San Pablo estremecido por la violencia coordinada

La ola de atentados contra las fuerzas de seguridad de San Pablo –que coordina desde el viernes por la noche una poderosa banda criminal desde las cárceles– sumaba ayer 81 víctimas, 180 ataques a objetivos policiales y civiles, además de quema de ómnibus, asaltos a bancos y rebeliones en prisiones a lo largo y ancho del estado, el más rico y más poblado de Brasil. Ante la inseguridad, hubo una paralización del transporte que afectó a unos 3 millones de paulistas.
La mitad de las víctimas fatales fueron miembros de la Policía Militar o la Policía Civil, aunque también cayeron guardias municipales, agentes penitenciarios y cuatro civiles. En los enfrentamientos, en los que cerca de 50 personas resultaron heridas, murieron además unos 40 sospechosos de participar en los ataques, y 91 fueron detenidos. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ofreció al gobierno del estado el envío de tropas federales para ayudar a controlar la situación.

El movimiento criminal Primer Comando de la Capital (PCC) (ver página 18) dirige la ofensiva en represalia por la transferencia de sus cabecillas a cárceles de máxima seguridad. El traslado fue dispuesto por las autoridades de las penitenciarías para evitar reuniones entre los “capos” y pandilleros puestos en libertad. Sin embargo, los miembros de la banda se las apañaron para coordinar motines, que anoche se controlaron en 43 cárceles. Sólo dos de las 144 prisiones de San Pablo permanecían tomadas ayer. Estos 144 penales alojan a gran parte de los 125.000 detenidos a cargo de la Secretaría de Administración Penitenciaria (SAP), en un estado más grande que Francia, donde viven 42 millones de personas. En la noche de ayer, los presos insurrectos todavía retenían a 16 rehenes.

Se trató de la mayor movilización de presos desde 2001, cuando se amotinaron a la vez 20 cárceles, también dirigidas por el PCC. Desde el comienzo de la ofensiva el viernes pasado, estallaron rebeliones en más de 70 cárceles, y las autoridades lograron sofocar 26 motines y librar al menos a 165 rehenes, se congratuló la SAP.

El nerviosismo y el miedo se esparció ayer por la ciudad, que quedó semiparalizada por la decisión de las empresas de transporte de no circular, tras el incendio de 80 ómnibus. También cerraron numerosas escuelas y buena parte de los comercios.

Lula y algunos de sus ministros –incluso el titular de Justicia Marcio Thomaz Bastos– discutieron ayer el reguero de ataques en Sao Paulo, y propusieron movilizar fuerzas federales hacia esa ciudad, corazón industrial y financiero de Brasil.

Bastos informó que puso a disposición del gobierno del estado 4.000 hombres de una fuerza nacional de elite, compuesta por policías militares y bomberos de todos los estados, que viajaría a Sao Paulo para reunirse con el gobernador Claudio Lembo.

El gobierno estatal insistió en que no precisa de ayuda federal. (AFP, AP Y EFE)