Se perfila un escenario bélico entre Washington y Teherán

Ayer, el presidente George W. Bush calificó los comentarios sobre un ataque estadounidense contra Irán como cháchara política.

A pesar de lo que digan, los iraníes tienen razones para estar paranoicos. En las últimas semanas, varios oficiales estadounidenses condenaron a Irán por proveer con explosivos y entrenamiento a la insurgencia iraquí. El 21 de diciembre, tropas de EE.UU. irrumpieron en las oficinas del principal partido, el Consejo Supremo para la Revolución Islámico en Irak y arrestaron a dos presuntos integrantes de la Guardia Revolucionaria de Irán. Tres meses después, soldados estadounidenses ingresaron a una oficina diplomática en Irbil, arrestando otros cinco iraníes. En lo que parecería ser una serie de represalias, Irán habría aprovechado su turno en un espectacular raid en Karbala, el 20 de enero, en el que cuatro soldados estadounidenses fueron secuestrados y ejecutados de un tiro en la cabeza.

Al menos un ex funcionario de la Casa Blanca reconoce que secretamente algunos consejeros de Bush buscan una excusa para atacar Irán. «Intentan ser lo más provocativo posible y hacer que los iraníes, hagan algo así (Estados Unidos) no tendrá más remedio que responder», dice Hillary Mann, la ex directora para Irán y el Golfo Pérsico del Consejo Nacional de Seguridad. Funcionarios estadounidenses insisten que no tienen intención ni de provocar a los iraníes, ni de ir a la guerra. Pero todo indica que la guerra retórica entre Teherán y Washington va hacia lugares peligrosos. Un segundo contingente naval va hacia el Golfo, y, según Newsweek, un tercero seguirá sus pasos. Irán lanzó algunos misiles a esas mismas aguas en una publicitada prueba. Con Irak y Estados Unidos midiendo fuerzas en el caótico campo de batalla de Irak, las chances de que un pequeño incidente derive en una crisis, son más altas que nunca.

Desde el 11/S, las relaciones han sabido de idas y venidas, algunas de las cuales incluso rozaron la cooperación. Pero la tensión alrededor del enriquecimiento de uranio y la retórica inflamada de Ahmadinejad contra Israel, no ayudan en nada. La negativa de Bush a negociar con Irán, tampoco.

Estas semanas, funcionarios estadounidenses se las han visto difíciles al intentar negar un presunto plan militar para ir contra Irán. «No estamos planeando operaciones militares contra Irán», dijo el subsecretario de Estado, Nicholas Burns.

No es así, el Pentágono, sí, tiene un plan de contingencia bélica con Irán, que le fue informado a Bush, en el verano (boreal) pasado. Los blancos incluirían las defensas antiaéreas iraníes, instalaciones para armas nucleares y biológicas, sitios de misiles balísticos, bases navales y de la Guardia Revolucionaria en el Golfo y oficinas de Inteligencia. Analistas militares concluyeron que sólo un cambio de régimen podría eliminar completamente la amenaza iraní, pero Estados Unidos no tiene las tropas necesarias.

En Irak, es otra cosa. Funcionarios militares y políticos estadounidenses acusan a Irán de «un proyectil formado por explosión», un tipo particularmente letal de bomba sembrada en las carreteras que usan grupos chiitas en ataques contra tropas estadounidenses en Irak. En el último año, se duplicaron los ataques en los que se usan estos artefactos.

El secretario de Defensa Robert M. Gates dijo el viernes, que los números de serie y otras marcas en los fragmentos del arma encontrados en Irak señalan a Irán como la fuente

Pero lo que escasean son pruebas concretas de que esas armas sean provistas por el gobierno iraní, y no por traficantes de armas o disidentes de la Guardia Revolucionaria. «El apoyo letal iraní a determinados grupos chiitas iraquíes claramente intensifica el conflicto iraquí», dice el último informe de Estimación Nacional de Inteligencia. Pero de lo único que se lo puede acusar con certeza a Teherán es de su incapacidad para detener el tráfico. Los propios iraníes admiten que no ponen mucho esfuerzo en ello.

Estados Unidos tiene el frente político. Restricciones financieras empiezan estorbar la economía iraní. Los votantes, enojados por el aumento de precios le dieron a Ahmadinejad una sonora derrota en las elecciones municipales. Eso no importaría mientras conserve los favores del líder supremo, el ayatollah Khamenei. Un reciente editorial de un periódico aliado con Khamenei le urgió a Ahmadinejad a dejar el programa nuclear en manos de los expertos, y dedicarse en cambio a mejorar la economía.

Más presión sobre Ahmadinejad podría devolverle la popularidad, hacerlo mártir en una cultura del martirio. Los insurgentes sunitas no tiene más que matar algunos estadounidenses y dejar algunos documentos iraníes cerca, para iniciar una guerra en gran escala.