¿Qué conclusiones se desprenden de los últimos datos fiscales?

JUAN ANDRES ELHORDOY (JAE):
El viernes el Ministerio de Economía y Finanzas informó que el déficit fiscal se redujo, pasando de 2,1% del PIB en los 12 meses a marzo a 1,6% del PIB en el año cerrado en abril. El resultado primario, antes del pago de intereses, subió de 0,8% a 1,2% del PIB en la misma comparación.

¿A qué obedeció esa mejora? ¿Marca una reversión de la tendencia de deterioro que se venía observando en meses anteriores? ¿Qué debemos esperar para los próximos meses? En los próximos minutos, conversaremos sobre las últimas cifras fiscales con la economista Tamara Schandy, de la consultora Deloitte.

¿Cómo analizaron ustedes la información que se divulgó el viernes?

TAMARA SCHANDY (TS):
Lógicamente un menor déficit fiscal es algo muy bienvenido. De las cifras que manejabas antes se desprende que hubo una mejora equivalente a medio punto del PIB.

De todas formas, hay que tener en cuenta que parte de esa mejora obedece a un elemento transitorio, que es el manejo de los stocks de petróleo de Ancap. Cuando Ancap usa petróleo que tiene en stock en vez de comprar más, la contabilidad muestra un mejor resultado, porque en el sector público las cuentas se computan con un criterio de caja. En abril ocurrió eso, hubo una desacumulación de petróleo bastante importante.

Eso es un efecto que por definición es transitorio (porque cuando se vuelva a comprar crudo el resultado va a empeorar), pero explica sólo una parte de la mejora global. Aproximadamente 0,2% de 0,5% del PIB de mejora.

JAE: ¿Cómo se explica el resto de la disminución del déficit fiscal?

TS: Básicamente por un mejor resultado primario en las empresas públicas, aún dejando de lado ese efecto de la variación del stock de petróleo de Ancap. Eso permitió compensar un deterioro pequeño del resultado primario del consolidado gobierno central – BPS.

JAE: En el caso de las empresas, el Ministerio de Economía remarcó en el comunicado que emitió con los datos que estamos comparando con abril de 2008, que fue un mes en el que el costo de generación energética había sido muy elevado.

TS: Eso es cierto. En abril de 2008 el barril de crudo en el mercado internacional estaba por arriba de 110 dólares, mientras que en abril de 2009 el promedio fue de 50 dólares. Allí hay una diferencia muy significativa.

Eso impactó sobre el balance de Ancap, que mejoró en unas dos décimas del PIB incluso sin considerar el impacto de la variación de stock.

JAE: ¿No impactó también en UTE? Te lo pregunto porque en general se advierte que el precio del petróleo tiene una incidencia importante en los costos de generación eléctrica cuando se usan las centrales térmicas.

TS: En UTE no hubo una mejora tan sustantiva. De hecho hubo un aumento del superávit primario de aproximadamente una décima del PIB pero se explicó fundamentalmente porque se pagaron menores impuestos que el año pasado. UTE, como todas las empresas, paga IRAE de acuerdo a los resultados obtenidos en el ejercicio anterior. Como 2007 había sido un buen año, en 2008 debió pagar impuestos en forma acorde, pero como 2008 fue un año muy malo, por el impacto de la sequía, este año hubo una diferencia muy notoria.

En el costo de generación eléctrica, en cambio, no hubo una mejora respecto al año pasado. No tenemos una apertura muy grande de este rubro, pero hay que tener en cuenta que la generación hidráulica en abril de este año fue muy baja. De hecho, marzo-abril fue el bimestre de menor generación hidráulica en megavatios/hora desde principios de 2006. Por el contrario, según la Dirección Nacional de Energía, en abril de este año tuvimos un 30% más de importaciones de energía eléctrica que en abril de 2008 y generamos más de la mitad de la energía producida aquí en las centrales térmicas.

JAE: Por lo que comentabas, la mayor parte de la mejora de las cuentas públicas estuvo dada por la incidencia del menor precio del petróleo. Pero ahora el precio del petróleo está subiendo de nuevo. ¿Han estimado cuánto puede impactar eso en el resultado fiscal?

TS: Allí hay un potencial impacto negativo sobre las cuentas públicas, pero hay que subrayar que el efecto final va a depender de cómo se comporten las tarifas. El año pasado el impacto del encarecimiento del petróleo sobre el resultado primario del sector público fue particularmente agudo porque el gobierno no trasladó los mayores costos a tarifas para no sumar presiones inflacionarias, porque la inflación estaba en niveles elevados y se quería evitar un alza mayor de precios.

Ahora parece haber un cambio en la respuesta del gobierno. De hecho, en mayo hubo un aumento de la tarifa de electricidad y un primer ajuste al alza del precio de los combustibles, aprovechando el espacio que se generó por el descenso de la inflación entre enero y abril. Esta semana habria un segundo aumento de los combustibles en respuesta al aumento de la cotización internacional del petróleo.

Nosotros pensamos que las presiones inflacionarias este año van a tender a ser más reducidas que el año pasado, y eso tendría que dejar un mayor margen de acción para ajustar las tarifas y evitar un nuevo deterioro del resultado primario de las empresas públicas.

JAE: Antes de terminar, ¿podemos referirnos brevemente a las cifras del gobierno central? Mencionaste antes que hubo cierto deterioro en abril.

TS: Fue un deterioro pequeño, de 0,1% del PIB entre el año móvil a marzo y los 12 meses a abril. Aquí se combinan dos elementos. Por un lado hubo menores ingresos y en eso fue clave el menor pago de impuestos por parte de las empresas públicas que mencionaba antes. La recaudación de IVA, en cambio, fue mejor que en meses anteriores. La recaudación de IVA interno, en particular, tiende a ser volátil pero igualmente cabe marcar que en abril subió 15% frente a abril de 2008.

Por otra parte, del lado de los gastos hubo aumentos reales muy significativos en algunos rubros: 10,8% en remuneraciones, 10,4% en gastos de funcionamiento de la administración central, 12,5% en las inversiones.

Y al margen de esto hay que señalar que la información que se divulgó el viernes también da cuenta de un aumento de la deuda flotante. Y acá nuevamente cobra relevancia lo que comentaba al inicio, de que la contabilidad se lleva en base caja. Cuando el Estado acumula deuda con proveedores eso no se anota como un mayor gasto público, el criterio no es de lo devengado sino que el gasto se anota cuando aparece la erogación en la caja. Desde diciembre hasta ahora la deuda flotante ha subido 50% medida en pesos corrientes. En términos absolutos no es una cifra muy grande, pero cambia en alguna décima el resultado y el impacto podría tornarse más significativo si esta tendencia se mantiene.

JAE: En definitiva, ¿cuál es la conclusión que sacan ustedes de los números de abril?

TS: Como decía al inicio, un descenso del déficit fiscal siempre es algo bienvenido. De todas formas, hay que ser cuidadoso con el número de abril. Por un lado hay que considerar la incidencia de la variación del stock de petróleo de Ancap, porque explica una buena parte de la mejora pero debiera ser un elemento transitorio. Ahora, por otro lado, las cifras de abril siguen mostrando costos de UTE relativamente altos por la escasa generación hidráulica y, al mismo tiempo, dan cuenta de que los gastos del gobierno siguen creciendo en forma significativa (incluso dejando de lado lo que señalaba antes respecto a la deuda flotante).

En principio pensamos que el déficit fiscal cerraría el año algo por encima de 2% del PIB, pero esos elementos nos hacen ser muy cautelosos respecto a las perspectivas fiscales, sobre todo ante el riesgo de que veamos un deterioro de la recaudación por un contexto de menor dinamismo económico.