Tras la paz, refugiados vuelven a lo que quedó de sus ciudades

BEIRUT | AFP, AP

Treinta y dos días y 1.300 muertes después que Hezbollah secuestrara a dos soldados israelíes e Israel se atribuyera una feroz represalia que dejó parte de Líbano en escombros, a las 2.00 de ayer, hora de Uruguay, comenzó un cese del fuego acordado internacionalmente y precedido por una feroz ofensiva israelí de última hora.

Más allá del optimismo generalizado, la tregua se vio rápidamente fragilizada por el rechazo de Hezbollah a desarmarse de inmediato y la advertencia de Israel de que no bajará la guardia.

Pero lo más importante es el regreso a casa de los miles de desplazados por una guerra que, aunque no tuvo un vencedor claro, le permitió a Hezbollah declararse victorioso. El jefe de la milicia, Hassan Nasrallah, reivindicó una «victoria estratégica e histórica para todo Líbano y la resistencia» a la vez que se opuso al desarme inmediato de la milicia.

Nasrallah puso el matiz al final del conflicto: «La cuestión del desarme no puede ser solventada de forma prematura y bajo la presión, la intimidación o la provocación; debe ser solucionada a través del diálogo entre libaneses».

El primer ministro israelí, Ehud Olmert, aseguró que su país «no aceptará el más mínimo ataque contra su soberanía» y perseguirá a Hezbollah «en cualquier lugar y en todo momento».

«Ya no existe el Estado dentro del Estado», indicó Olmert en referencia al partido chiita, que en los últimos seis años ha controlado el sur de Líbano.

La resolución 1701 del Consejo de Seguridad prevé que Hezbollah deponga las armas tras el despliegue del ejército libanés en el sur de Líbano.

Líbano anunció que 15.000 soldados del ejército tomarán posiciones en la margen norte del río Litani antes del fin de semana.

REGRESO. Por millares, las familias libanesas que habían huido de las bombas iniciaron el viaje de regreso. En los alrededores de la ciudad de Saida, puerta de entrada al sur del país, se formaron gigantescos atascos, con centenares de vehículos que bloqueaban por completo la carretera del sur.

En Tiro, ciudad portuaria a 40 km más al sur, devastada y aislada del resto del país desde hace una semana, los civiles salían de sus refugios, fatigados, y con el único fin de volver a casa.

En el este del país, largas filas de vehículos cruzaban la frontera entre Siria y Líbano y avanzaban por carreteras horadadas.

En los últimos días, Israel movilizó 30.000 soldados en una amplia ofensiva en el sur de Líbano, para tratar de ganar terreno a Hezbollah, objetivo de sus operaciones.

Durante los 32 días de guerra, las tropas israelíes se toparon con una férrea resistencia de Hezbollah, amos de esa región montañosa, en sus esfuerzos por avanzar hasta el río Litani.

Ayer, el Ejército israelí empezó una tímida retirada del sur libanés, mientras el general Gai Tzur, comandante de las fuerzas desplegadas en ese sector, aseguró que sus tropas están en posición de conquistar, «si es necesario, todo el sur de Líbano, hasta el sur del Litani, en algunos días».

El gobierno israelí mantuvo por su parte el bloqueo aéreo y marítimo sobre Líbano, hasta la puesta en marcha de un mecanismo de control sobre el contrabando de armas.

Tras la aplicación del alto el fuego, se produjeron algunos incidentes aislados, como la muerte de al menos cuatro combatientes de Hezbollah.