Recesión en el centro del discurso final de Bush

Ante un Congreso que, pese a estar dominado por la oposición, lo recibió con una ovación, Bush buscaba en su discurso (iniciado pasada la medianoche de Uruguay) ahuyentar los fantasmas de la recesión.

«Mientras nos reunimos aquí esta noche, nuestra economía está pasando por un período de incertidumbre, y en las mesas a lo largo de todo el país existe preocupación sobre nuestro futuro económico», dijo Bush.

Ante ello, el presidente pidió al Congreso que apruebe su plan de estímulo económico por un valor de US$ 150.000 millones, creado junto a representantes de la oposición.

El plan incluye el reembolso de U$S 600 por persona, U$S 1.200 para las parejas, con un adicional de U$S 300 por cada niño. Los cheques estarán en manos de los consumidores en aproximadamente dos meses una vez que el proyecto se convierta en ley, siempre y cuando sea aprobado por el Congreso.

También exhortó al Congreso a que extienda sus recortes impositivos, que vencen en 2010, pues de lo contrario aumentarían los impuestos para 116 millones de contribuyentes.

«Normalmente los discursos del Estado de la Unión suelen ser bastante aburridos», dice León Panetta, ex jefe de staff del presidente Bill Clinton. El mensaje de anoche fue en otra dirección porque «el país está en una profunda crisis económica» y ahora los estadounidenses están buscando respuestas de sus líderes.

Que el inicio de su discurso haya comenzado con el tema económico no es casual. Bush intenta mejorar su opaca reputación sobre el cuestionado manejo de crisis, como el que hizo tras el huracán Katrina.

La crisis económica y el cuestionado liderazgo de Bush en este aspecto le ha reportado una pérdida de confianza en la ciudadanía y los electores: el presidente tiene un índice de aprobación de apenas el 34%, el más bajo de toda su gestión, según una encuesta de Bloomberg/Los Ángeles Times. Buena parte de la explicación se encuentra en el descrédito hacia su manejo de la economía. Del 41% que hace un año aprobaba su manejo de la economía, sólo le queda un 28%.

A pocos meses de las elecciones, a Bush le preocupa que la ciudadanía mire a los demócratas en busca de soluciones en lugar de confiar en el gobierno.

terrorismo. En todo caso, para los estadounidenses la guerra de Irak, sigue siendo una preocupación pero no la más importante. De acuerdo a una encuesta del diario The Washington Post y la cadena ABC, el 29% de los ciudadanos se declaró preocupado por la crisis económica, mientras que 20% prioriza el conflicto en Irak.

Sobre este tema, Bush defendió en su alocución, su polémica estrategia militar en Irak, al señalar que la misma ha permitido alcanzar «resultados inimaginables hace un año».

El presidente estadounidense defendió el envío a Irak de 30.000 soldados el año pasado, medida que fue rechazada por la oposición demócrata y hasta por sectores republicanos.

Estas declaraciones coinciden con el anuncio del departamento de Defensa del pedido de la Casa Blanca al Congreso de una partida de US$ 70.000 millones para la guera en Irak y Afganistán. El monto sólo cubre la primera parte del próximo año fiscal, que comienza en octubre.

«Al Qaeda está retirada de Irak y este enemigo será derrotado», aseguró Bush, quien además lanzó una fuerte advertencia a Irán.

El mandatario indicó que Teherán debe «suspender de manera verificable su proceso de enriquecimiento de uranio» utilizble para construir armas atómicas».

«Vuelvan a la comunidad de naciones, sean sinceros sobre sus intenciones nucleares y sus acciones pasadas, detengan la opresión en el país y dejen de apoyar al terrorismo en el exterior», agregó Bush.

En su mensaje, advirtió a Irán que «Estados Unidos enfrentará a todos aquellos que amenacen a nuestras tropas, estaremos con nuestros aliados, y defenderemos nuestros intereses vitales en el golfo», agregó.

La reacción al discurso final de Bush marcará el curso de sus últimos meses en la presidencia. Para el presidente resulta imperativo no quedar asociado a una debacle económica que pudiera tener un costo mucho más grave para las filas republicanas, pensando en los comicios en los que se elegirá a su sucesor.