Palestinos eligen entre la debilidad de Fatah y la violencia de Hamas

Por primera vez en su historia, el partido fundado por Yasser Arafat se está preparando sobre el escenario mundial para ir en contra de su viejo rival, los radicales de Hamas. Si bien Hamas ha perpetrado veintenas de atentados suicidas con bombas en contra de Israel y es incluido en una lista de grupos terroristas que lleva el Departamento de Estado de Estados Unidos, muchos palestinos lo respetan por su piedad, su postura en contra de la corrupción, aunado a su red de servicios sociales.

Los comicios palestinos habrían pasado casi desapercibidos de no ser por la sorprendente decisión del movimiento islámico radical Hamas de participar por primera vez en un proceso electoral.

Animado por el éxito registrado en las municipales de finales del 2005, el grupo quiere repetir victoria y su avance ha obligado al Fatah, instalado en el poder desde hace años, a renovar su estrategia y sus promesas electorales.

El terreno también cambió para los palestinos con la muerte de Yasser Arafat, ocurrida en noviembre del 2004, quien había personificado y controlado la política palestina durante varias décadas, y volvió a cambiar con el retiro que Israel llevó a cabo durante el verano pasado de la Franja de Gaza luego de 38 años de ocupación.

Ahora, una lucha generacional al interior del partido de Arafat, Fatah, ya estalló claramente en anticipación a las elecciones de hoy en las cuales se elegirán 132 integrantes del Consejo Legislativo de los Palestinos, el parlamento para Cisjordania y la Franja de Gaza.

Palestinos que otrora estaban aterrados como para hablar mal de Arafat y su círculo interno ahora critican firme y abiertamente la corrupción de la «vieja guardia» del Fatah. En los días previos a los comicios, la generación más joven del partido ha amenazado con escindir al Fatah y llevar su propia lista de candidatos, han estallado batallas con armas de fuego entre las facciones, y algunos integrantes veteranos de Fatah incluso han echado su suerte con rivales de Hamas.

Toda esta agitación les ha traído a los palestinos una elección más significativa que la que tuvieron en febrero pasado, tres meses después de la muerte de Arafat, cuando eligieron a Mahmoud Abbas como el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, el organismo gobernante de los palestinos.

Ahora, Fatah, que controla el gobierno y el Parlamento, no desea perder su mayoría en la cámara y tampoco se imagina haciendo una alianza con Hamas para conservarla.

Si bien el parlamento, la rama legislativa de la autoridad, tiene mucho menos poder que el presidente, los palestinos consideran que las elecciones legislativas son más bien un referendo sobre su dirigencia. La legislatura aprueba a los integrantes del Gabinete, supervisa el presupuesto, y puede emitir un voto de no confianza en el gobierno.

Además, forma parte de una Autoridad Nacional Palestina que ya está desacreditada ampliamente ante los ojos tanto de palestinos como de israelíes, cuya intervención militar puede aplastar la autoridad a voluntad. La violencia en cada etapa del proceso electoral —hombres armados que toman por la fuerza oficinas electorales y emiten demandas, enfrentamientos en las calles que alteran las elecciones primarias de Fatah— ha puesto de relieve la debilidad de la Autoridad Palestina.

PRESION. Las autoridades palestinas sufren la presión de la comunidad internacional, que considera a Hamas un grupo terrorista y amenaza con bloquear «sine die» las negociaciones de paz si entra a formar parte del gobierno. Además, la entrada de Hamas al Parlamento podría significar un corte en las ayudas económicas de Europa, como advirtieron sus responsables.

Según un sondeo publicado ayer, el Fatah, partido en el gobierno palestino, perdería la mayoría en el Parlamento en estas elecciones al conseguir 59 escaños de un total de 132, seguido de Hamas, con 54.

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, ha manifestado que las elecciones serán democráticas y por ello, su gobierno aceptará cualquier resultado.

No obstante, ha advertido a Hamas de que antes de entrar al gobierno deberá aceptar los acuerdos de Oslo, que dieron lugar a la Autoridad Palestina, y reconocer la existencia de Israel.

Para ganar más votos, Hamas ha suavizado su discurso y Fatah ha salido a las calles pidiendo a los electores una segunda oportunidad para poner fin a la corrupción y a la parálisis que carcome su estructura.

En estos días, numerosos líderes del movimiento radical que defiende la lucha armada y predica la destrucción de Israel en su carta fundacional, han manifestado incluso que están dispuestos a negociar con el enemigo por el bien del pueblo palestino.

«Las negociaciones con Israel no están prohibidas», manifestó Mahmud Zahar, candidato de Hamas, afirmando no obstante que tampoco eran un objetivo del grupo radical.

«Si el enemigo israelí tiene propuestas para hacernos, referentes a la interrupción de los ataques o la liberación de los presos, encontraremos mil y una maneras de hacer un contacto», añadió.

Pero la cuestión de las conversaciones con Israel es un punto que provoca numerosas divergencias entre los líderes de Hamas. Sin ir más lejos, el número uno de la lista del movimiento, Ismail Haniyeh, recalcó que las negociaciones no estaban en la agenda del movimiento.

Las elecciones ayudarán a fijar el rumbo en lo tocante a cómo enfrenta la Autoridad Nacional Palestina a Israel tras 12 años desde que se firmaron los Acuerdos de Oslo, mismos que supuestamente iban a dar paso a la creación de un estado palestino, pero más bien quedaron empantanados en un atolladero que condujo al conflicto más sangriento que se haya producido entre palestinos e israelíes desde 2000 hasta 2005.

Ambas partes habían albergado la esperanza de que la muerte de Arafat, en noviembre del 2004, daría origen a una nueva dirigencia con la legitimidad entre los palestinos y la influencia con el gobierno israelí necesarios para darle un sacudón al estancado proceso de paz. Sin embargo, la política palestina al parecer fue confusa y un tanto inestable durante el año pasado, incluso al tiempo que Israel ha trazado un nuevo y decisivo rumbo, construyendo de manera unilateral una barrera de seguridad para separar a los palestinos de los israelíes y retirándose de la Franja de Gaza bajo sus propios términos.

Pero, incluso con tanto en juego, muchos se sienten profundamente desilusionados con la política, que al parecer ha logrado tan poco por los palestinos, quienes luego de más de una década bajo la Autoridad Nacional Palestina aún viven en condiciones de subdesarrollo en Cisjordania y la Franja de Gaza, amén que han logrado muy poco avances en lo concerniente a relajar el control israelí sobre su movilidad y economía.