Tras dos meses México ya tiene presidente: Calderón

Al cabo de una sesión de más de cuatro horas, los siete magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) dijeron de forma unánime que Calderón, de 43 años, es «elegible» como nuevo mandatario por haber triunfado en la «válida» jornada del 2 de julio.

Los magistrados ratificaron el cómputo final que dio el triunfo a Calderón con 14.916.927 votos y dejó en segundo lugar a López Obrador con 14.683.096 sufragios. La diferencia: 233.831 votos.

Así, Calderón, con 43 años, llegará a la presidencia de México tras unos cerrados comicios y una profunda crisis postelectoral desencadenada por la izquierda, que dificultará aún más el mandato de un político con poca experiencia de gobierno.

Apasionado de la política y de su partido, Acción Nacional (PAN), Calderón gusta de presentarse como «el hijo desobediente», a pesar de que su formación es católica y tradicional, un puro producto panista.

Hace un año era un nombre poco conocido por los votantes, y en cinco meses consiguió igualar la competencia y acabar derrotando en medio de una gran polémica legal-electoral al que era el gran favorito para las elecciones del 2 de julio, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

«Yo soy como los caballos buenos, que arrancan desde atrás», asegura sin perder su sonrisa este ex diputado federal y ex ministro de Energía de clase alta, aspecto pacífico y discurso nada exaltado, al menos en público.

Durante la campaña, Calderón operó un cambio de estrategia para adoptar un tono agresivo en el que presentaba a López Obrador como «un peligro».

Luego de la elección y con una estrecha ventaja, el panista nuevamente modificó su tono. Dejó de lado la confrontación, no respondió al discurso de López Obrador, que lo presentaba como un futuro «presidente espurio».

Luego de que López Obrador amagara con impedir su declaratoria de presidente electo, Calderón se limitó a exhortar al izquierdista a portarse como un «demócrata» y a «reconsiderar su actitud».

La desigualdad y la impaciencia de las clases populares, que en su mayoría votaron por la izquierda, son dos de las tareas urgentes del próximo presidente, que gobernará entre 2006 y 2012. López Obrador, que se ha declarado en «resistencia civil pacífica» y aspira a ser nombrado por sus seguidores «presidente legítimo» y «jefe de un gobierno paralelo» en un acto público el 16 de setiembre, acusa a Fox, Calderón, los empresarios y otros «actores de la derecha mexicana» de haber preparado un fraude.

La sentencia desgrana los resultados del análisis de todas las alegaciones que hizo López Obrador para pedir la anulación.

Aunque considera que la gran mayoría de las irregularidades denunciadas «no quedaron demostradas ante la insuficiencia de elementos», reconoce que hubo algunas, pero considera que éstas fueron «intrascendentes» para el resultado y que la elección fue en lo general limpia y democrática.

«Sí existieron irregularidades», admitió la magistrada Alfonsina Navarro, quien admitió que «no existe elección perfecta».

El analista mexicano José Antonio Crespo dijo que el fallo inapelable de la Corte «reviste a Calderón de un halo de legalidad, pero no de la certeza necesaria para empezar el Gobierno con la legitimidad necesaria en estos tiempos de polarización política».

«Considero que las argumentaciones de los magistrados no despejaron del todo las inquietudes sobre las irregularidades electorales que ellos mismos admitieron y, por lo tanto, quedó en la ciudadanía una sensación de duda», señaló Crespo, del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) de México.