. “¿Y usted qué hubiera hecho frente a 300 personas enardecidas?”, preguntó el jefe de Policía de Canelones, Sergio Guarteche, cuando fue abordado por periodistas.
Los ocupantes sacados el martes en medio de una gresca con un saldo de al menos 10 heridos, le habían dado 45 minutos de plazo a la Policía para que buscara una solución. Luego entrarían por la fuerza.

Bajo una lluvia de insultos, golpes y piedras a los vehículos, los propietarios de la curtiembre y los empleados que los acompañaban salieron custodiados por la Policía.

El segundo “desalojo” en 24 horas de la curtiembre Naussa, ubicada en el kilómetro 23,500 de la ruta 67, en la zona de Las Piedras, dejó otra vez el control de la empresa en manos de los sindicalistas y agregó más leña al fuego en el debate en torno a las ocupaciones de lugares de trabajo.

Retomar la ocupación –lo que implicaba la salida de la curtiembre del propietario, Constantino Troupkos, y de su personal de confianza– había sido una condición del PIT-CNT en horas de la mañana en una reunión en el Ministerio de Trabajo (MTSS) con los abogados de Naussa a fin de instalar una mesa de diálogo. Al principio, Troupkos se negaba a dejar su empresa, pero con el correr de los minutos fue cambiando de opinión.

“Van a salir con la cola entre las patas”, dijo el dirigente del PIT-CNT, Marcelo Abdala, en una improvisada asamblea a la hora 14, en un descampado frente a la curtiembre. “Si no salen ahora entramos igual”, gritaban los curtidores amotinados afuera.

Abdala y Luis Puig –integrantes del Secretariado del PIT-CNT–, ganaban tiempo explicando qué había pasado por la mañana en la reunión en el MTSS. Abdala informó que los propietarios de la curtiembre y “sus lacayos” iban a dejar la fábrica para que se pudiera retomar la ocupación.

El inspector principal Leonardo Ruiz entró y salió varias veces de la curtiembre. Hablaba con los propietarios y con los trabajadores. A los de adentro los intentaba convencer de que debían salir y a los de afuera que los dejaran pasar sin agresiones. Así estuvieron por más de una hora. Ruiz le dijo al hermano del dueño de la fábrica, Jorge Troupkos, que la situación afuera era insostenible y que lo más prudente era que se fueran por las buenas. Mientras tanto, una escribana recorría la curtiembre y labraba un acta junto a un empleado que tras ella cerraba todas las puertas con llave.

A falta de 15 minutos para la hora 15, Puig hizo el anuncio: “en 10 minutos van a salir”. Los gritos de victoria inundaron el lugar.

Una vez adentro, hubo saltos y abrazos de alegría. A los trabajadores de Naussa los llevaron en andas hasta una plataforma, donde el presidente de la Unión de Obreros Curtidores (UOC), Ramón Martínez, felicitó a los ocupantes.

El ministro interino del Interior, Juan Faroppa, dijo a El Observador que el papel de la Policía fue mantener el orden. Explicó que, una vez que los trabajadores retomaron la ocupación, la seguridad en la curtiembre “está en manos del sindicato”.

Por su parte, el ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi, dijo a El Observador que “rápidamente” se convocará a las partes para retomar la negociación. Cuando se acordó la “reocupación” por parte de los sindicalistas, el Ministerio de Interior le propuso al MTSS que estuviera presente en la firma del acta de entrega de la planta a los trabajadores. Bonomi no aceptó porque el tema estaba en la órbita judicial y el papel de su cartera era el de “negociar” con las partes.