Occidente presiona a Rusia y advierte por nueva guerra fría.

Rusia está siendo sometida a presiones por haber reconocido la independencia de dos regiones separatistas georgianas –Osetia del Sur y Abjasia– en una iniciativa que “preocupa” a China y llevó a Occidente a pedirle que no “comience” una nueva guerra fría.
La Unión Europea (UE) se encuentra muy inquieta por los movimientos rusos. El presidente francés y de turno de la UE, Nicolas Sarkozy, se mostró firme ayer ante Rusia, cuya pretensión de cambiar “unilateralmente” las fronteras de Georgia es “sencillamente inaceptable”, y le advirtió sobre las consecuencias de su actitud para las relaciones con la UE.

Moscú reconoció el martes la independencia de esos dos territorios pro rusos; según el propio gobierno, se tomó esa decisión por la ofensiva georgiana a principios de mes que tenía por objetivo terminar con las aspiraciones separatistas de Osetia del Sur. Rusia dijo que no tuvo más remedio que embanderarse con las causas de Osetia del Sur y Abjasia, territorios que gozaban de gran autonomía en la época de la Unión Soviética, y que el ataque de Tiflis generó una nueva realidad en el Cáucaso.

Eje y presión. China, que había permanecido en silencio y ocupada en los Juegos Olímpicos, dijo estar “preocupada por los últimos acontecimientos en Osetia del Sur y Abjasia”, según el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Qin Gang.

Unas palabras que se conocieron poco antes de una reunión entre el presidente ruso, Dimitri Medvedev, y su homólogo chino, Hu Jintao, en Dushambé, capital de Tayikistán, aprovechando la cumbre de los países de la Organización de Cooperación de Shanghai.

Medvedev, quien reservó para China su primera visita oficial relevante desde su investidura en mayo, desea, al igual que hizo su predecesor Vladimir Putin, componer un eje Moscú-Beijing, habida cuenta de que sus relaciones con Occidente no atraviesan por su mejor momento.

Entre tanto la presión iba en aumento, con críticas que se sumaron a las del presidente francés.

El secretario del Foreign Office, David Miliband, declaró en Kiev que correspondía a Rusia “no empezar” una nueva guerra fría, aunque estimó “contraproducente aislarla”.

“Rusia era, es y seguirá siendo el último país del mundo en querer que se repita la guerra fría”, le respondió Dimitri Peskov, portavoz del primer ministro ruso, Vladimir Putin.

El presidente ucraniano, Viktor Yushenko, decidido a integrar su país en la OTAN, estimó que la iniciativa rusa constituía “una amenaza para la paz” en toda la región y Europa.

La UE debería respaldar claramente una adhesión de Ucrania para evitar que este país se convierta, después de Georgia, en “el próximo blanco de las presiones políticas” de Rusia, consideró el comisario europeo para la Ampliación, el finlandés Olli Rehn.

La Alianza Atlántica urgió a Rusia a “revocar su decisión” de reconocer la independencia de los dos territorios que “viola numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU” sobre “la integridad territorial de Georgia”.

Las autoridades georgianas, por su parte, decidieron reducir sus vínculos con Rusia, dejando a tan sólo dos diplomáticos en Moscú.

En la región, la confrontación entre rusos y Occidente comenzaba a tomar cuerpo en el mar Negro, donde Moscú acusa a la OTAN de concentrar fuerzas navales escudándose en maniobras y en la entrega de ayuda humanitaria para Georgia. La flota rusa recibió orden de vigilar los movimientos de los navíos de los países de la OTAN en el mar Negro.

Paralelamente, un guardacostas estadounidense, el Dallas, cargado con material humanitario, llegaba a Batumi, en el suroeste de Georgia, con el objetivo de irse nada más descargar la mercancía.

El crucero Moskva de la flota rusa del mar Negro y otros buques rusos atracaron en la bahía de Sujumi, capital de Abjasia. (AFP y EFE)