Piqueteros frenados y desalentados

Como un lento goteo los primeros automóviles argentinos comenzaron a entrar poco después de las 8 de la mañana. Una hora más tarde los activistas se organizaron en grupos de diez coches para atravesar el puente. El ingreso fue frenado por el primer puesto de control policial, en el que equipos de la Guardia Metropolitana especializados en la búsqueda de explosivos y equipos de la Brigada Nacional Antidrogas revisaron todos y cada uno de los vehículos argentinos.

«Nosotros no somos terroristas, ni llevamos drogas. Estas medidas son totalmente innecesarias, la Asamblea ya ha demostrado que es pacífica», se quejaba más tarde el conocido activista Jorge Fritzler, que finalmente cruzó con la manifestación. En cambio no lo hizo el dirigente agrario Alfredo De Angelis, el impulsor de la alianza con los reducidos grupos uruguayos de militantes ambientalistas.

Según datos proporcionados por la Policía, ingresaron unos 220 vehículos y unas 850 personas. Los activistas aseguraron que había muchos más al otro lado del puente, pero que desistieron de cruzar por temor, o desalentados por los fuertes controles uruguayos.

La protesta se realizó tal como estaba previsto. Pero por momentos la atención bajo el fuerte sol que caía sobre la ruta 2 se desplazó más hacia la vedette uruguaya Mónica Farro, que exhibió sus portentosos encantos físicos posando sobre un patrullero policial. Su presencia en la manifestación obedecía, en realidad, a un sketch presentado desde el programa el Show del Mediodía, que se transmitía en directo por canal 12.

Farro llamó a la «conciliación y la paz entre pueblos hermanos, como son el argentino y uruguayo». La vedette posó con varios ambientalistas.

ASAMBLEA. Ya sobre las dos de la tarde la minuciosa y concienzuda inspección que realizaban las unidades policiales uruguayas había conseguido desalentar a muchos activistas. De nada valió la protesta con bocinas ni los cánticos para que los uniformados dejaran un solo detalle librado al azar.

Con ese panorama por delante, y aún con una fila de 60 vehículos detenidos en la cabecera del puente sobre el puesto de control integrado, los activistas improvisaron una asamblea al costado de la ruta y decidieron por ruidosa aclamación comenzar el acto formal a las tres de la tarde, sin importar cuántos de sus compañeros permanecieran aún lejos. «Es para que los medios puedan retirarse a tiempo y esto salga en los noticieros y en las primeras planas», argumentó la activista que mocionó.

Un grupo de ocho militantes del Partido de los Trabajadores y de la Juventud Revolucionaria llegó desde Montevideo para desplegar una gran pancarta con la leyenda «Fuera Botnia» que los asambleístas de Gualeguaychú han estampado en cuanto lugar es posible. El veterano militante trotskista Juan Vital Andrade leyó una encendida proclama que fue aplaudida a rabiar por los activistas entrerrianos.

Poco después de esa hora, entonces, y en medio de un verdadero caos de cámaras argentinas y uruguayas, se leyeron las tres proclamas: dos en español y una en inglés. Antes cantaron el himno argentino, y luego el himno uruguayo, que fue entonado por la escasa decena de uruguayos que participaba de la protesta.

CRÍTICAS. El primer discurso fue leído por la asambleísta Ana Costa. En la pieza oratoria -que no duró más de diez minutos- el nombre de Tabaré Vázquez fue mencionado cuatro veces. El del presidente argentino Néstor Kirchner, en cambio, apenas una vez. En ambos casos las referencias fueron marcadamente negativas, sobre todo en las menciones al presidente uruguayo.

«Venimos a repudiar el lamentable comportamiento del gobierno del señor Tabaré Vázquez…», señaló Costa en una de esas referencias. «Nos avergüenza que el señor Tabaré Vázquez despliegue un operativo de seguridad contra el pueblo de Gualeguaychú», expresó en otro pasaje.

La exigencia en tono de ultimátum dirigida a Botnia no puso nada nuevo sobre el tapete: «Que se vaya de la cuenca del río Uruguay». El ex coordinador de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, José Pouler, se mostró satisfecho con el resultado de la manifestación de ayer. «Para nosotros el objetivo se cumplió», dijo a El País el asambleísta.

De todas formas, el balance de la acción será realizado en asamblea, posiblemente mañana. ¿Qué vendrá después? «Vamos a evaluar, veremos en los próximos días qué pasos deciden los creativos. Pero no descartamos volver al Uruguay, creemos que ya no habrá este operativo otra vez. Pero vamos a seguir insistiendo en regresar acá a plantear nuestra posición», dijo Pouler.

Con esa consigna se fueron ayer los activistas: volver y duplicar la cantidad de manifestantes. Para los entrerrianos el conflicto, lejos de terminarse con la puesta en marcha de Botnia, ingresa en un momento de mayor ardor.

ALIENTO. La mayoría de los fraybentinos recurrió ayer a la bandera nacional como forma de expresarse en una jornada muy especial. Otros llegaron desde Montevideo con el único objeto de dar un apoyo simbólico a los ciudadanos locales.

Es el caso de un grupo de cinco personas que se plantó en los accesos de la ciudad y desplegó una pancarta que decía: «Los uruguayos valoramos el respeto, ¿tú lo haces?».

Gabriel Nicoletti es un vendedor ambulante de Montevideo, que recorrió en su viejo vehículo los 310 kilómetros que separan a Fray Bentos de la capital, para instalarse a primera hora en el centro de la ciudad con cientos de banderas uruguayas. «Vinimos con mi esposa y cuatro de mis doce hermanos. Todos nos dedicamos a buscar el pesito como se pueda», dijo a la agencia EFE.

En tanto, sobre una calle lateral de Fray Bentos un muñeco vestido con el típico uniforme de los obreros que trabajan en la construcción de Botnia -y con un cartel a su lado que lucía la leyenda «Gracias Botnia»-, sorprendió ayer a vecinos y visitantes, sobre todo de los medios de comunicación que ayer llegaron masivamente a la ciudad.

La idea fue de Gonzalo Centurión (32), un obrero que acaba de terminar su contrato en la obra y no encontró mejor idea que plantear su postura personal en un día tan especial como este.

«Yo fui soldado trece años y nunca tuve casa propia, ni gané nada. Trabajé en Botnia un año y pude comprarme un terrenito y empezar a construir mi casa», contó Gonzalo. Casado, con dos hijos, el modesto trabajador siente que ahora puede enfrentarse en mejores condiciones a su futuro.