Pese a certidumbre mundial no se esperan efectos negativos en Uruguay.

Posibles impactos: Dificultad de acceso al crédito, caída de la inversión extranjera, entontecimiento de exportaciones y la disminución del precio de los commodities.

La coyuntura económica internacional atraviesa por un momento de gran incertidumbre en torno a su futuro, debido a las vulnerabilidades que afronta de un lado Europa y del otro Estados Unidos (EE.UU). En el viejo continente, la crisis de deuda sigue amenazando a varios países de la zona euro, y el Banco Central Europeo (BCE) tuvo
que salir esta semana a comprar deuda de España e Italia, debido a las altas tasas de interés que los mercados financieros estaban comprando a esos dos países, por el riesgo de un posible impago. A todo ello, se suma la situación sumamente delicada que aún afrontan Irlanda, Portugal y Grecia. Al mismo tiempo, esta semana se comenzó a temer que Francia pierda su calificación de AAA (la más elevada en la escala crediticia), lo que sumó más incertidumbres a los ya inquietos mercados bursátiles. Además los disturbios sociales ocurridos en Inglaterra (no vinculados a aspectos económicos) contribuyeron a dar una imagen de caos generalizado en la región.
Del otro lado, Estados Unidos sufrió un duro revés en su intento de recuperación, cuando la calificadora Standard & Poors decidió rebajar su tan preciada calificación de AAA a AA+, debido a las incertidumbres sobre la situación fiscal de EE.UU. Es que el acuerdo alcanzado a último momento en el Congreso estadounidense que evitó que el país ingresara en una moratoria de pagos dejó mucha incertidumbre sobre la capacidad de pago de la principal economía mundial. Obviamente los mercados reaccionaron a estos acontecimientos con mucho pesimismo sobre el futuro de la economía global, lo que se tradujo en un desplome de los principales indicadores bursátiles, que ya venían registrando caídas desde la semana anterior.

La región
En América Latina se han comenzado a sufrir los efectos colaterales del empeoramiento del escenario internacional, con una
fuerte turbulencia en sus mercados bursátiles, que se tradujo en un aumento de la cotización del dólar. Sin embargo, las principales autoridades aseguran que la región está bien parada para resistir el embate y analistas privados estiman que el dólar volverá a debilitarse.
El economista jefe del Banco Mundial, Augusto de la Torre, evaluó que las economías latinoamericanas cuentan con un buen sistema inmunológico contra la amenaza de contagio de una nueva crisis financiera global. Sin embargo, advirtió que un agravamiento de esta situación podría poner a prueba su capacidad de resistencia. «Durante los últimos 20 años la región ha experimentado una revolución económica silenciosa que le permite absorber choques externos, tal como se vio en la crisis anterior, y esos cambios aún se mantienen», interpretó De la Torre. No obstante, «una turbulencia global de magnitud inmensa», sí podría tener un impacto en el crecimiento de América Latina. «Ni siquiera los mejores sistemas inmunológicos podrían resistir ese tipo de ataques», añadió.
Ese agravamiento podría ocurrir si las economías desarrolladas caen en una nueva recesión. Una desaceleración en EE.UU. impactaría de manera más marcada a sus socios comerciales cercanos, tales como México, el Caribe y Centroamérica. Por su parte, los países vinculados a China -esencialmente en Sudamérica- sufrirían en menor medida este impacto siempre y cuando el gigante asiático continúe su fuerte crecimiento actual. El experto afirmó que la turbulencia sólo se calmará cuando los inversores recuperen la confianza en que los países ricos cuentan con la capacidad para decidir políticas públicas para enfrentar sus problemas de crecimiento económico.
En Uruguay, el ministro de Industria, Roberto Kreimerman, aseguró -tal como lo adelantara CRÓNICAS- que el gobierno apunta a tener «el financiamiento adecuado» y a apoyar a aquellos sectores más afectados. En la misma línea, también subrayó la importancia de mejorar la infraestructura del país, tanto en lo que concierne a la logística (tren, carreteras, puerto, entre otras) como a la energía.
En materia de financiamiento, el vicepresidente Danilo Astori afirmó que Uruguay cuenta con recursos suficientes para enfrentar los efectos de la volátil situación financiera internacional, con una liquidez que le permite cumplir con sus compromisos y garantizar el crecimiento de su economía.

Análisis de coyuntura
En diálogo con CRÓNICAS, el economista de PwC, Ramón Pampin, evaluó que la coyuntura internacional puede entenderse como «el mundo al revés» donde por un lado las economías desarrolladas tienen comprometidas «sus trayectorias de crecimiento» y su sistema financiero «está bajo ataque permanente», y del otro, los países emergentes muestran «un crecimiento sólido, equilibrios relativamente controlados y que cada vez más sustentan el crecimiento global». No obstante, evaluó que «cuanto más tiempo débil esté el mundo desarrollado, es más probable que los países emergentes reciban algún impacto».
Pese a ello, remarcó que una nueva recesión económica global es todavía «algo lejano» aunque reconoció que si es plausible «un débil crecimiento en el mundo desarrollado». AI mismo tiempo, «los emergentes enfrían su economía», aunque aclaró que «en los principales casos, cuidando exacerbaciones de desequilibrios, lo cual es una buena noticia».
Por su parte, la economista de Carle&Andrioli, Gimena Waller, interpretó que el contexto internacional «no es nuevo» y sus orígenes datan de la crisis del 2008. Opinó que el mundo desarrollado «está ante una situación de ajuste fiscal» y «bajo crecimiento o estancamiento», lo que es «algo similar a lo que ocurrió en América Latina en los 80». La experta analizó que los países más afectados de la región «serán los que tienen relación estrecha con EE.UU.: México, Centroamérica y El Caribe», mientras que Brasil, Perú, Chile, Argentina y Uruguay, liderarán el crecimiento de la región, donde «es de esperar también un buen nivel de crecimiento».
Waller entiende que la economía mundial «aún no ha podido recuperarse y no hay signos claros de que eso suceda por lo menos en los próximos meses». «La incertidumbre se refleja en los mercados internacionales, cuando el día siguiente a la baja de la calificación de la deuda de EE.UU. se desplomaron las bolsas y un día más tarde las mismas crecían», añadió.
En tanto, Ana Laura Fernández, asesora económica de la Cámara de Comercio dijo que «en estos momentos se está viviendo una situación de gran incertidumbre (…) que claramente se traslada a las economías emergentes, y la economía uruguaya no se escapa de esta situación».
«Sin embargo lo sucedido durante estos días es una respuesta normal de los mercados ante cambios que día a día están enfrentando las grandes economías», estimó la experta,* aunque advirtió que «en el caso de que las economías desarrolladas no logren revertir sus problemas de fondo, lo cual por el momento parece poco probable, pueden generarse sucesivas circunstancias (…) lo cual haga de esto una situación duradera y en eso caso las cosas cambiarían y los efectos negativos para nuestro país serían de una magnitud importante no sólo por el canal financiero sino también por el canal comercial». Fernández asegura que es «imposible» saber si habrá una recesión internacional, pero sí adelantó que la situación de EE.UU. y de Europa no es sostenible en el largo plazo «si no se llevan adelante reformas fiscales firmes».

Situación local
Respecto a qué podría suceder en Uruguay, la economista de la gremial estimó que la situación macroeconómica del país «es mucho más sólida que años atrás, fruto de una economía que ha crecido durante los últimos años junto con distintas medidas económicas tomadas por las autoridades, por ejemplo: reestructuración de la deuda, mayores niveles de reservas». Ello hace que el país «se encuentre mejor preparado ante los vaivenes internacionales». Sin embargo, advirtió que eso «no asegura estar resguardados al 100%», ya que somos una economía abierta al mundo a nivel comercial y financiero, y porque aún «hay ciertos aspectos de la economía que faltan perfeccionar». «Acá se plantea el tema del gasto público que va de la mando con el nivel de endeudamiento por parte del gobierno para hacer frente a este mayor gasto. Sin duda si llega a haber recesión mundial, el no haber construido un fondo de reserva en tiempo de bonanza (…) empeoraría la situación». Además, advirtió que aunque EE.UU. «estableció que mantendrá la tasa de interés en niveles bajos hasta 2013, se debe estar atento a estos cambios ya que un aumento de las tasas de interés a nivel internacional impactará negativamente en nuestra economía tanto por un aumento en el costo de la deuda del país así como en el ingreso de capitales a nuestro país, (ya que) frente a una suba de las tasas de interés los capitales se irían a esos mercados en busca de una mayor rentabilidad». En el plano comercial, aseguró que aunque las exportaciones vienen mostrando altas tasas de crecimiento, pero «menores a las registradas en los meses previos, en volumen comienzan a registrase tasas de variación negativas en algunos sectores». En esa línea, la situación internacional podría provocar una caída de las exportaciones por una menor demanda y por una baja en el precio de las materias primas, y afectarían también las ventas externas de bienes industriales y servicios.
Pese a esa incertidumbre, Uruguay seguiría creciendo aunque con una posible desaceleración «ya que frente a esta coyuntura internacional es imposible esperar que el país pueda seguir creciendo a las tasas que lo venía haciendo». Fernández prevé que en 2011 la economía crezca 6% y en 2012,4%. Pampin evaluó que los efectos sobre Uruguay pueden llegar por el canal financiero «a partir de movimientos de capitales hacia plazas consideradas seguras y esto está repercutiendo en el dólar», aunque «hasta ahora eso es una hipótesis» y «debemos esperar cómo se resuelve la crisis financiera en Europa -principalmente- y en EE.UU.». En segundo lugar, también puede haber repercusiones en la economía real por un deterioro del comercio exterior. «En este caso seguramente sea muy sensible para algunos sectores industriales que dependen mucho de las exportaciones» y en particular de la demanda del mundo desarrollado. A su entender la economía crecerá 6,5% este año y 4,5% el próximo. Por su parte, Waller comentó que los mayores impactos se darían por una «posible disminución o dificultad de acceso al crédito, la recepción de menores cantidades de inversión extranjera, el enlentecimiento de las exportaciones y la disminución del precio de los commodities que nuestro país exporta». En cuanto a las proyecciones económicas, hasta ahora «eran buenas: 6.7% en 2011 y algo menor en 2012, 4.9%», e incluso con esta incertidumbre «es de esperar que el crecimiento de nuestro producto no se vea afectado significativamente y se ubique al cabo de 2011 en el entorno del 6%».

Políticas
Respecto a la estrategia del gobierno para enfrentar un empeoramiento económico mundial, la economista de Carle&Andrioli estimó que «Uruguay cuenta con reservas financieras suficientes para enfrentar esta situación». «La modificación de su perfil de deuda y la diversificación relativa de sus mercados han sido positivos en este sentido y es esperable que las consecuencias para nuestra economía no sean desmedidas». Consultada respecto al control inflacionario, sostuvo que «los cambios de política monetaria en los primeros meses del año están surtiendo efecto en las variables monetarias», pero alertó que «seguramente continúe siendo una variable de permanente monitoreo por parte de las autoridades». De su parte, Fernández estimó que además de financiamiento, el gobierno debería «ponerse objetivos más ambiciosos y tratar de protegerse ante un cambio de la coyuntura internacional con recursos gemimos, generados en la propia actividad económica del país». En cuanto a la inflación, enfatizó que «de ninguna manera» dejó de ser un problema, y por tanto el país «debe aplicar las medidas necesarias para lograr una contención de la misma, no sólo por los efectos que tiene en términos de competitividad sino también por los efectos que tiene sobre el nivel de vida de los consumidores, afectando su poder de compra». Por su parte, Pampin evaluó que «asegurar financiamiento y atender a sectores particulares con medidas particulares es una muestra de alta responsabilidad y pragmatismo». «Quizás, en la eventualidad que se ingrese en algún momento en una fase descendente, se deban ajustar algunas políticas como la de ingresos. Pero nadie puede actuar a cuenta de hechos futuros, aunque sí estar preparados para ello», sostuvo el experto, añadiendo que «para eso se requiere responsabilidad de todas las partes, y esto a veces excede a la voluntad de las autoridades». Respecto a la inflación fue concluyente respecto a que «lo peor que podemos pensar hoy es que la inflación dejó de ser un problema».