Un capitalismo de grandes empresas privadas guiado por el Estado uruguayo.

JORGE REBELLA

La negociación de aumentos en los salarios reales debería ir acompañada de aumentos en la productividad del trabajador, tanto en el sector público como en el privado, cuyos niveles son en general muy bajos en Uruguay, sostuvo la economista uruguaya Graciana del Castillo, Ph.D en economía internacional por la Universidad de Columbia. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, la entrevistada señaló su preocupación por el clima de negocios que sigue siendo poco favorable a la inversión, a lo que se suma un tipo de cambio poco competitivo y una inflación que se está disparando de la banda. A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Cómo evalúa la gestión económica de la administración de José Mujica?

-Coincido con varias ideas del Presidente que son fundamentales para la economía del país. Destaco especialmente su visión hacia el futuro que pone énfasis en la inversión e innovación tecnológica para que la producción uruguaya pueda competir en un mundo globalizado con productos de mayor valor agregado y que, por lo tanto, creen más empleo. En cambio, me preocupa la oposición a sus propuestas por parte de los sindicatos y de algunos sectores de su propio partido. La alta conflictividad laboral, que ha afectado a la inversión y a las exportaciones, está dando una pésima imagen de Uruguay en el exterior. Esto, y el hecho de que se sigue sin promover la inversión extranjera directa en forma consistente y enfocada, hace que sigamos sin poder atraer potenciales inversiones intensivas en mano de obra calificada y no calificada. Este es el tipo de inversión que el país necesita para avanzar en materia de inclusión social a través de mejores empleos.

-¿Qué ideas del Presidente le parecen más atendibles?

-Comparto plenamente con el Presidente la necesidad de lograr mayor justicia social y unidad nacional, así como su preocupación por mejorar los niveles de educación, tener infraestructura y fuentes de energía más adecuadas para potenciar el desarrollo económico y mejorar la seguridad pública. Coincido también con su preocupación por el respeto al medio ambiente, fundamental para la sostenibilidad del agro y el turismo.

Clima de negocios

-¿Es adecuado el clima de negocios existente en Uruguay ?

-De acuerdo con índices recientes así como entrevistas que he hecho en el último mes, el clima de negocios sigue siendo poco favorable a la inversión, a lo que se suma un tipo de cambio poco competitivo y una inflación que se está disparando de la banda. Es hora de que el Presidente les diga a los sindicatos, a los empresarios y a los funcionarios que se necesita lograr un compromiso a nivel nacional como lo han hecho tantos países, incluyendo a Holanda, Irlanda, México, para mejorar tanto el clima de negocios como la situación del trabajador. Es muy importante tener presente -y creo que Mujica lo tiene claro- que el capital hoy es sumamente móvil y, por tanto, hay que evitar que empresas uruguayas innovadoras y productivas del agro y la industria se vendan a inversores extranjeros y que sus ex propietarios se lleven el capital a otros países, como está sucediendo.

-¿Los mayores costos salariales no hacen poco atractiva a la inversión en Uruguay?

-La negociación de aumentos en los salarios reales debería ir acompañada de aumentos en la productividad del trabajador, tanto en el sector público como en el privado, cuyos niveles son en general muy bajos en Uruguay. A menudo los gremios demandan retribuciones más altas sin querer comprometerse a rendir más en su labor. Ese es el gran desafío del Uruguay, volverse más productivo y en el proceso aumentar los salarios y la justicia social.

Riesgos

-¿Qué riesgos enfrentará la economía uruguaya en 2011?

-Hay cuatro grandes riesgos externos. En primer término, existe la posibilidad, relativamente baja, de que los países avanzados vuelvan a entrar en recesión, o una chance más factible de que continúen registrando tasas de crecimiento sumamente bajas con alto desempleo. Segundo, si así fuera, habrá una caída sustancial de la demanda externa, que va a desacelerar la expansión económica de los países emergentes más pujantes y va a contagiar a otras economías más chicas. En tercer lugar, la denominada «guerra de divisas» se puede transformar en una guerra comercial debido a una creciente tendencia a la protección aduanera en los principales mercados. Por último, está el riesgo fiscal que presentan los países de la periferia europea debido a las serias dudas de que los gobiernos griego e irlandés puedan cumplir con los requisitos de ajuste fiscal que les exigen los programas de rescate de la Unión Europea y el Fondo Monetario. Además, existe cierto riesgo de una caída de la economía española, cuyas dimensiones equivalen a una vez y media la suma de los PIB de Grecia, Irlanda y Portugal.

-¿Y qué riesgos internos son perceptibles?

-Además del factor de conflictividad laboral, hay un desequilibrio de políticas macroeconómicas preocupante ya que no es explicable que haya una inflación del 7% anual con una moneda tan apreciada. Es factible que esa tendencia obedezca a un nivel excesivo de gasto público y, más aún, a la ineficiencia de dicho gasto, por un lado, y a la política monetaria, por el otro. Esto puede conducir a la creación de alguna burbuja, sobre todo en el sector inmobiliario que ya muestra señales de calentamiento excesivo.

-¿Qué indicador económico le preocupa más a nivel local?

-Más que indicadores macroeconómicos, me preocupa la autocomplacencia de los uruguayos con los logros del crecimiento de la economía. Se está midiendo la expansión del PIB a partir de 2003 que, evidentemente, exhibe una tendencia altamente ascendente, luego del colapso de la actividad económica en 2002 y la macrodevaluación subsiguiente. Pero, lo que realmente importa es observar la evolución de la economía local desde 1998, año en que el país entró en recesión. Comparando simplemente el final y principio de este período, Uruguay sólo creció un 30% en dólares, lo cual no es demasiado positivo dada la fuerte depreciación del dólar en esos años. En cambio, el PIB de otros países de la región como Colombia y Perú, para mencionar sólo dos, se han incrementado en más de 120% en el mismo lapso. Incluso, en términos per cápita, partiendo de US$ 2.000 menos que Uruguay en 1998, Chile ahora nos ha alcanzado. En otras palabras, seguimos perdiendo posiciones frente a nuestros vecinos, en parte porque seguimos perdiendo competitividad en términos relativos, como claramente indican el Índice de Competitividad Internacional y el Doing Business Project del Banco Mundial. La brecha creciente en la educación entre escuelas privadas y públicas, junto con una sociedad uruguaya envejecida hace que las perspectivas económicas a mediano y largo plazo no sean halagüeñas, ni que vaya a ser fácil mejorar la brecha social existente.

Apreciación del peso

-¿En qué medida la política de expansión monetaria de Estados Unidos va a afectar el crecimiento económico de los países emergentes y, en particular, el de Uruguay?

-Sin duda será difícil para el gobierno de Obama lidiar con los problemas del déficit fiscal y del endeudamiento, de los cuales sólo va a poder salir licuando la deuda al mejor estilo latinoamericano. Por lo tanto, habrá presión para que el dólar se deprecie significativamente. En cuánto se devaluará va a depender de lo que pase en otras economías, sobre todo la europea, y de la incertidumbre a nivel mundial, que lleva a que muchos inversores con aversión al riesgo, prefieran invertir en bonos del tesoro americano a pesar del poco rendimiento.

-Entonces, ¿es inevitable la apreciación de las monedas de la región?

-Es muy poco lo que pueden hacer los gobiernos de Brasil, Uruguay, Chile, etc. para evitar la apreciación de sus monedas a medida que se deprecia el dólar. Por ejemplo, el gobierno brasileño aplica un impuesto al ingreso de capitales extranjeros para evitar un mayor fortalecimiento del real, pero los capitales siguen entrando atraídos por tasas de interés entre las más altas del mundo. En el corto plazo, Uruguay podría intentar la solución colombiana, que consiste en una política de promoción intensa de importación de bienes de capital mediante el otorgamiento de beneficios fiscales, créditos preferenciales, etc. Tal estrategia fomentaría la salida de capitales que evitaría parte de la apreciación sobre el tipo de cambio al ser menor la entrada neta de dólares. Al mismo tiempo, dicha política llevaría a un aumento de la inversión y de la productividad de la economía, que es clave para el desarrollo de la economía nacional.

Reforma del Estado

-¿Cómo se podría mejorar la eficiencia de la administración estatal?

-Participé en la elaboración de dos estudios que el BID le dio al Dr. Tabaré Vázquez al asumir la Presidencia en 2005: uno sobre competitividad y otro sobre el clima de negocios que mencioné anteriormente. En este último, confeccioné una matriz con todos los temas referidos a la reforma del Estado que eran posibles de implementar con modificaciones mínimas de carácter legal y que podían tener un impacto positivo a corto plazo. Algunos se han llevado a cabo, sobre todo en el área fiscal y de financiamiento, y se han acelerado algunos trámites. Muchos de los temas propuestos continúan pendientes, incluyendo trabas a nivel estatal, la ineficiencia del sector público, problemas de infraestructura, etc.

-El Parlamento ha comenzado a estudiar un proyecto de ley para la creación de contratos, conocidos como participaciones público-privadas (PPP), que buscan facilitar el desarrollo de las infraestructuras que nuestro país tiene pendientes. ¿Qué ventajas tendría la implantación de esa modelidad de negocios?

-Los PPP se vienen utilizando desde hace años en el mundo. En 2003 hice otro estudio para el BID junto con Charles Frank, un experto internacional en esta temática, analizando distintas experiencias de PPP en diversos países latinoamericanos y del mundo. En Uruguay se comenzó a analizar la factibilidad de los PPP en 2005, pero luego de transcurridos cinco años aún no se ha logrado un consenso al respecto, lo que es preocupante. Esto indica que las reformas se mueven a un ritmo que no condice con la velocidad de los cambios que ocurren en un mundo globalizado. Entonces, no debería sorprendernos que Portucel, por ejemplo, desista de realizar una inversión enorme en nuestro país por falta de la necesaria infraestructura vial y portuaria.