Pesificación en nivel previo a la crisis

En el año 2006 el sistema bancario registró ganancias por U$S 205 millones, lo que representa un incremento de casi el 50% respecto al año anterior. Este resultado equivale a una tasa de rentabilidad sobre el patrimonio del 18,7%.

Los mayores retornos por las colocaciones explican el aumento de las ganancias. Durante el último año los ingresos por concepto de intereses ganados se incrementaron en U$S 141 millones respecto a 2005. La mayor parte de esos ingresos (U$S 85 millones) derivó de las colocaciones al propio sistema financiero, el grueso de las cuales se realizó en el exterior. Por su parte, el sistema no financiero aportó U$S 45 millones. El resto del incremento de las ganancias proviene de colocaciones en cartera de valores. El mayor volumen de activos colocados y el aumento de las tasas de interés explican el mejor resultado obtenido en 2006.

Por su parte, los intereses perdidos aumentaron en U$S 15 millones. Aquí también influyeron el aumento de las tasas y el volumen de depósitos.

De la descripción anterior se puede inferir cómo opera el sistema bancario uruguayo en la actualidad. Por un lado, son cada vez más redituables las colocaciones al sistema financiero, al tiempo que el servicio del pasivo aumenta lentamente, pese a la suba de las tasas de interés.

VISTA. Esto último se explica por la elevada proporción de depósitos a la vista que presenta el sistema. Al finalizar 2006 el 70% de las colocaciones del sector privado eran a la vista, tres puntos porcentuales por encima del cierre de 2005 y siete por sobre 2004.

Varias pueden ser las causas que explican este fenómeno. Una posible es que el público sigue desconfiando, tras la severa crisis de 2002. Sin dejar de reconocer que algún resabio puede quedar, no parece ser esa la única explicación, ya que la economía se ha recuperado, y, en general, los bancos que operan actualmente en plaza demostraron durante la crisis tener la solvencia adecuada, o en su defecto, la asistencia de sus casas matrices en el exterior, para enfrentar momentos de dificultades.

Otra explicación viene por el lado de los retornos que se obtienen por los depósitos. En el Gráfico Nº 1 se presenta la evolución de las tasas pasivas promedio entre 60 y 90 días en moneda extranjera que se pagan por depósitos en el sistema financiero uruguayo y la tasa Libor en dólares a tres meses. Se observa que desde mediados de 2004, cuando se inició el proceso al alza de las tasas internacionales de interés, fue aumentando la brecha a favor de la Libor, pese a los incrementos de las tasas domésticas.

Hacia el segundo semestre del pasado año se revirtió parcialmente esa tendencia, al frenarse la escalada de la Libor, al tiempo que las tasas domésticas muestran una leve tendencia al alza, lo que podría estar marcando el inicio de una política más agresiva para retener y captar clientes.

La alta liquidez de los depósitos constituye una fuente de financiamiento muy barata para los bancos, ya que captan depósitos sin pagar por ellos, pudiendo colocarlos en activos financieros en el exterior a un riesgo menor que el de un préstamo comercial en plaza. De hecho, los créditos vigentes del sistema bancario al sector financiero son superiores a los concedidos al sector no financiero (ver Cuadro Nº 1).

CRÉDITO. Una de las características del actual proceso de recuperación económica es la ausencia de financiamiento bancario. Si bien el PIB ya supera al de 1998, las colocaciones bancarias al sector privado no sólo se encuentran muy lejos de aquellos guarismos, sino que muestran muy poco dinamismo.

El stock de crédito concedido por el sistema financiero al sector privado, que superó los U$S 8.000 millones en 1998, se desplomó con la crisis situándose en la actualidad levemente por encima de U$S 3.400 millones.

En el Gráfico Nº 2 se presenta la evolución de los préstamos otorgados por el sistema al sector privado residente, tanto en dólares corrientes como en términos del PIB. Se observa allí que la contribución del crédito bancario al financiamiento de las transacciones de la economía ha venido descendiendo. En el último mes del año el crédito pegó un salto; deberemos esperar unos meses más para ver si se debe a un cambio en la tendencia o a un efecto puntual.

Al cierre del año 2006, el stock del crédito bancario vigente al sector no financiero en términos constantes era un 9% superior al vigente un año atrás (ver Cuadro Nº 2). Cabe aclarar que, por tratarse de stock, ese dato está muy influenciado por el salto recién comentado. Como referencia, baste tener en cuanta que a septiembre el incremento era del 5,3% real.

Si bien el crédito a largo plazo (mayor o igual al año) es relativamente el más importante, su participación relativa viene cayendo ininterrumpidamente, al tiempo que aumenta la de los préstamos a corto plazo (menos de 90 días). En el período analizado, el crédito a largo plazo, vinculado al financiamiento de inversiones, aumentó 4,6%. Por su parte, las colocaciones a corto plazo aumentaron 25,6% (ver Cuadro Nº 2).

De lo anterior puede inferirse que el sector privado está acudiendo al sistema bancario en búsqueda de capital de giro, pero no para financiar inversiones. La aparición de nuevas fuentes de financiamiento, la inversión extranjera directa y una normativa más exigente, son factores que explican el escaso dinamismo que muestra el crédito bancario en su conjunto.

No obstante, del Cuadro Nº también se desprende que la banca privada está teniendo un comportamiento agresivo, al tiempo que el crédito concedido por el BROU cayó casi un 10% en términos reales en el último año.

En el caso de la banca privada hay que señalar que los datos de 2006 (20,6%) incluyen al Bandes, que no operaba en el 2005. Pero lo interesante es que si se lo excluye, la evolución sigue siendo muy dinámica (18,2%). De hecho, al haber mejorado la solvencia y por ende el capital excedente de las restantes instituciones privadas, varias se han embarcado en los últimos meses en campañas de expansión del crédito al sector privado residente.

PESIFICACIÓN. Uno de los aspectos a destacar del crédito durante el último año es la pesificación del mismo. En efecto, se otorgaron a lo largo de 2006 préstamos por U$S 372 millones, de los cuales U$S 339 fueron en moneda nacional.

Esta evolución motivó un aumento de la participación relativa de los créditos en moneda nacional, que pasaron del 35% del total a fines de 2005 al 39,5% un año después.

En función de esta evolución no es posible hablar de un cambio radical en el funcionamiento del sistema, ya que el actual grado de pesificación de los créditos es similar al registrado con anterioridad a la crisis. De todas formas, cabe aclarar que la nueva normativa y el propio aprendizaje que dejó la crisis, hace que las instituciones financieras a la hora de otorgar un préstamo tengan en consideración la moneda en que se generan los ingresos del deudor para disminuir el riesgo cambiario.

La pesificación de los depósitos también está aumentando, aunque a un ritmo menor; a fines de 2005 el 14,5% de las colocaciones privadas en el sistema bancario eran en moneda nacional, porcentaje que subió al 16,5% en el último año. La evolución del tipo de cambio en los dos últimos años explica este comportamiento.

Las cifras anteriores refieren a la totalidad de los depósitos, esto es, tanto los pertenecientes a los residentes de la economía como a los no residentes. Si se excluye a estos últimos, también se observa una disminución de la dolarización, que se acerca rápidamente a los niveles de 1998.