Un caballo de Troya en la selva de Colombia

La «Operación Jaque» pasará a la historia como una de las operaciones de infiltración y engaño más limpias en la historia de la lucha de un Estado contra un grupo insurgente.

Sin un solo disparo, en las selvas del Guaviare, el Ejército les arrebató el miércoles a las FARC a 15 de los sus rehenes con más importancia política, por su condición de ciudadanos extranjeros, como la candidata presidencial franco-colombiana Ingrid Betancourt, a los tres contratistas estadounidenses, Marc Gonsalves, Keith Stansell y Thomas Howes, y a once militares y policías que, alguno de ellos, llevaban más de una década retenidos.

El golpe más importante contra esa guerrilla se empezó a tejer en mayo de 2007, cuando la fuga del subintendente John Frank Pinchao dio las primeras pistas de la zona por donde se movían los cautivos y de las estrategias de las Farc para evitar a las tropas.

La fase final se precipitó en abril pasado, cuando un grupo de inteligencia militar que desde diciembre estaba tras la pista de los guerrilleros que tenían en su poder a Ingrid logró penetrar el primer anillo de seguridad del frente primero de las FARC, encargado de los secuestrados al menos desde hace cuatro años.

La operación -que desde el primer momento fue coordinada por los comandantes de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla; y del Ejército, general Mario Montoya- fue avanzando hasta tal punto que dos hombres del más alto perfil en la inteligencia se ganaron la confianza del jefe de seguridad de «César», el «carcelero» mayor de las Farc y quien le respondía directamente al «Mono Jojoy». Para principios de mayo los infiltrados ya se movían sin problema en la zona de Tomachipán.

A mediados de junio, uno de los oficiales de inteligencia le presentó al Comandante del Ejército el plan de rescate.

Era, en palabras de una fuente que lo conoció de primera mano, «osado, peligroso y sin retorno», pero para el grupo de 15 militares que fue encargado de la tarea tenía un chance de nueve sobre diez de salir bien. Los infiltrados lograron, a través de un guerrillero de alto nivel cuya identidad no ha sido revelada, convencer a «César» de que era necesario mover a los secuestrados hacia el sitio donde estaba «Alfonso Cano», el nuevo jefe de las Farc. Lograron que unieran a tres grupos de secuestrados que estaban cada uno a 50 kilómetros y que el grupo entero se moviera otro tramo.

Además, consiguieron vender la idea de hacer el traslado en helicópteros de una ONG extranjera. La infiltración llegó al punto de que el propio «Cano», luego de ser consultado, dio vía libre para mover al grupo. Por eso los altos mandos decían que habían logrado infiltrar al propio secretariado.

El cinematográfico rescate se produjo pocos días después de que el gobierno hizo circular la versión de que dos delegados de los países europeos habían entrado a la zona donde estaría «Cano» para hablar del intercambio humanitario. Esa versión nunca fue confirmada oficialmente.

TROYANOS. A las 5 de la mañana del miércoles empezó la operación «Jaque», que bien pudo llamarse «Caballo de Troya» porque el engaño a la guerrilla, como el de los griegos a los troyanos, permitió que su enemigo la sorprendiera con un golpe de mano contundente.

Dos helicópteros rusos M-I pintados de blanco y rojo se internaron en las selvas de Tomachipán (Guaviare) a 62 kilómetros de San José.

Sólo uno aterrizó. En él iban 6 militares que durante semanas ensayaron cada detalle en una maqueta montada en la base de Tolemaida. El último ensayo fue el martes a las 12 de la noche. Si fallaban, el general Montoya daría la orden de pasar al Plan B: el cerco humanitario, para lo que estaba dispuesto un grupo de 40 hombres de las Fuerzas Especiales.

Para la misión fueron escogidos los mejores pilotos de la Aviación del Ejército. Mientras los militares volaban hacia el campamento disfrazados de delegados de una supuesta misión extranjera, para los secuestrados -según contaron varios de ellos- el día empezó como uno más. Otro más de los que sumaron años y décadas de cautiverio y padecimientos.

La novedad fue que el ruido de los helicópteros, que siempre anticipaba la orden de esconderse, esta vez no alteró a «César» y a «Gafas», los dos jefes guerrilleros encargados de su custodia.

Al rato vieron salir del helicóptero que aterrizó a unos personajes que la misma Ingrid llamó «surrealistas». Con chalecos que tenían insignias de una organización desconocida y camisetas con el rostro del Che Guevara, los hombres de la falsa ONG incluso sugirieron esposarlos y los obligaron a usar chaquetas blancas, porque supuestamente el sitio a donde se dirigían era tierra fría.

Eran las 13.15. Después, ya en pleno vuelo, pasó lo que Ingrid le contó al país y al mundo. Hubo un rápido movimiento tras el que los dos jefes de las Farc fueron totalmente reducidos. Los ensayos funcionaron perfectamente y los guerrilleros fueron dominados en menos de 40 segundos. Luego sonó una voz: «Somos el Ejército Nacional. Están libres».

Fueron 22 minutos y 13 segundos eternos que se rompieron cuando el oficial a cargo llamó al general Montoya y le dijo que iban rumbo a San José del Guaviare. Detrás volaba el otro helicóptero, en el que nueve militares bien armados y perfectamente entrenados iban preparados para lo que fuera. En tierra quedaron varios guerrilleros, que no entendieron lo que estaba pasando sino cuando sus rehenes se escaparon por el aire.