Republicanos le hacen frente al Plan de Reactivación de Obama.

El resultado de la votación, 244-188, fue claro sobre la división partidista acerca del plan, algo que Obama había querido evitar para darle más sustento político a la iniciativa. Los 177 republicanos votaron por la negativa, a los que se sumaron otros 11 demócratas.

El presidente no quiso hacer mención a su fracaso ante la imposibilidad de conseguir el respaldo bipartidista, aunque según su portavoz, Robert Gibbs, se sintió «frustrado». Prefirió realzar las bondades del proyecto, estimado en 819.000 millones de dólares, que, asegura, permitirá salvar o crear de tres a cuatro millones de empleos en un país que sufre su peor crisis en ocho décadas.

Ahora, el Senado de EE.UU., donde el proyecto será presentado el lunes, discute enmiendas a este plan con objeto de hacerla más aceptable para la oposición republicana y corregir algunos defectos detectados a lo largo del debate. Si bien en la Cámara Alta gozan de una mayoría de 58 de 100 escaños, los demócratas necesitan el respaldo de algún legislador de la oposición para asegurarse no su aprobación -que, si la bancada oficialista se pliega, está asegurada-, pero sí que tenga un trámite rápido.

FACTORES. Varios elementos han esgrimido los republicanos para no seguir la iniciativa presidencial. Su propio plan se centra en la reducción de impuestos, que en el proyecto de Obama representa el 33% del monto total (unos US$ 275.000 millones). La oposición quiere aumentar ese porcentaje, al menos, hasta el 40%.

«Recortar impuestos crearía más trabajos en Estados Unidos que un montón de programas gubernamentales», aseguró el líder de la minoría republicana en el Senado, John Boehner.

Entre los programas más cuestionados del plan se incluyen los destinados a la distribución de anticonceptivos (evaluado en 200 millones de dólares), la atención de enfermedades de transmisión sexual (US$ 300 millones) y la mejora del National Mall de Washington (US$ 20 millones). Los demócratas apuntan que esto a la larga terminará reduciendo los gastos médicos; los republicanos no ven cómo pueden generar empleo, la principal preocupación de los estadounidenses.

La principal oferta sobre la mesa para tender puentes con la oposición es la de incrementar el porcentaje del paquete de estímulo dedicado a las rebajas fiscales. Se baraja un cifra en torno a los US$ 70.000 millones adicionales.

Los republicanos sospechan además que buena parte del plan destinado a nuevos gastos -inversiones en infraestructura y mejoras de las condiciones sociales- tiene un sentido claramente partidista, ya que los principales beneficiados son aquellos sectores tradicionalmente aliados de los demócratas, como la industria, los sindicatos y las organizaciones sociales. Frente a eso, Obama ha asegurado la máxima transparencia en el gasto.

La oposición se apoya particularmente en un estudio interno del Congreso que afirma que tan solo el 5% de los proyectos de inversión pública del plan (finalmente fijados el miércoles en 547.000 millones de dólares) se llevarían a cabo en los primeros dos años.

Otro de los aspectos polémicos de la ley es el del fomento de los productos «made in USA», incluyendo una enmiendo para prohibir la compra de hierro y acero extranjero. Esto no sólo ha provocado la inquietud de los republicanos, tradicionalmente menos proteccionistas que los demócratas, sino que también despertó el alerta de la Unión Europea.

SENADO. Más allá de que Obama y los demócratas sigan manifestándose optimistas sobre un mayor apoyo en la Cámara Alta, los senadores republicanos se comprometieron ayer a luchar contra el plan oficial.

La oposición insistió en el hecho que el proyecto representa un gasto colosal si no se pone el acento en la reducción de impuestos y en inversiones con un gasto específico. «Esto no es un juego, se trata de hacer lo que sea mejor para los estadounidenses», dijo el senador republicano John Kyl.

Sin embargo, esta movida no está a salvo de riesgos. Si el plan es aprobado sin apoyo opositor y resulta exitoso, los republicanos corren el riesgo de quedar como el partido «del no» ante la opinión pública, cada vez más sensibilizada por las pésimas noticias económicas. Ayer se supo que 4,78 millones de personas reciben seguro de desempleo en EE.UU. Es una cifra récord desde que se mide ese indicador, en 1967.