Trabajar 6 horas por día: debate político comienza semana próxima.

Impracticable en estos momentos y muy difícil si no se toman medidas alternativas. Así definió el economista Juan Manuel Rodríguez (58) la propuesta del PIT-CNT de reducir de ocho a seis horas la jornada laboral en Uruguay.

En el contexto actual esta medida no supondría una baja en los índices de desempleo, principal objetivo de los trabajadores, dijo Rodríguez, jefe de política económica del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), y docente de materias vinculadas a economía laboral en la Universidad Católica y la Universidad de la República.

La reducción de las jornadas laborales será discutida por primera vez el próximo miércoles 27 en el ámbito de Compromiso Nacional, integrado por trabajadores, empresarios y el gobierno. El presidente Tabaré Vázquez se manifestó partidario de la iniciativa, pero ésta no tuvo la misma acogida entre los empresarios. Los propios trabajadores han reconocido que su implementación será larga y difícil.

La reducción de la jornada laboral es un punto que merece consideración pero «no debe ser el tema central a tratar» en un país donde después de la crisis de 2002 el Producto Bruto Interno (PBI) cayó en un 20%, dijo Rodríguez

De acuerdo al especialista, no es una conclusión evidente que rebajar la jornada laboral influya positivamente en los índices de empleo. «Sólo un razonamiento lineal que habla de un 25% de horas a ocupar la fundamentaría, pero hay que tener en cuenta otros factores; se sabe que la productividad laboral en las primeras horas es superior, por lo tanto es posible que la productividad no se vea resentida», consideró. Entonces, si el rendimiento se mantiene pese a un menor monto de horas trabajadas hasta puede jugar en contra de ese objetivo. Otros elementos a tomar en cuenta incluyen la posibilidad de la empresa de ampliar su mercado o no. Tambien el régimen de trabajo.

Por otra parte, destacó que si no hay una reducción proporcional de salarios los costos laborales aumentan un 25%. Esto se trasladaría al precio de mercado de los productos que la empresa produce.

«Si no se reduce el salario, la competitividad no aumenta. Sí aumenta el costo y eso se expresa en el precio. Si se bajan las remuneraciones, ya no es tan atractivo para el trabajador», explicó.

«Con la realidad actual los trabajadores casi que se verían obligados a buscar otro empleo porque tienen más disponibilidad de tiempo para hacerlo», estimó el experto.

OTRAS PRIORIDADES. Hay dos formas de implantación de la reducción horaria. Una puede ser como en el caso francés (ver nota aparte) con una ley o decreto que establezca tiempos y categorías. Ya existe una ley de ocho horas. La otra forma es que sea negociado colectivamente entre trabajadores, empresarios y el Estado, tomando en cuenta los indicadores de productividad.

El especialista indicó que en Uruguay, lo principal sería «tratar de recuperar el dinamismo económico para que puedan generarse empleos de ocho horas con salarios que permitan vivir». Juan Manuel Rodríguez enumeró los cuatro factores a considerar para asegurar la generación de empleo a través de esta medida.

El primero es la relación entre reducción de la jornada y el salario. Luego está su impacto en la productividad. En tercer lugar, hay que tomar en cuenta si el mercado permite o no el crecimiento de la producción. Finalmente, la rebaja en la carga horaria debe ser acompañada por medidas técnicas o legislativas para reducir el pluriempleo.

Controlar el pluriempleo supone un costo fiscal «espantoso», afirmó, aunque «es posible en cambio incentivar con mejores pagas a una persona para que sólo tenga un trabajo».

De todos modos, esto es impracticable en un escenario como el del presente, en el que una cuarta parte de los trabajadores ganan menos de $ 4.000.

SIN RECETAS. De acuerdo a Rodríguez no hay recetas para abatir el desempleo: «lo que debería intentarse para generar más puestos de trabajo es atraer inversiones, aumentar la productividad e invertir en capacitación y equipamientos».

El sector empresarial normalmente se pronuncia en contra de estas medidas, basándose en el aumento de los costos que representa la no reducción o la reducción no proporcional de los salarios en la competitividad final, explicó el experto.

Pero esto también ocurrió en Francia y no se desencadenaron las «catástrofes» que el empresariado anticipó. Tampoco se crearon los puestos de trabajo esperados.