Se inició el debate global en la ONU

El edificio que ocupa seis cuadras de la primera avenida de Manhattan, Nueva York, revivirá durante las próximas semanas. Contenido por la bahía del East River, con vidrios espejados y banderas ondulantes (incluida la de Uruguay, que está en segundo o anteúltimo lugar, dependiendo de la perspectiva) la torre de la Secretaría General se hincha de orgullo cuando por fin, en la tercera semana de setiembre de cada año, se abre oficialmente la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El debate tendrá lugar hasta el 3 de octubre y cuenta con la particularidad de estrenar secretario general, Ban Ki Moon. A las 10.30 horas de ayer (11.30 en Uruguay), el surcoreano tenía a la prensa reunida en un salón del edificio.

Moon pronunció un breve discurso sobre las actividades de los próximos días. Detalló que dentro de las discusiones globales de las sesiones estarán incluidas las realidades de Darfur, Irak, Afganistán y Kosovo, pero destacó el cambio climático como tema fundamental de la asamblea. En efecto, el 24 de setiembre tendrá lugar un consejo especial, que reunirá a los líderes mundiales con la intención de llegar a un acuerdo sobre el calentamiento global que permita sustituir al Protocolo de Kyoto.

Horas después se llevó a cabo la apertura oficial de la 62ª Asamblea General de ONU, en el mismo salón en que el año pasado el presidente venezolano Hugo Chávez sintió olor a azufre. Antes del inicio cada uno de los presentes debió participar del minuto de silencio establecido por reglamento para la oración o la reflexión. De todas formas, la inmensidad del lugar, la diversidad de lenguas para elegir traducción y la extraterritorialidad que se respiraba, le aportaban suficiente solemnidad al asunto.

La sesión inaugural tomó unos pocos minutos. Fue comandada por Srgjan Kerim, nuevo presidente electo de la Asamblea. Instó a “renovar la fe en los valores y los destinos comunes de las naciones” y reafirmó la necesidad de reforzar la imagen y la capacidad de acción de la ONU en los conflictos del mundo.


La previa. La cercanía de la Asamblea General se respiró en cada espacio del enorme edificio desde la semana pasada. En el tercer piso –donde se encuentran las agencias de noticias– se aprontaba cada micrófono anticipando el trabajo que vendría.

La seguridad del edificio (idéntica a la de cualquier aeropuerto) se extremó. La enorme construcción es capaz de marear al más ubicado, con escaleras mecánicas y puertas giratorias que se asemejan a una carrera de obstáculos.

La extraterritorialidad figura en el reglamento, pero se percibe de hecho en cada rincón. La nacionalidad y el idioma de las personas es una adivinanza que lleva los primeros minutos de cada conversación. El interlocutor puede haber nacido en Suecia, Tanzania o Argentina. La cafetería es el mejor lugar para comprobarlo, un enorme espacio con luz natural y vista al río. Allí se vive el concepto mismo de la organización: la integración no es una decisión, sino una obligación.