Son 40.000 las víctimas mortales que dejó el terremoto en Pakistán

«Cachemira es un cementerio». El gobernador provincial, Sikander HayatKhan, instaló su «oficina» en una tienda en Muzaffarabad, la capital regional y una de las localidades más afectadas. El edificio de gobierno está en ruinas al igual que el 90% de la ciudad. «Desde hace dos días no hacemos más que excavar para recuperar los cadáveres y sepultarlos», señaló ayer cuando no han desaparecido los temores por más movimientos de tierra.

Cuando fuentes del gobierno paquistaní y de la Unicef aseguraban ayer que la cifra de muertos en Pakistán puede llegar a 40 mil, la situación se agravó por la ola de saqueos en comercios y centros de abastecimiento debido a una población desesperada y hambrienta. Se calcula que hay entre dos y tres millones de damnificados.

En India, que también sufrió el terremoto que en su epicentro alcanzó los 7,6 grados de magnitud en la escala Richter, el balance de víctimas fatales llegó a 880. Todas en la Cachemira india. No se descarta que las cifras aumenten con el correr de las horas a ambos lados de la frontera.

ROBOS. No hay electricidad ni agua, los rescatistas apenas iniciaban ayer la ayuda a las legiones de desamparados. Muchas personas están heridas y apenas comen mendrugos de pan desde hace días, al menos los más afortunados.

Los camiones militares recién llegados a la ciudad fueron tomados por asalto, bajo la mirada impotente de los soldados. En pocos minutos, alimentos, carpas y medicamentos llevados con dificultad a Muzaffarabad por la ruta —que ayer empezaba a ser transitable— desaparecieron en manos de los habitantes, que desde hacía 48 horas esperaban angustiados la llegada de socorros.

Cientos no toleran la espera. Frente a una hilera de tiendas semiderruidas, jóvenes escarban en los escombros en busca de aceite, arroz y bizcochos. En otras partes, comerciantes con palos tratan de rechazar a los saqueadores que buscan harina. Así era el escenario ayer en Muzaffarabad.

El hambre y la desesperación obligan a algunas víctimas del terremoto a alimentarse como pueden. Solo en la capital de la Cachemira paquistaní se cree que la cifra de muertos supera los 11.000, sin contar aquellos que perdieron sus hogares.

Decenas de hombres, jóvenes y viejos, enfrentaron a los dueños de tiendas, y ambos bandos intercambiaron pedradas y palazos.

«¡No trates de detenerlos porque te golpearán!», advirtió un joven a un hombre mayor barbudo con apariencia de tendero.

«No hemos comido nada en dos o tres días. Las tiendas están cerradas y el gobierno no nos da nada», dijo un hombre de 20 años que sacaba algunas mercaderías y no quiso identificarse. «Estamos desesperados y hambrientos». También se denunciaron robos en gasolineras y casas abandonadas.

PRIORIDADES. La búsqueda de supervivientes es lo prioritario entre los funcionarios gubernamentales. La defensa de la propiedad privada quedó relegada. Esto fomenta los saqueos y los enfrentamientos.

La presencia policial es más visible en torno de una cancha de fútbol donde se ha improvisado una clínica y se reúnen los rescatistas. Hay pocos efectivos en las calles.

«Estamos indefensos. No hay orden en la ciudad», dijo un funcionario municipal