Tributos dañan competitividad de la región

América Latina tiene indicadores para lucir. El año pasado, según la Cepal, la región creció 5,3%, un salto aun mayor al que se viene registrando desde que comenzó la recuperación en 2003. Y todo indica que este año continuarán las buenas nuevas. Hay consenso en que la región crecerá entre 4% y 5% en 2007. Al alza del Producto Interno Bruto puede sumársele el superávit creciente en la cuenta corriente de la balanza de pagos de la región, superávit fiscal, inflación bajo control y reducción en la deuda pública en varios países.

Loable, pero debajo de las cifras de la macroeconomía hay otros indicadores que se resisten a mostrar cambios. Por un lado, América Latina sigue teniendo la más desigual distribución de la riqueza del planeta -el 10% más rico se queda con el 48% del ingreso regional. Y, por el otro, continúa perdiendo posiciones en la carrera por la competitividad global. En el reciente estudio Global Competitiveness Report, elaborado por el Foro Económico Mundial, buena parte de los países latinoamericanos aparecen a la cola del ranking, cada vez más lejos de emergentes asiáticos como China e India.

¿Cuáles son los eslabones perdidos que impiden convertir los frutos del crecimiento económico en mayor equidad y competitividad en la región? Son varios, pero uno es clave: el deficiente sistema tributario de América Latina. Baja recaudación -con la excepción de Brasil-, altísima evasión, lobbies que presionan -y casi siempre logran– por exoneraciones y privilegios, esquemas regresivos que atentan contra la equidad y laberintos tributarios que ahuyentan inversiones conforman un cóctel peligroso para la región. Aun en medio de la bonanza macroeconómica, el paisaje tributario de América Latina va desde la asfixiante carga impositiva de Brasil hasta la escuálida recaudación de México y Guatemala, entre otros, pasando por los impuestos distorsivos en Argentina y Colombia, además de la larga lista de exoneraciones en Paraguay, Nicaragua, Perú y Costa Rica, por citar sólo algunos países.

Si bien hasta ahora la mayor actividad económica y los altos precios de las materias primas que exporta la región vienen empujando al alza la recaudación tributaria, se sabe que los ciclos positivos no son eternos. «La situación fiscal de muchos países de la región está descansando sobre los altos precios de los commodities», dice Manuel Agosin, profesor de la Universidad de Chile y asesor económico regional del BID. «Pero eso no dura y es por ello que hay que encarar las reformas necesarias ahora».

Algunos vientos de cambio ya están soplando. Con mayor o menor intensidad, Brasil, Colombia, Perú, Uruguay y México están encarando o están próximos a anunciar reformas en sus sistemas tributarios. Los cambios urgen. Según un reciente estudio del BID, los gobiernos centrales de la región sólo recaudaron en los primeros años de la actual década el equivalente al 13,2% del PIB, una proporción inferior a la mitad de los ingresos de los países centrales. Para los especialistas, hay dos razones principales que explican esta magra recaudación. En primer lugar, en los últimos años, la globalización empujó a los gobiernos a reducir las tasas impositivas aplicables a las empresas en un intento por atraer inversiones. En segundo término, los fuertes lobbies de algunos sectores empresariales a la hora de presionar por exoneraciones impositivas constituyen un freno para avanzar en un nivel de recaudación más razonable y en sintonía con el de los países más industrializados.

Exoneraciones para todos. Guatemala es un caso paradigmático. El país recauda sólo el equivalente al 10% del PIB, y en ese total el impuesto sobre la renta representa un porcentaje ínfimo. De hecho, poco tiempo después de ser establecido, el impuesto a las Empresas Mercantiles y Agropecuarias (IEMA) fue revocado en 2004 por el Tribunal Constitucional tras una acción judicial presentada por algunas organizaciones empresariales de Guatemala. «Hay lobbies muy fuertes que impiden avanzar», dice Agosin. Para el especialista, los dueños de las maquilas y de las zonas francas de América Central están en pugna con los empresarios medios y pequeños, y la relación de fuerzas se traduce en un sistema tributario desigual. (Gustavo Stok, América Economía)