Sarkozy ganó las elecciones en Francia

Los resultados definitivos brindados por el Ministerio del Interior francés, sin tomar en cuenta los votos del extranjero, le dieron la victoria al candidato de la gobernante Unión por un Movimiento Popular (UMP) con el 53,06% del electorado. De esta manera, a partir del próximo 16 de mayo extenderá por otros cinco años el gobierno de esta formación de derecha, iniciado en 1995 con el triunfo del hasta entonces presidente Jacques Chirac.

En total, unos 44,5 millones de franceses estuvieron convocados a las urnas.

«El pueblo de Francia ha elegido el cambio», señaló Sarkozy a sus simpatizantes. Es que estas elecciones mostraron por primera vez a dos postulantes surgidos luego del fin de la Segunda Guerra Mundial. El carismático pero también controvertido líder derechista prometió que será presidente «de todos los franceses», en un intento de aplicar los temores que aún emite su figura, vinculada por sus adversarios al autoritarismo.

Miles de militantes de la derecha se reunieron tras el cierre de las oficinas electorales en la céntrica Plaza de la Concordia, en París, muy cerca de la avenida de los Campos Elíseos, donde la UMP celebraba su fiesta de la victoria. En un teatro de la capital, Sarkozy emitía su primer discurso como presidente electo.

DESAFÍOS. Sarkozy recibirá de Chirac una nación con los salarios estancados y una economía debilitada en comparación con las de las otras naciones integrantes de la Unión Europea (UE). La presencia internacional del país está debilitada, y en lo interno sufre una gran carga de frustración que comienza a dar señales de peligro en los suburbios pobres y cargados de inmigrantes.

Su primera misión será designar a un primer ministro y formar gobierno.

En su discurso triunfal, Sarkozy reiteró los pilares de su victoria: revalorizar el trabajo, el orden, la moral, el respeto a la autoridad, la nación y la identidad nacional.

Con respecto a la política exterior, Sarkozy -un reconocido pro-EE.UU.- dijo ayer que Washington «puede contar con la amistad de Francia», al tiempo que subrayó que su país regresa desde ayer «al corazón de Europa», dos años después del rotundo «no» al proyecto de Constitución continental en un referéndum.

En las últimas semanas, el líder conservador lanzó ideas muy polémicas sobre la inmigración -endureciendo la llamada «reagrupación familiar»- y ha descrito con detalle la mano dura que aplicará para luchar contra la delincuencia y la inseguridad.

El ex ministro de Interior, autor de una ley sobre inmigración en 2006, desea restringir la entrada y permanencia de clandestinos en Francia y exigirá para la reagrupación familiar que un extranjero tenga un salario y una casa antes de hacer venir a los suyos.

Además, aprobará una norma que garantice un servicio mínimo en los servicios públicos, sobre todo en los transportes, en caso de huelga.

Aliviar las tensiones de los suburbios -donde el apellido Sarkozy equivale a una mala palabra- será uno de su mayores retos como presidente. De hecho, tras conocerse su triunfo, ahí se produjeron varios disturbios (ver nota aparte). Unos 3.000 policías fueron apostados ahí para prevenir desbordes.

Aún se recuerda su actuación como ministro del Interior durante las tres semanas de incidentes violentos que se produjeron a fines de 2005 en los suburbios franceses, donde viven muchos inmigrantes irregulares (sobre todo árabes y africanos). No dudó entonces en llamar «escoria» a los «delincuentes» que ahí viven. No cambió el discurso para esta campaña electoral. «Voy a seguir llamando matón a un matón y escoria a la escoria», dijo el pasado mes.

Al respecto, destacó la UE «no debe ser el caballo de Troya» de la globalización. Aún así, dijo querer ayudar a Africa «a derrotar las enfermedades, el hambre, la pobreza y vivir en paz». Añadió que su país y el continente negro «decidirán juntos una política de inmigración», tratando de despejar las dudas sobre su accionar en ese tema.

La mano dura contra la delincuencia y la inmigración no son los únicos pilares que lo llevaron al poder. El presidente electo cree que la semana laboral vigente en Francia, de 35 horas, es «absurda» y quiere eximir impuestos al pago de horas extras, a fin de alentar a la gente que trabaje más.

Su triunfo de ayer no le da via libre para impulsar esos cambios. Para eso será necesario obtener una mayoría en las elecciones legislativas del 10 y 17 de junio. En miras a esos comicios es que el derrotado Partido Socialista (PS) está buscando, rápidamente, recomponer filas tras la dura derrota.

DERROTADOS. Muy poco hacía que se habían comenzado a divulgar los resultados oficiales cuando la candidata socialista llamó a su rival para felicitarlo. Royal, que obtuvo alrededor del 46,94% de los votos, había picado en punta al inicio de la pugna electoral, a principios de diciembre, pero paulatinamente fue perdiendo posiciones.

La derrota caló duro en el PS. En su seno se teme que se haga cargo a Royal, de 53 años, de la nueva frustración socialista, al tiempo que reflotan las divisiones que habían quedado de lado en la campaña.

Una renovación incompleta y la imposibilidad de convencer al electorado de ser la mejor opción fueron los argumentos escogidos por los dirigentes socialistas para explicar la dura derrota. Desde los tiempos de Francois Mitterrand (1981-1995) que el PS no controla la Presidencia francesa.