Un nuevo orden toma lugar en la estética oficial

Mientras los nuevos diputados realizan un curso acelerado para desempeñar su papel, Mirtha Legrand asiste a la ceremonia robándose los flashes y los fotógrafos de prensa no tienen más remedio que usar corbata durante la cobertura en el edificio Independencia.

La figura sin dudas más emblemática en este cambio de imagen le corresponde al propio presidente de la Asamblea General en oportunidad de la asunción del nuevo parlamento. José Mujica, ataviado con una sencilla campera azul con cierre, se hizo cargo de la conducción de la ceremonia menos formal de que se tenga memoria. Igual atuendo eligió para recibir a Tabaré Vázquez y Rodolfo Nin en la tarde de ayer.

Vázquez, serio y sereno, casi con aspecto de primera comunión, con traje azul y peinado impecables, cumplió con lo esperado; la nota de cambio no estuvo en su imagen sino en la movilización que su asunción provocó en la ciudad y en el país.

Entre el 15 de febrero y el 1º de marzo el ambiente estético distendido en territorio de gobierno se mantuvo, aunque ciertas diferencias fueron visibles. La invitación exigía vestimenta de cóctel a las mujeres y cada una lo interpretó a su manera. Desde el atuendo notoriamente cuidado de María Julia Muñoz –vistiendo un trajecito de llamativo verde al que no le faltó ni la flor en la solapa– al sencillísimo blanco y azul sin maquillaje con que Lucía Topolansky ascendió a senadora, la tarde no escatimó en variantes.

Muñoz le ganó el cetro a la siempre destacable Beatriz Argimón, que lleva el blanco –como helado de limón– a todas sus presentaciones oficiales. Ayer, vestida con el albo de su preferencia, su figura era distinguible desde temprano cada vez que las cintas que pendían de las hebillas en los puños de su chaqueta se movían entre las bancas de diputados. Sin embargo, en esta oportunidad el blanco tampoco fue exclusivo de la diputada.

El color se constituyó como el elegido por excelencia; desde la esposa de Vázquez hasta la mismísima Legrand lo lucieron en sus ropas. La argentina, tal vez la nota –por lo curioso– más divertida de la tarde, atravesó el Salón de los Pasos Perdidos con la solvencia que la caracteriza. Lentes oscuros enormes que no se quitó nunca, paso firme y sonrisa de diva acompañaron su ingreso, vestida con el estilo que usa cuando no está trabajando, mucho más fresco y juvenil que en sus presentaciones televisivas. Mirtha selló con su presencia inaudita una afinidad que había comenzado cuando el actual presidente, durante la campaña, ocupó un lugar en el almuerzo de la Legrand en Buenos Aires. En esa oportunidad la preferencia de la estrella por el entonces candidato de izquierda quedó evidente, gesto que Vázquez devolvió en formato de invitación.

Los asistentes sin cargo ni título eligieron un arreglo apenas formal. La sencillez primó también en los legisladores. Las mujeres sustituyeron los colores vivos de la asunción parlamentaria –Daisy Tournée cambió el amarillo por el negro– por tonos más sobrios, incluso Marina Arismendi le bajó un par de tonos al rojo de su chaqueta. Nora Castro usó un tailleur celeste con pantalones y Susana Dalmás mantuvo su elegante discreción característica, todo en un tono por demás sencillo.

El atuendo de María Auxiliadora Delgado, que inspiró más de un comentario de intriga en las jornadas previas, finalmente quedó develado. La esposa del presidente se hizo presente con un muy sentador trajecito blanco que una vuelta de perlas al cuello completaba a la perfección. El mismo color y estilo eligió la esposa de Nin, Marta Ponce.

La primera dama argentina, Cristina Kirchner optó por similar combinación aunque con una chaqueta labrada en una versión bastante más impactante y ceñida, de acuerdo con su estilo y nacionalidad. La senadora, ubicada junto a la princesa Letizia de Asturias en el Parlamento, derrochó presencia.

Letizia, ultradelgada, con el pelo suelto y el cuello despejado, fue una de las pocas que se animaron al color, luciendo una delicada combinación en tonos rosa. La chaqueta de raso, de excelente corte y con presillas en los puños, fue la estrella del atuendo.

Los hombres, más previsibles, eligieron tonos oscuros y se diferenciaron por la corbata, generalmente en tonos vivos y brillantes. En elegancia, Luis Alberto Lacalle, Mariano Arana y Danilo Astori se llevaron los premios en el cuidado puntilloso de sus trajes, cosa que no llama la atención. Por otra parte, la elección de Mujica para su vestimenta formal –camisa y pantalón en tono neutro– fue seguida por Luis Rosadilla, que eligió el beige de la cabeza a los pies.

Fernández Huidobro incorporó en esta ocasión la corbata que había descartado cuando asumió como senador. El príncipe Eduardo de Inglaterra, que llegó sin consorte, se animó a incursionar en tonos más atrevidos. Su corbata, estampada con vaquitas, fue tal vez un deseo de buenos augurios para el nuevo gobierno que sacude el molde oficial.