Palabras del Dr. Dagoberto Lima Godoy

Dr. Dagoberto Lima Godoy (Vicepresidente Regional de la OIT para América Latina): 

Buenos días a todos y a todas. Antes de nada quiero que me perdonen el portuñol y saludar a nuestros compañeros Arnaldo Castro de la CNCS, al capitán Dimitrios Linas que está aquí en representación de mi amigo Diego Balestra presidente de la CIU, a mi amiga Martha Pacheco de la CINTERFOR y quiero saludar a todos y a todas.

Que estoy haciendo yo aquí invitado por estas 2 gremiales y por la OIT.

La OIE es posiblemente la más amplia organización de representación empresarial del mundo.

Nosotros tenemos como asociados 147 gremiales más representativas en cada uno de los 140 países en los que estamos. Y en Uruguay están 2 que nos reciben hoy. Es por eso que tenemos la obligación de mirar el mundo como un todo, de conocer la realidad de todas las regiones y por esto mismo penetrar en este fenómeno, en este hecho que se impone a todos nosotros que es la globalización.

Así la OIE pretende estar en el terreno de los países en que es solicitado para contribuir con esta visión amplia para la discusión de los problemas locales. Así nosotros vemos con gran satisfacción esta oportunidad que nos da la presentación de este compendio de documentos de la OIT y de venir aquí para decir algo sobre como las cosas están aconteciendo en este momento que tiene como marco a todos sin excepción la llamada crisis que empezó como crisis financiera o se ha desdoblado en una crisis económica y finalmente golpea con toda la violencia en el campo social con este fenómeno del desempleo que se generaliza en todo el mundo.

Por esto mismo hicimos ahora en Lisboa hace pocos días, un foro empresarial que reunió un público tan amplio y calificado como este del continente europeo para justamente poner la visión de la OIE delante del desafío de la retomada de la economía y de la lucha contra el desempleo. Este documento esta ciertamente a su disposición en las Cámaras de aquí de Uruguay.

Porque el problema es que es necesario comprender lo que pasa en el mundo para poder tener una respuesta correcta a la crisis.

Comprender significa no solamente identificar su causa reciente, cual sea los problemas del mercado inmobiliario de EEUU, España y otros países, la crisis financiera que a recaído sobre las cabezas de todo el mundo, pero identificar las causas remotas de todo esto que es justamente la gran transformación por la que pasa el mundo en virtud del salto tecnológico que ha marcado el final de la 2ª mitad del siglo pasado y que ha impuesto el fenómeno de la globalización. Hablo de la globalización de la economía, no la globalización de los otros campos de la vida humana.

La regla fundamental es  la competencia implacable porque la evolución tecnológica no para, se renueva día a día. El cambio de recursos de ideas, de métodos de gestión, pone más velocidad en el proceso, exige cada vez más.

Esto significa para las empresas una imposición de acompañar el proceso. Y acompañar el proceso dinámico de velocidad vertiginosa significa también tener una gestión dinámica, ágil, flexible, si me permiten este término que esta muy marcado en el diálogo social, mal marcado.

Sin esta agilidad de gestión, las empresas están condenadas al fracaso. Es mucho más cuando esta crisis significa un ingrediente más en la profundización de esta competencia. ¿Por que? Porque el mercado se torna más restricto e consecuentemente es más difícil encontrar y mantener un lugar en el mercado, sea nacional, sea internacional.

Entonces nosotros tenemos que entender esto. Nosotros quiero decir, la sociedad como un todo, especialmente los gobiernos, los Estados, los legisladores, tienen que comprender esto.

No es hora, en este momento de poner más ataduras, obstáculos a la gestión de la empresa. Mucho por el contrario, ahora es una exigencia de los tiempos de revisar toda la regulación que existe en las relaciones de trabajo con un objetivo fundamental, que es luchar contra el desempleo, mantener los empleos existentes y crear otros.

Como 2º objetivo indispensable, la gestión flexible y dinámica de las empresas. No empresas de manos atadas, empresas libres para trabajar. El problema es que la tendencia de los gobiernos en general y puedo decir que especialmente en nuestra región iberoamericana la visión es contraria. La visión es de que en virtud de la crisis que ciertamente es una crisis dentro del proceso capitalista se deduce que el capitalismo como sistema ha fracasado, murió y por esto significa que hay un espacio a llenar. ¿Y quien va a llenar ese espacio? El Estado, todo poderoso, que tiene recursos, que tiene el saber. Y por esto hay una ola de intervencionismo y que va en la dirección contraria del sistema económico competitivo que exige libertad de acción de las empresas. Esto fue analizado por nosotros en Lisboa.

En ese documento dice que hay un desafío esencial, que es la lucha contra el desempleo. Porque sin empleo las personas en general, la grande masa de la población no puede sobrevivir. Pero no hay empleo sin empresas, y empresas sostenibles como decía el compañero Arnaldo.

Bueno, al mismo tiempo, nosotros aclaramos que esto de las empresas libres no significa violentar los derechos de los trabajadores, no significa aceptar la explotación de las personas, no, significa sí al trabajo decente como es conceptuado por la OIT, pero significa a su vez, la existencia de empresas sostenibles.

En este binomio muy bien destacado por Arnaldo Castro, está la respuesta. Nosotros tenemos que perseguir trabajo decente sí, pero sin empresa sostenible no puede haber trabajo decente. Pero no hay empresa sostenible en medio a una crisis profunda, sin libertad de gestión.

Pero esa libertad de gestión tiene límites, establecidos de un lado por los derechos de los trabajadores y por el otro lado los derechos de los empleadores, que es el tema de esta jornada.

¿Pero cuáles son los Derechos de los Trabajadores?

Para nosotros del mundo del trabajo de la OIT hubo un hecho fundamental que fue la declaración de los principios y derechos fundamentales del trabajo aprobada por unanimidad en la conferencia internacional del año 98.

Ahí están los derechos fundamentales. Los que en ninguna hipótesis, en ninguna circunstancia pueden ser violentados. Y los demás dependen de las circunstancias. Son conquistas, son conquistas estables, que cambian delante de nuevas situaciones emergenciales y dependen también de la situación de cada país, de cada región, de cada momento del mercado nacional o internacional.

¿Y los derechos de los empleadores, cuáles son?

Nosotros vivimos una cosa muy interesante. En este campo llamado del derecho laboral.

El derecho laboral especialmente en los países de tradición romana el derecho laboral es unilateral, trata prácticamente sólo los derechos de los trabajadores en la estructura jurídica de las normas. ¿Y los contratos laborales son bilaterales, no?

Entonces hay un vacío a llenar. Es verdad, los derechos fundamentales de los empleadores, son justamente, la libertad de emprender, la libertad de gestión, y  el derecho de propiedad que es el fundamento de todo el sistema capitalista. En 2006, en la última reunión americana de la OIT no hubo condición, no hubo posibilidad de incluir en el documento aprobado por esta reunión, esta afirmación de que el Derecho  de propiedad es uno de los fundamentos de las relaciones laborales. No aceptaron ni los representantes de los trabajadores, ni los representantes gubernamentales y esto es muy significativo.

Termino diciendo que es en este marco de la crisis y de la globalización que los países tienen que poner su respuesta a la situación tan grave que viven hoy, para recuperarla a la economía, para la retomada del proceso económico y para sostener los empleos.

Yo creo que un camino fundamental para esto es aceptar que la regulación oficial necesita adaptarse a las circunstancias cambiales del escenario nacional y mundial.

Es una de las condiciones fundamentales. La segunda, es como adaptarse. Y ahí hay que haber por parte de los Estados una cuestión de humildad, de no soberbia, de renunciar a la idea que es posible en un mundo tan complejo, en un sistema social político y dinámico tan rápido en su evolución, en sus complicaciones, poner en las leyes todas las respuestas a todas las situaciones.

En el campo de las relaciones de trabajo, eso quiere decir, más negociación entre los actores y menos legislación. No cero  legislación, sino legislación básica, que determine un piso.

Este piso inviolable como la declaración del 98 de la OIT. Pero de ahí para arriba, es necesario dejar que las partes, los trabajadores representados por sus sindicatos, sindicatos serios, representativos, bien intencionados, que pongan los intereses de sus asociados arriba de cualquier otro interés personal y político. Esos trabajadores, con sus empleadores, representados por sus gremiales, sus representantes legítimos, lleguen a adoptar en cada caso, las mejores condiciones de trabajo con miras al trabajo decente y la sostenibilidad de la empresa.

Es necesario renunciar a esta idea del Estado omnisciente, que sabe todo y que tiene todo el poder.

Esta es la lucha que tenemos hoy en todo el mundo. Y yo espero que aquí en Uruguay, este país especialmente querido por, mí que soy vecino del país de Brasil, de Río Grande del Sur, puedan ustedes empresarios y empresarias uruguayos, puedan obtener esta comprensión del proceso de la situación de las autoridades uruguayas y de los compañeros de trabajo, los líderes sindicalistas, para que podamos evitar aquí como en otras partes del mundo, los errores fundamentales de tomar regulaciones que al contrario de mantener los empleos e incentivar la economía, retomar su proceso de creación de riqueza, pongan obstáculos y ataduras en las manos de los gestores empresariales y así nos impidan de mantener la sostenibilidad de las empresas, la competitividad de la economía de cada país en el mercado competitivo mundial.

Estos son los deseos de la OIE y con el compromiso de estar a su lado presidentes, siempre que los podamos auxiliar.

Nunca para substituir ni para dar lecciones, siempre para traer informaciones y esta mirada de afuera que es la característica de una organización internacional tan amplia como la OIE.