Prodi tendría un difícil regreso

Prodi necesitó esos izquierdistas para derrotar a Berlusconi en las elecciones del año pasado. Pero con ellos en posiciones de poder, la capacidad de Prodi de gobernar quedó paralizada. «Cuando se ponen troskistas en el parlamento, eso es lo menos que puede ocurrir«, señala el canciller de Prodi, Massimo D`Alema, un ex comunista.

Prodi había dicho en varias ocasiones que su esperanza era gobernar durante el período completo de cinco años. Pero, con un escaso margen en el parlamento y una coalición que incluye desde comunistas hasta ex demócrata cristianos, la esperanza lucía muy remota.

Prodi necesita crear una nueva coalición si desea permanecer en el poder. Un fracaso podría allanar el retorno al poder del conservador Silvio Berlusconi, una figura que horroriza a la izquierda debido a su amistad con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y al inmenso poder que detenta a través de su imperio mediático. ap

Todo hace pensar que Romano Prodi seguirá como primer ministro en Italia, pese a que el miércoles presentara su dimisión al cargo. La duda es si en su nuevo intento podrá sobrellevar la inestabilidad casi crónica de los gobiernos en ese país.

Sea un «Prodi-bis», como ya se llama a la conformación de un nuevo Ejecutivo a cargo del renunciante premier, u otra solución la escogida, el nuevo gobierno italiano sería el número 62 desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esto refleja la histórica inestabilidad que han sufrido las administraciones en la península, que en casos han llegado a durar solo semanas. Pero ahora hay dos factores que lo agravan.

Uno, que afecta a todo el sistema partidario, es una ley electoral calificada de «perversa» que provoca debilidades a todo conglomerado en el poder. Es un sistema proporcional que «premia» a los más votados en los comicios y les otorga una mayoría en Diputados. Pero en el Senado, cuya votación el miércoles sobre la política exterior propició la renuncia de Prodi, la composición resultante es más compleja, el «premio» es atribuido a la alianza vencedora según las regiones; que en Italia son 20.

El otro afecta al mayor implicado. La coalición que llevó a la Jefatura de Gobierno a Prodi, llamada -irónicamente- La Unión, es un variopinto conglomerado que va desde moderados de centro a radicales de izquierda, cuyas posturas en temas como las relaciones internacionales, la presencia de tropas italianas en el extranjero, la legalización de las parejas «de hecho» y los vínculos con la Iglesia Católica no solo no suelen coincidir sino que chocan repetidamente.

«Il Professore» Prodi derrotó en las elecciones de abril al entonces primer ministro, el centroderechista Silvio Berlusconi, «Il Cavaliere» (el único en la Italia de posguerra que llegó a completar un período de gestión), por solo 25 mil votos.

Un país tan dividido a la mitad profetizaba un gobierno sumamente difícil. Más aun cuando La Unión estaba compuesta por 16 partidos muy distintos entre sí de los cuales nueve tenían representación parlamentaria.

Había temas de política exterior que herían la sensibilidad de componentes de La Unión y la bomba estalló el miércoles. La presencia de tropas italianas en Afganistán más la ampliación de la base militar estadounidense en Vicenza eran las más notorias. El gobierno pidió al Senado un voto de confianza que consideraba crucial a su política exterior y perdió: 158 votos a favor contra 160 en contra; en realidad hubo 24 abstenciones, pero al necesitar el Ejecutivo la mayoría absoluta equivalieron a votos negativos. Tras la derrota, Prodi presentó su renuncia al presidente de Italia, Giorgio Napolitano, tras solo 281 días en el gobierno.

Entre las abstenciones se contaron las de dos senadores oficialistas, ambos de la izquierda radical, quienes posiblemente sean expulsados de sus partidos.

Como presidente, Napolitano (ex dirigente del Partido Comunista Italiano) está a cargo de buscar una solución a la crisis. Con este objetivo inició ayer una ronda de contactos con dirigentes políticos.

Ayer se reunió con los titulares de ambas cámaras y de los distintos grupos parlamentarios. Hoy está previsto que lo haga con los líderes de la coalición de centro izquierda en el poder, la coalición opositora de centro derecha, y tres ex presidentes, que a su vez tienen el cargo de senadores vitalicios. No tiene plazo para expedirse, pero se cree lo hará en breve.

«En política todo puede pasar, pero lo más probable es que se le pida a Prodi que siga como primer ministro y forme un nuevo gobierno», dijo a El País el embajador de Italia en Uruguay, Guido Scalici. Esta es la versión más fuerte que proviene de la península.

Si bien los partidos de La Unión han expresado su apoyo a Prodi, un «bis» de su gestión tiene aparejado el temor de una nueva crisis siempre latente por su exigua mayoría en el Senado (solo tiene dos escaños más que la oposición). Esto podría paliarse con un eventual aumento de la alianza gubernamental a parlamentarios centristas de la oposición, sobre todo democratacristianos quienes se abstuvieron en la votación del miércoles.

La derecha -que el miércoles festejó al grito de «dimisión, dimisión» la votación en el Senado- no quiere darle una nueva oportunidad a Prodi. «Forza Italia», el sector de Berlusconi, prefiere que se instale un «gobierno técnico», que esté el tiempo suficiente para retocar la ley electoral -creada por el propio Berlusconi- que permita un Parlamento más estable, para luego llamar a nuevas elecciones. Una solución común en las últimas décadas en Italia, conocida por la debilidad de sus gobiernos.