Reinó la calma en París pero la violencia se mantiene en Francia

A tal punto llega la incertidumbre en el continente que el diario griego Ta Nea consideró este fin de semana que Francia es la «capital» del fracaso europeo en materia de inmigración, ya que las diferencias socioeconómicas entre la población nativa y la inmigrante es signada como la responsable de la escalada de violencia iniciada en los suburbios parisinos el 27 de octubre.

Aún así, pese a que la violencia continuó en los suburbios franceses durante todo el fin de semana, las autoridades han constatado una disminución en el número de vehículos y edificios vandalizados. Esta tendencia se afirmó desde el pasado miércoles, cuando el gobierno de ese país decretó el estado de emergencia.

Finalmente, el corazón de París estuvo tranquilo durante el fin de semana. Las autoridades policiales se habían declarado en «alerta rojo» ante el temor de hechos de violencia de gran nivel. Si bien la capital no registró incidentes, la situación más grave se traslado a otra de las importantes ciudades francesas, Lyon, la tercera en población.

CAOS EN LYON. El incendio de automóviles, índice que ha terminado constituyéndose un verdadero «termómetro» de la revuleta urbana, arrojó en la última noche una cifra de 374 vehículos calcinados. Unas 212 personas resultaron detenidas.

Mientras París permaneció en calma a pesar de los temores, grupos de jóvenes atacaron a pedradas a los policías en el corazón histórico de Lyon. En esa misma ciudad, otra horda estrelló un auto en llamas contra un centro de jubilados.

Solo en Lyon y a pesar del toque de queda para menores impuesto el sábado por la noche en esa ciudad y sus alrededores, ardieron más de 60 vehículos. En la tarde de ayer, dos vehículos fueron incendiados en los suburbios de la ciudad y varios autobuses apedreados.

También fue arrojada una bomba incendiaria contra una mezquita de Lyon, pero este artefacto no provocó daños. Sobre este último hecho, la policía aún no ha precisado si se trata de una represalia contra los manifestante, cuya gran mayoría, además de ser inmigrantes profesan la fe musulmana.

Jovenes habitantes de los suburbios franceses son los que desde hace 18 días protagonizan los incidentes cuya inicio fue la muerte de dos adolescentes, de orígen árabe, quienes presuntamente huían de la policía.

Desde hace día, los disturbios se expandieron rápidamente de los suburbios parisinos a otras comunidades pobres y han forzado a Francia a enfrentar sus fallas para integrar a las minorías y el descontento de las comunidades africanas y árabes.

Según una encuesta publicada ayer por el diario Le Journal du Dimanche, el 71% de la población francesa no cree que el presidente Jacques Chirac pueda resolver los problemas sociales que han alentado los disturbios. Sin embargo, casi una cuarta parte de la población piensa que sí puede hacerlo el líder ultranacionalista Jean-Marie Le Pen, que alienta una política de «inmigración cero».

¿CONTAGIO? Bélgica y Holanda sufrieron este fin de semana el atque de grupos de jóvenes a vehículos y edificios, al parecer inspirados por los disturbios que se iniciaron hace más de dos semanas en las afueras de París.

En Bélgica, los vándalos quemaron unos 29 vehículos en la noche más violenta tras una semana de ataques, dijo el gobierno. Los disturbios tuvieron lugar principalmente en la capital, Bruselas, y en Lieja y Charleroi, las dos principales ciudades de la región belga de habla francesa.

La policía, que detuvo a unas 50 personas, señáló que los inicidentes fueron aislados y no organizados. También enfatizaron que no existían indicios que los mismos fueran a generalizarse.

En la última semana en total se han incendiado unos 90 vehículos en Bélgica.

En la ciudad Holandesa de Rotterdam, la segunda en holanda y la de mayor crecimiento de la población inmigrante, grupos de jóvenes incendiaron cuatro vehículos y lanzaron bombas de fabricación casera contra una casa de un vecindario obrero, dijeron las autoridades. En total, unos 11 vehículos sufrieron daños, ya sea porque fueron quemados o porque tenían sus cristales destruidos.