Pocos cambios para la región tras Bush

Para Shirter -miembro desde hace largos años de la influyente institución de análisis, discusión y charlas instalada en el corazón de Washington, catedrático de la Universidad de Georgetown consultor de la Universidad de John Hopkins, master de Harvard, articulista de los principales diarios estadounidenses y asesor del Congreso en asuntos extranjeros-, «si la historia reciente sirve de alguna guía, desde George H. Bush (1989), Bill Clinton (1993) y George W. Bush ( 2001), el patrón a lo largo de las dos últimas décadas ha sido de continuidad, más que cambio».

Por ejemplo, Clinton adoptó el acuerdo NAFTA, negociado por su predecesor, lo mismo ocurrió con el actual presidente que ha respaldado el esfuerzo del Plan Colombia desarrollado bajo Clinton.

«Así que cualquiera sea el senador que asuma el poder, Barack Obama o Hillary Clinton entre los demócratas o John McCain del lado republicano, es poco realista esperar un cambio dramático en la política de la Casa Blanca hacia la región», explicó sin dudar Shirter.

Según el analista la prueba más terminante de que todo seguirá más o menos igual surge de los discursos o polémicas a lo largo de la campaña electoral: «los candidatos apenas han efectuado menciones de América Latina. Por cierto se aludió al comercio, en especial sobre la vigencia de los TLC, y la inmigración. Y en las últimas semanas Latinoamérica ha captado un poco más la atención cuando surgió que el voto latino, en Texas y algún otro Estado, podía tener peso en el resultado final».

Shirter sostiene que hay otros factores que acaparan mucho más la atención del estadounidense. Y hacia esos aspectos dirigen sus palabras los candidatos. «La tambaleante economía y la pesada necesidad de reformas en el sistema nacional de salud dominan los temas domésticos», explica el analista. «Y cuando la campaña electoral ha apuntado a la política exterior el énfasis se ha puesto en Irak, Afganistán, Irán, Corea del Norte y China; en tanto América Latina parece destinada a quedar como una prioridad muy baja».

Para el experto, «McCain, paradójicamente, es el que mejor sintoniza en los temas de mayor preocupación para la mayoría de los gobiernos de América Latina. El senador es un robusto defensor del libre comercio, incluyendo el acuerdo con Perú, así como el problemático y controvertido acuerdo pendiente con Colombia, y cree además que el NAFTA, firmado por Estados Unidos, México y Canadá, ha sido enormemente beneficioso».

En contraste, Obama y Clinton hablan de revisar el NAFTA, aunque sin definir que aspectos finalmente intentarían modificar. Ambos se oponen al acuerdo con Colombia, argumentando la violencia contra los líderes sindicales y los altos índices de impunidad judicial. Los dos demócratas apoyaron el TLC con Perú, luego de impulsar cambios en el Congreso, en aspectos que, según ellos, afectaban a los sindicatos estadounidenses y al medio ambiente.

Un cuadro parecido mantienen los tres con respecto a la inmigración. McCain, republicano, junto al demócrata Ted Kennedy impulsó en el Congreso un proyecto para otorgar a los 12 millones de ilegales, la posibilidad de alcanzar empleos temporales y una vía hacia la ciudadanía. Hay coincidencia en cuanto a la vigilancia fronteriza, el muro y sistemas más sofisticados de control.

La posición adoptada por McCain le ha aparejado, según Shirter, serios problemas con la mayoría de sus correligionarios de partido, inclinados por la «mano dura» con los ilegales, los empleadores y un férreo control fronterizo.

«¿Cómo enfrentarán los tres posibles futuros presidentes el reto de Hugo Chávez?», fue otra de las interrogantes que se planteó el analista de Georgtown. En enero del 2009 se alejará Bush de la Casa Blanca, se responde Shirter, y Chávez perderá «su enemigo ideal, como él confuso e incoherente, y tendrá posibilidad de adoptar una postura más consistente y sofisticada». Pero McCain «ha tenido palabras muy duras con respecto a Chávez y en principio demuestra que seguirá la política confrontacional».

«Creo que muchos esperan que Hillary y Obama sean capaces de reducir tensiones entre EE.UU. y Venezuela en el corto plazo, pero con la cercana alianza de Chávez con Irán y las amenazas de cortar las exportaciones de petróleo , las diferencias son demasiado profundas para que simplemente un cambio de gobierno pueda borrarlas», piensa Shirte.

Pero recuerda el expositor que Obama lo ha dicho e insiste que estaría preparado para hablar con los regímenes de Cuba, Chávez o Irán, sin condiciones, lo que ha sido definido por Clinton de «solución simplista». Ella no se negó a un diálogo, pero «siempre que antes existieran señales concretas de cambio hacia la democracia».

Pero gane quién gane, finaliza Shirter, la buena noticia es que una administración impopular habrá pasado y que sólo un cambio modesto de enfoque podría aumentar sustancialmente la cooperación de Estados Unidos y América Latina.