Primer día terminó con humo negro

Fue la misma vieja confusión con decenas de miles de peregrinos aplaudiendo y dando vivas, para segundos después quedar en silencio al comprobar que era negro el humo que salió ayer de la chimenea de la Capilla Sixtina.

Poco después de las 20.00 (15.00 de Uruguay) dos débiles volutas de humo blanco salieron de la chimenea provocando aplausos y vivas, gritos de «bianco, bianco», así como «papa» «papa».

Pero la salida de humo se detuvo por segundos. Tampoco se escucharon las campanas, segunda señal acordada por el Vaticano para anunciar que los cardenales reunidos en el cónclave han llegado a un acuerdo o elegido un nuevo pontífice.

Falsa alarma: no se había elegido Papa. Después, una gorda nube de humo negro se mantuvo por más de cinco minutos elevándose al cielo.

MENSAJE. Así, la primera jornada del cónclave envió al mundo, al menos, una esperada señal, los cardenales están decididos a entrar rápidamente en materia para proceder a una rápida elección del sucesor de Juan Pablo II. Hasta el final, se mantuvo la incógnita sobre si habría o no votación, ya que la constitución «Universi Dominici Gregis» deja la decisión de votar o no en la primera jornada en manos de los propios electores.

La más misteriosa y secreta elección del mundo, la de un nuevo papa, se inició con una transmisión televisiva en directo, hecho insólito en la historia de la Iglesia. Las cámaras siguieron en directo la misa matinal y la espectacular procesión que dio paso al cónclave.

Los cardenales, vestidos con la ropa coral, tocados con la birreta y el bonete rojos, avanzaron por los corredores del Palacio Apostólico, cantando las letanías. La comitiva, con monaguillos, coro, secretarios, ceremonieros y escolta de la Guardia Suiza, partió del Aula de las Bendiciones y llegó en unos minutos a la Capilla Sixtina.

Intimidados por la liturgia y por la magnificencia del escenario, los electores tomaron asiento en las 12 mesas colocadas a ambos lados de la capilla, bajo las imágenes del Juicio Final, tal y como había previsto Juan Pablo II que en su libro ’Triptico Romano’ acertó a describir con notable exactitud la escena. A muchos se les veía abrumados por la misión encomendada, elegir un nuevo Papa.

Sólo los cardenales Joseph Ratzinger y el estadounidense William Baum, que recibieron la birreta de Paulo VI, han tenido oportunidad de participar en otros cónclaves, los dos que se celebraron en 1978.

Ratzinger, protagonista absoluto de este período de sede vacante, lo siguió siendo ayer, no sólo por la mañana, como oficiante de la misa matinal «Pro eligendo Papa», sino por la tarde, porque en su calidad de decano fue el encargado de invocar el primero la ayuda del Espíritu Santo y de leer después el solemne juramento que precedió al inicio del cónclave.

Entonces, fue el momento de decidir si iniciar o no las votaciones que, en el caso de la primera jornada, suelen tener un valor meramente testimonial.

Aunque la mayoría de los cardenales que entraron en el cónclave se han declarado esperanzados con la posibilidad de una elección en breve plazo, está por ver que lo consigan si, como afirman la mayor parte de los expertos, se está en una situación similar a la del segundo cónclave de 1978, en el que fue elegido Karol Wojtyla. Un cónclave que se caracterizó por el enfrentamiento entres dos cardenales, Benelli y Siri, que representaban dos líneas opuestas. Pero, cabe la posibilidad de que se esté frente a una situación similar a la del cónclave precedente, en el que fue elegido el cardenal Albino Luciani, el efímero Juan Pablo I. Luciani fue casi desde el principio el favorito. Exactamente igual que lo es ahora el cardenal de Milán, Dionigi Tettamanzi.

La elección de un papa no es cosa sencilla. Tettamanzi —o cualquiera que sea elegido— necesitará 77 votos, al menos en las primeras 33 o 34 votaciones para ser proclamado nuevo pontífice. Lo que significa que bastarían 39 votos para bloquear su elección, al menos en la primera etapa. Está prevista una segunda fase, que se inicia una vez agotados sin éxito tres turnos de siete votaciones entre medio. En esa segunda fase, resultaría elegido aquel candidato que obtuviera la mitad más uno de los sufragios. A la vista de la votación de ayer, todo apunta a que los electores tienen ya prácticamente tomada su decisión y no será necesario llegar a ninguna prórroga.