Rio de Janeiro quedará militarizada

Aún no se decidió en qué consistirá esa «colaboración», ni si esto incluirá un envío de tropas. Esto podrá dilucidarse en una reunión el lunes entre Lula, el gobernador carioca, Sergio Cabral, los ministros de Defensa y Justicia, más los comandantes militares.

Cabral había pedido formalmente el miércoles la intervención de las Fuerzas Armadas en el estado. El gobernador no ahorró términos para definir la situación: «la población está en estado de pánico». En su petición, dijo que vendría muy bien la ayuda de 6.000 infantes de marina.

Un estudio del instituto Sensus reveló que el 91% de la población brasileña cree que la violencia ha aumentado en los últimos años. Con una tasa de 27,2 homicidios cada 100 mil habitantes (que en Rio trepa a los 50), se trata del cuarto país más violento en el mundo.

En el último año, los homicidios en Rio de Janeiro crecieron un 9,6%, los robos a peatones un 24,8% y los asaltos a ómnibus un 10,4%. Sin embargo, la idea de militarizar la «cidade maravilhosa» provoca inquietud. Tener miles de personas armadas más en un estado en la que ya transitan 38.000 policías militares, 10.500 policías civiles, 500 miembros de la Fuerza de Seguridad Nacional (un escuadrón de elite), más un número no contabilizado de grupos paramilitares y bandas de narcotraficantes no es algo que genere tranquilidad.

El temor no sólo está en la población sino también a nivel institucional. El ministro de Justicia, Tarso Genro, apeló a la Constitución al decir que «las fuerzas armadas son entrenadas para misiones de guerra, no para patrullar calles». Aún así, admitió que Lula, como comandante en jefe del ejército es quien tiene la última palabra.

colombia. Si es por el gobernador Cabral, no hay margen para la duda. Tras asistir al sepelio de un policía -que además era parte de su equipo personal de seguridad- el lunes, dijo que no pensaba «pasar todo mi mandato yendo a entierros». En lo que va del año, ya son 39 los uniformados abatidos a tiros. Su mirada está puesta en el caso colombiano, donde ya hay probada experiencia en el trato con traficantes y grupos paramilitares.

El 23 de marzo Cabral viajó a Medellín, ciudad colombiana que en 2001 tenía una escalofriante tasa de alrededor de 180 homicidios cada 100 mil habitantes, indicador que cuatro años después se redujo a «sólo» unos 40, según se indica el sitio web del sociólogo Gláucio Soares (conjunturacriminal.blogspot.com), un especialista en temas de seguridad.

A su regreso, Cabral comentó que mientras en Bogotá (con más de siete millones de habitantes) hay 22 mil policías, en la ciudad de Río y alrededores, con una población de 15 millones más seis millones de turistas al año, sólo hay nueve mil. Prometió duplicar el número de efectivos en los cuatro años de su mandato.

Una nueva delegación de diputados federales llegará hoy a la colombiana Medellín para interiorizarse más en políticas de seguridad.

Pero el tema de la inseguridad en Brasil no se agota en Rio. Si bien mediante una combinación de políticas progresistas y conservadores, la tasa de homicidios en San Pablo se redujo un 35% en cinco años, no falta una mecha que haga estallar todo. Los desmanes del Primer Comando de la Capital (PCC) del año pasado aún están bien presentes en la población paulista.

A falta de una respuesta del Estado para darle seguridad a sus habitantes, surgen los grupos parapoliciales que terminan volviéndose otro problema. Las autoridades brasileñas anunciaron ayer que un grupo de exterminio, acusado de la muerte de mil personas en el último lustro, fue desarticulado en Recife.