Relaciones entre Lula y Chávez enfrentan su peor momento

Lula y Chávez siempre se han mostrado como amigos y aliados. Uno es el líder natural de Mercosur y otro es visto como el dirigente que más le pelea el liderazgo. Sin embargo, la cordialidad ha reinado en cada aparición pública conjunta. Tienen proyectos e inversiones comunes y cada uno visitó al otro ni bien fue reelecto, en ambos casos, a fines del año pasado. Sin embargo, todo esto está actualmente en un «impasse».

La semana pasada, el Senado brasileño le pidió a Chávez que reconsiderara su decisión de no renovarle la concesión a RCTV. El presidente venezolano calificó, palabras más o menos, de «lacayo de Estados Unidos» a esa institución. Como inmediata respuesta, Lula no solo respaldó a su Cámara Alta sino que repudió los dichos de su colega.

No es la primera vez que Lula discrepa con Chávez. De hecho, el estilo «sobreactuado» del caribeño, su conflictividad y su afán de protagonismo lo irritan sobremanera. En su país muchos actores políticos le han enrostrado (incluso gente de su propio partido) que ha asumido un rol «pasivo» mientras que su colega ve incrementar su influencia en el resto de la región.

En ocasiones recientes Lula le ha señalado a Chávez su malestar con sus expresiones y sus decisiones políticas (ver nota aparte), pero esta es la primera vez que expresa su repudio a través de un comunicado de la Cancillería.

Lula le ordenó a la Cancillería que convocara al embajador de Venezuela en Brasil, Julio María Montoya, para pedirle explicaciones. Actualmente en gira por la India y Europa, el presidente dijo que se comunicará con Chávez tras su regreso al país; eso será el próximo viernes. El sábado pasado, el ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Celso Amorim, reconoció que las relaciones con Caracas «no son normales» y que las explicaciones pedidas a Montoya «no fueron propiamente dadas».

Tono. Los gobiernos de Venezuela y Brasil no pueden disimular la sorpresa y el enojo existente. Sin embargo, a nivel oficial hay un intento de relativizar la situación, limitando el diferendo a una cuestión de «tonos».

Amorim afirmó ayer que las autoridades venezolanas intentaron justificar los dichos de Chávez al Senado brasileño.

Tanto Chávez como su canciller, Nicolás Maduro, se comunicaron el fin de semana con el embajador brasileño en Caracas, Joo Carlos Souza. De acuerdo con Amorim, el gobierno venezolano «registró» la incomodidad de Lula y su gobierno, reconoció el malestar creado e intentó justificar las declaraciones presidenciales. No fue precisado el contenido de esas justificaciones ni su autoría.

Amorim rechazó el tono de las críticas de Chávez. «Está todo bien con que él tenga su visión. Nuestra incomodidad fue sobre todo por la forma en que fue dicho. Espero que esto sea una nube pasajera en nuestras relaciones», señaló el canciller.

El fin de semana y en Venezuela, había sido Chávez el que justificó sus expresiones por una cuestión de tonos. «El Congreso de Brasil emitió un comunicado grosero y nos obligó a responder», dijo el presidente venezolano, en un discurso que reiteró que no tolerará «injerencias internas».

Desde la India, donde se encontraba en visita oficial, Lula se encargó de enfatizar que el tono del mensaje del Senado no solo no fue grosero sino que fue «una nota que apenas pide comprensión».

Aun así, el presidente brasileño se ocupó de no aumentar la tensión. En entrevista difundida ayer por la BBC, calificó a Chávez como «un socio de Brasil», aludiendo a los negocios y refinerías conjuntos. Al mismo tiempo, rechazó que el presidente venezolano represente un «peligro» para la región.

Más allá del pedido del Senado brasileño, la postura de Lula -al menos la públicas- en el caso RCTV ha sido siempre la misma: «Yo no opino sobre las políticas internas de ningún país». Acto seguido, se desmarcó de su colega diciendo que «en Brasil hacemos un esfuerzo enorme para que la libertad de prensa sea ejercida en plenitud».