Reforma migratoria en EE.UU. quedó en la nad

De esta manera, el proyecto más caro del presidente George W. Bush para su segundo mandato, quedaba por el camino. En los hechos, considerando el próximo receso legislativo y que el período que le sigue estará dominado por la campaña electoral, es imposible que el tema vuelva a retomarse en esta administración.

El proyecto de ley incluía la regularización de los aproximadamente 12 millones de indocumentados que residen en Estados Unidos (el 78% son latinoamericanos; los uruguayos en esa situación se ubican entre 35 mil y 40 mil), la creación de un sistema de contratos temporales para futuros inmigrantes y 4.400 millones de dólares para reforzar el control de la frontera con México.

La votación fue un duro golpe para Bush. Paradójicamente, los vencedores fueron los congresistas más conservadores del Partido Republicano, el mismo del presidente, los más reacios en aprobar varias cláusulas del proyecto, que lo consideraban una «amnistía».

No eran los únicos que estaban en contra. Varios demócratas e incluso grupos de hispanos lo consideraban «insuficiente», ya que priorizaba la calificación del inmigrante por encima de la reunificación familiar, uno de los ejes históricos de la política estadounidense en el tema.

El proyecto solo navegó 38 días, ya que el debate en el Senado se inició el 21 de mayo. Ya había sufrido un «impasse» tres semanas atrás y pareció haber resurgido este martes, cuando retornó a la Cámara Alta. Para que esto ocurriera, el propio Bush tuvo que reunirse con legisladores de su partido para pedirles una ayuda firme. La segunda parte duró solo tres días, y dejó muy mal parado al mandatario, en el que ayer se concentraron todas las miradas.

LÍDER. «El fracaso del Congreso para hacer algo constituye una decepción», dijo ayer Bush, con el liderazgo partidario muy en entredicho. «Muchos de nosotros trabajamos duro para ver si podíamos lograr un terreno común. No funcionó», añadió, visiblemente molesto.

Los impulsores de la reforma querían una rápida aprobación para evitar que la cuestión migratoria sea utilizada durante la campaña electoral que en los hechos comienza tras el receso parlamentario de agosto. Es que el fracaso del proyecto (cuyo reflote sería prácticamente un milagro) pone en contra de los republicanos al volátil electorado hispano.

De hecho, cuando Bush logró la reelección, en 2004, contaba con el 40% del voto latino, cuyas colectividades representan la inmensa mayoría de los ilegales. Hoy, según USA Today, no llegan al veinte por ciento.